Los verdaderos autores del 11-S todavía andan sueltos | LaRouche Political Action Committee

Los verdaderos autores del 11-S todavía andan sueltos



2 de mayo del 2011 — Pese al hecho de que Fuerzas Especiales de Estados Unidos mataron a Osama Bin-Laden, los verdaderos autores de los ataques del 11 de septiembre del 2001 todavía andan a la fuga. En los casi 10 años desde los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, ha salido evidencia significativa de que detrás de los ataques fulminantes estuvo un aparato anglosaudita a un nivel mucho más alto, vinculado al infame acuerdo "Al Yamamah" de tráfico de armas por petróleo, y que la intención era la de darle al nuevo gobierno de George W. Bush el pretexto de un "incendio del Reichstag" para hacer pedazos la Constitución de Estados Unidos y establecer una dictadura de guerra en Estados Unidos.

El príncipe de Arabia Saudita, Bandar bin-Sultan, entonces embajador saudí en los Estados Unidos, recibió pagos de cuando menos $2 mil millones de dólares del fondo de sobornos creado por el acuerdo "Al Yamamah", por su papel central en cerrar un negocio entre BAE Systems de Inglaterra y el Ministro de Defensa saudí a principios de 1985. El dinero se transfirió de cuentas de la BAE en el Banco de Inglaterra a cuentas de la embajada en el Riggs National Bank de Washington, DC. Asimismo, se demostró luego que les fueron entregados entre 50 y 70 mil dólares de ese dinero a cuando menos dos de los secuestradores del 11-S, Nawaf Alhazmi y Khalid Almmihdhar, a través de Osama Basnan y Omar el-Bayoumi, funcionarios de inteligencia saudís que operaban en el área de San Diego, California.

Cuando los investigadores del Senado norteamericano que indagaron los ataques del 11-S se toparon con la evidencia de los pagos de Bandar a los terroristas, la sección del informe del Senado de 28 páginas, con los detalles de dichos vínculos, fue censurada por la Casa Blanca de Bush y, hasta la fecha, esos detalles han quedado sepultados bajo el falso pretexto de la seguridad nacional. Bush ya había quedado al descubierto por sus vínculos a la familia de Bin Laden, cuando permitió que un avión lleno de saudís, entre ellos varios miembros prominentes de la familia Bin Laden, saliera de Estados Unidos en los días inmediatos a los ataques del 11-S, en momentos en los que no se permitía ningún avión civil sobre el espacio aéreo estadounidense.

Los dos copresidentes del Comité de Inteligencia del Senado, Robert Graham (demócrata de Florida) y Richard Shelby (republicano de Alabama) denunciaron abiertamente al FBI por encubrir la "pista del dinero del 911", en referencia directa a las secciones censuradas del informe del Comité que tenían que ver con Bandar. Más adelante salió a la luz que los dos secuestradores radicados en San Diego, que recibieron el dinero de Bandar, vivían en el hogar de un informante del FBI. El FBI se negó a permitir que los investigadores del Senado entrevistaran al informante del FBI o a los agentes del FBI que manejaron su caso.

Las advertencias de LaRouche

En enero del 2001, nueve meses antes de los ataques del 11-S, Lyndon LaRouche había advertido, en un testimonio ante el Senado de los Estados Unidos en contra de la confirmación de John Ashcroft como Procurador General de los Estados Unidos, que el gobierno entrante de Bush buscaría la oportunidad de imponer una dictadura en Estados Unidos, utilizando el pretexto de un acontecimiento terrorista como justificación de sus acciones. En las semanas anteriores a los ataques del 11-S, circuló una declaración de LaRouche, en forma de volante de distribución masiva, con la advertencia de una inminente desestabilización terrorista en Estados Unidos.

El 11 de septiembre del 2001, cuando los aviones se estrellaban contra las torres gemelas del World Trade Center y el Pentágono, LaRouche fue entrevistado por el locutor de radio de Salt Lake City, Jack Stockwell. Sus señalamientos iniciales conforme se daban los acontecimientos fueron contundentes.

LaRouche advirtió, al mismo tiempo que se difundían las noticias, que todo el ataque sería atribuido a Osama Bin-Laden, y dijo a Stockwell que "Osama bin Laden es una entidad controlada. Osama bin Laden no es una fuerza independiente. Recuerda como nació. Osama bin Laden era un acaudalado árabe saudí. En los setenta, durante el gobierno de Carter, o debiéramos decir el gobierno de Brzezinski, éste cocinó la idea de conducir una guerra en Afganistán, en la frontera del territorio soviético, como operación geopolítica

"Y de repente nos encontramos ahora con que Osama bin Laden se convierte en el nombre. Y Osama bin Laden no podría durar, del modo en que anda por ahí, si no tuviese una gran protección. Y no sólo de una sección del gobierno paquistaní o de Afganistán. Es de otros gobiernos a los que les gustaría ver los efectos que produce Osama bin Laden suelto por ahí.

"Así que ahora se puede culpar a Osama bin Laden. En algún momento, van y lo matan y dicen que el problema está resuelto. Pero nunca se consideró quién lo envió, quien creó a Osama bin Laden y quién lo protegió y desplegó sus fuerzas y su nombre con estos propósitos... Entonces, en un caso como éstos, no hay que suponer que los nombres populares que todo el mundo conoce, o que el FBI cita y demás, que ése sea el verdadero problema. Pueden ser parte del problema...

