Haití: El rostro de la Nueva Era de Tinieblas | LaRouche Political Action Committee

Haití: El rostro de la Nueva Era de Tinieblas



23 de febrero de 2010 (LPAC).— No fue un "desastre natural" lo que golpeó fuertemente a Haití el 12 de enero. El terremoto de nivel 7 en la escala de Richter, que golpeó ese día casi arrasó con la nación debido a que las décadas de saqueo bajo las políticas económicas del sistema británica habían ya dejado al país totalmente vulnerable a un suceso como ese. Haití era un holocausto en espera de que sucediera.

El Banco Interamericano de desarrollo (BID) acaba de publicar un estudio que describe al terremoto de Haití como el peor desastre en la historia moderna, "el acontecimiento más destructivo que nunca país alguno haya experimentado, si se mide en términos de la cantidad de personas muertas como parte de la población de una nación. Causó cinco veces más muertes por cada millón de habitantes que el segundo asesino natural de la lista, el terremoto de Nicaragua de 1972". Según el Presidente de Haití, René Preval, alrededor de 300,000 haitianos murieron como resultado directo del terremoto, de un total de población de 10 millones de personas, o sea, el 3% de la población.

Antes del terremoto, el 80% de los haitianos vivían en pobreza ínfima. Como el 75% de la capital de país, Puerto Príncipe, fue destruido por el terremoto, dejando más o menos un millón y medio de personas actualmente sin casa. Solo 270,000 personas de estas tienen tiendas de campaña o una manta de plástico muy delgado para protegerse de las lluvias, que ya comenzaron a caer. Fuertes chaparrones pueden comenzar a finales de este mes o en marzo, cuando llegue la estación de las lluvias. Después de eso, Haití se enfrenta a la estación de los huracanes de octubre a noviembre.

Puerto Príncipe se ubica en el centro de un área de inundación, rodeado por montañas altas ausentes de árboles, puesto que la madera es casi la única fuente de energía para la empobrecida población, a la cual le ha sido negado el desarrollo industrial. Los residentes corren un alto riesgo ante las inundaciones repentinas, los deslaves, y las enfermedades que se trasmiten en el agua como la tifoidea, la malaria, el cólera y el dengue. Lo que empeora todo, advierten los funcionarios de salubridad, es el hecho que de la acumulación de desechos humanos está creando condiciones para grandes brotes de epidemias.

El periódico Boston Globe del 20 de febrero cita al ex director del Centro Internacional de Huracanes de la Universidad Internacional de Florida, Stephen Leatherman: "Ahora mismo son como un blanco fácil. Con la lluvia, todo se va a poner peor". Leatherman ha exhortado a los funcionarios haitianos que consideren la reubicación de la capital a otro lugar del país, en vista de que si otro desastre natural llega a golpear a Puerto Príncipe, "se quedan sin gobierno. Y sin gobierno, tendrán un caos total".

El New York Times del 20 de febrero citó al doctor Ian Greenwald de la Universidad Duke, quien estuvo recientemente en Haití: "Estamos viendo la formación de las condiciones necesarias para la propagación de gravísimas enfermedades diarreicas en un lugar en donde el sistema de salud está colapsado y sin un sistema de alcantarillado que funcione, para empezar".

El artículo del Times continua describiendo el sórdido espectáculo:

" 'Los cerdos haitianos viven mejor que nosotros', dice Dora Nadege, de 28 años, mientras camina en dirección a su tienda de campaña... 'Cuando lleguen las lluvias, tendremos suerte si no nos hundimos en nuestros propios excrementos...'

"Haití, una nación de 10 millones de personas, no tiene una sola planta de tratamiento de aguas. A menudo, los camiones simplemente llevan los desperdicios al basurero de Troutier que queda cerca de los barrios pobres de la Ciudad de Soleil a las márgenes de esta ciudad... Una comunidad de paracaidistas de una docena de familias, incluyendo algunos recién llegados cuyos hogares fueron destruidos por el terremoto, trata de sobrevivir a duras penas buscando entre la basura en este sitio. 'Aquí podemos encontrar comida, y algunas veces madera para cocinar', dice Mackinson Charles de 14 años de edad, quien merodea alrededor de las piscinas de desperdicios con su hermano Mickenson de 12 años de edad, un día de esta semana mientras caía el crepúsculo de la tarde. Los acompañaban otros cuatro niños, incluyendo a dos de ellos que estaban descalzos. 'Aquí es donde vivimos', dijo Mackinson".