"Pero estamos entrando en un período en el que la palabra no es terrorismo. El terrorismo es parte del cuadro. La palabra es 'desestabilización'. El problema en parte, desde mi punto de vista, es que... Mira a nuestro propio gobierno".

A la pregunta de Stockwell sobre lo que debiera hacerse como respuesta a los ataques en marcha, LaRouche respondió:

"Estados Unidos necesita un Franklin Roosevelt, que diga que no tenemos nada que temer tanto como al miedo mismo. Sí, hay cosas a las que hay que temer, pero nada como al miedo mismo. Nada como al mismo pánico. Este es un momento de mantener la serenidad. Las guerras no se ganan con pánico, lanzándose a lo loco. Lo que temo de esta Casa Blanca es que, por su propia debilidad, tienda a atacar a lo loco.

"De hecho, George W. Bush no es precisamente un veterano de combate. Así que, no hay que esperar de él... Es decir, puede ser que haya estado en la Guardia Nacional, en Texas, pero no es el tipo de persona que uno quisiera que estuviese al mando de una unidad militar importante en tiempo de guerra. Uno quisiera a alguien con aplomo. En tiempo de guerra uno quisiera a los MacArthur. Quisiera uno comandantes de ésos. Quisiera uno líderes de ésos, que no se les fundan los fusibles, ni siquiera frente a las penalidades más horribles, que no pierdan el dominio de sí mismos. Me temo que en Washington algunos se van a alborozar y a tener fantasías sexuales de pérdida del dominio propio. Van a sacar alguna película de horror favorita y a tratar de actuarla como si fuera un guión...

"Bueno, los Estados Unidos, antes que nada, el presidente de los Estados Unidos, o alguien que esté próximo a él y que sea inteligente, debería llamar de inmediato al presidente Putin de Rusia. Y entre los dos, deberían hablarle a todos los líderes decisivos, en Francia, Alemania, Italia y demás. Japón también. Meter a los chinos en esto. Los chinos tendrán su propia reacción, pero hay que meterlos en esto. Mediante un grupo de líderes.

"Y explicar: Pasó esto en los Estados Unidos. 'Todos ustedes saben lo que significa esto. Metamos esto, este genio, de nuevo a la botella'. Eso es lo que se tiene que hacer.

"Luego, hay que explicarle al pueblo estadounidense lo que se está haciendo. Decirle: 'No vamos a permitir que siga este tipo de situación, que obviamente tiene raíces. Nosotros y otras naciones vamos a cooperar para superar esto.' Eso es lo que el pueblo estadounidense tiene que oír del presidente o de alguien de su entorno, o de otro que esté a cargo. Quizás Don Rumsfeld, quizá Powell. Colin Powell sería la persona indicada para trasmitir ese mensaje. Pero alguien tiene que transmitir ese mensaje ahora mismo...

"Putin aceptaría una llamada de Bush, por supuesto. Bush, digamos que llame y ponga a la persona adecuada al teléfono, que diga que llama en su nombre. Todavía es de día en Moscú, o está por caer la noche; hay diez horas de diferencia. Así que hay que llamarlo ahora mismo. Y llamar a las personas pertinentes de Alemania, Francia, alguien en Londres, no sé si el idiota primer ministro es bueno para nada, pero en fin. E Italia, y Japón. Y China. Y algunos otros países. Hay que consultar con ellos. Hay que establecer un mecanismo de consultas. Y decir que vamos a detener esto ahora. Eso es lo que se requiere.

"Mira, el presidente de los Estados Unidos tiene, constitucionalmente, ciertas facultades de emergencia inherentes. Yo en verdad no declararía una emergencia nacional; probablemente sería un error hacerlo, porque activaría lo indebido. Pero usaría las facultades de emergencia del presidente y usaría la persona de George W. Bush. Es el presidente, al fin y al cabo. Olvídense de cómo llegó ahí. Es el presidente. Como presidente, tiene que entablar una discusión de emergencia con líderes prominentes de otras naciones, y tratar de llevar a la comunidad mundial más o menos a un acuerdo, pero rápidamente, y luego informarle al pueblo estadounidense de ese acuerdo. Preferiblemente, en cuestión de horas...

"Todo lo que tiene que hacer... No tiene que ser un genio. Todo lo que tiene que hacer es llamar a Putin. Y estoy seguro que obtendría la cooperación de Putin y, con esa base, si esas dos potencias, que son las antiguas superpotencias, llegan a un acuerdo para reunir a otras naciones en un proceso consultivo, lo que vamos a hacer para detener esto ahora mismo, para asegurar que la situación no se salga de cauce...

"Alguien quiere que esto se salga de control. Por eso hacen esto. Esto no es un ataque; es una provocación. Es una provocación con un motivo: crear una reacción programada de las instituciones de los Estados Unidos. No se trata de un menso con turbante en algún lugar del mundo, que trata de cobrar venganza por lo que ocurre en el Oriente Medio. Esto es algo diferente.

"Lo que viene es lo que va a venir en los próximos días, las próximas horas. Si el presidente de los Estados Unidos, con el respaldo del pueblo, comete sus propios errores, el mundo se va a ir al infierno. Ese es el obstáculo que tenemos que librar. Si al presidente de Estados Unidos y a quienes lo rodean los domina el pánico y responden a esto como lo indican algunos de los informes de prensa que he oído hasta ahora, entonces este mundo se va ir al infierno. Por lo tanto, nos tenemos que preocupar de las próximas horas"

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