Solo un sistema bancario dual y un nuevo marco alemán puede garantizar la supervivencia de la humanidad: Helga Zepp-LaRouche

Solo un sistema bancario dual y un nuevo marco alemán puede garantizar la supervivencia de la humanidad: Helga Zepp-LaRouche

por Helga Zepp-LaRouche

10 de diciembre de 2011

La Cumbre de la Unión Europea del 8 y 9 de diciembre produjo una monstruosidad más abominable de lo que ya era la política de la UE: no hizo nada por disminuir el riesgo del derrumbe del euro ni de las quiebras bancarias. Un límite de deuda, control presupuestario por parte de la Comisión Europea, sanciones más duras contra los violadores del déficit, "más Europa", pérdida de soberanía y democracia, miseria económica, y un futuro sin esperanza para millones de personas: ese es el resultado espantoso de la estrategia "Merkozy". La amenaza de derrumbe del sistema financiero transatlántico sigue siendo aguda.

La única oportunidad para las naciones y los pueblos de Europa es la introducción inmediata de un sistema bancario dual, junto con la restauración de la soberanía sobre las monedas y economías nacionales. Se deben separar a los bancos comerciales de los bancos de inversión, siguiendo el ejemplo de la Ley Glass-Steagall de Franklin D. Roosevelt. Los bancos comerciales se deben colocar bajo protección estatal y se les debe proporcionar nuevas líneas de crédito, mientras que la porción de la deuda que proviene de los paquetes de rescates a los bancos, el tráfico de derivados, los fondos especulativos, entidades especulativas especiales y la banca fantasma, se deberán eliminar o suspender.

Se debe rechazar el argumento de que esta medida causará que muchos inversionistas pierdan sus ganancias en toda la gama de los "productos financieros creativos", porque ese dinero ya está perdido: el sistema está en bancarrota. Si las instituciones en las que están depositados esos valores están insolventes, entonces esos valores ya no valen nada, y el intento de posponer la quiebra por medio de más trucos, tales como el "apalancamiento" de las inversiones en esos fondos especulativos u otros métodos para la multiplicación milagrosa de dinero, sólo significará que la hiperinflación destruirá los ahorros de vida de la población de toda Europa. La consecuencia inevitable será una catástrofe social y el caos.

La intención detrás del argumento que han estado circulando los banqueros y los promotores de la Unión Europea desde hace tiempo, en el sentido de que todo esto no tiene nada que ver con una crisis bancaria sino que se trata de una crisis de deuda soberana, es un intento no sólo de desviar la atención del hecho de que la culpa de que haya deudas soberanas son los rescates bancarios y toda la política basada en la ganancia monetarista máxima; ese argumento también se usa como racionalización para continuar con la especulación de alto riego. La medicina prescrita —reducir el déficit presupuestario y crear un límite legal a la deuda en la Constitución— está dirigida a matar al paciente mucho más rápido. Las políticas de austeridad del canciller Brüning crearon las condiciones sociales bien conocidas bajo las cuales los nazis pudieron tomar el poder.

El desdichado caso de Grecia muestra las consecuencias de las políticas de austeridad brutales de la Troika (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, y la Comisión de la UE): las compañías farmacéuticas ya no proveen medicamentos a los enfermos graves, porque los hospitales no pueden pagar las facturas, y los padres están llevando a sus hijos a las Aldeas Infantiles SOS, porque ya no los pueden alimentar. Millones de personas, y especialmente varios millones de jóvenes en los países del sur de Europa, están desempleados y sin esperanza para el futuro.

Es incomprensible además de dónde saca el optimismo "Merkcozy" para creer que se podrá aplicar el viejo Pacto de Estabilidad en una situación económica mucho peor, dado que ya dejó en bancarrota a casi todos los gobiernos. La entrega de los derechos de los parlamentos para legislar sobre presupuesto a la desalmada Comisión de la UE, que ahora se supone tiene el derecho a revisar las propuestas sobre presupuesto y corregirlas —es decir, a recortarlos más— tiende a hacer innecesarias las elecciones, porque la política económica ya no se decide por la distribución de las bancas en los parlamentos, sino por tecnócratas tramposos de la UE a quienes nadie ha elegido, y que no le tienen que rendir cuentas a nadie. Las sanciones automáticas para los violadores y los castigos por parte de la Corte de Justicia de la UE crearán un clima en Europa en el cual la enemistad y el rencor ya en aumento no conocerán límites.

¿Y cómo se supone que los ciudadanos confiarán en los gobiernos que a cada rato se burlan de las normas que ellos mismos han creado, gobiernos que axiomáticamente creen que los tratados sólo se pueden llevar a cabo por detrás de las espaldas de sus propios ciudadanos, y que inventan los sofismos legales más exóticos, todo para apuntalar un sistema en el cual todo está permitido, en tanto y en cuanto los mercados —¡tan sensibles ellos!— no se pongan "nerviosos"? Dado que el Tratado de Lisboa solo puede reformarse si lo acuerdan todos los miembros, resulta sin embargo que Gran Bretaña se acaba de retirar, y se acordó precipitadamente crear un tratado nuevo entre los gobiernos que operan "fuera" del tratado existente, y que cambia el artículo 126 del Tratado de Funcionamiento de la UE, sin cambiar el Tratado de Lisboa directamente.

Esto nos conduce a la única cuestión positiva de la reunión de la UE: la negativa del primer ministro británico David Cameron a someterse a los dictados de la Comisión de la UE, y por lo tanto su rechazo a un impuesto a las transacciones y a los requisitos de Basilea III, ha abierto seriamente la posibilidad de que Gran Bretaña ceda ante las presiones de los críticos del euro, y se retire totalmente de la UE. El verdadero motivo de las acciones de Cameron, por supuesto, fue el deseo de la City de Londres [el centro financiero del imperio] de tomar distancia del continente, lo más lejos posible, en vista del inminente derrumbe del euro. Pero a pesar de esto, la salida de la "pérfida Albión", sería una corrección del error de Pompidou, un error por el cual Europa continental ha pagado caro desde entonces. Y una vez que un país le haya dado la espalda al monstruo de la UE, la presa se habrá resquebrajado, y otras naciones encontrarán el valor para sacar sus propias conclusiones del hecho de que no pueden proteger los intereses vitales de su población si continúan dentro de la UE.

El primer paso debe ser reconocer que el euro fue una construcción fallida desde sus inicios, que no podría funcionar, y que se ha derrumbado irrevocablemente. Se deberá instituir un sistema bancario dual, junto con la vuelta a las monedas nacionales, porque sólo la soberanía de cada país sobre su propia política económica permitirá adoptar las medidas adecuadas para cada país. Se deberá establecer tipos de cambio fijos entre las diferentes monedas, para poder proteger la cooperación a largo plazo para proyectos internacionales, y deberá prohibirse la especulación entre las monedas.

En vez de unirse a un juego altamente volátil de cercar a Rusia y China, como el que han estado jugando la OTAN y Europa desde el derrumbe de la Unión Soviética, y en vez de mantener un silencio histéricamente sobre los obvios planes de guerra contra Siria e Irán, cuyas consecuencias apocalípticas deberían ser claras para todo el mundo, Alemania debe decidirse sobre una política exterior soberana que vaya en su propio interés.

Mientras que Rusia, China, India y otras naciones asiáticas continúen económicamente estables relativamente, y no se dejen arrastrar por los efectos del colapso global de la crisis, representarán amplios mercados para Alemania y otras naciones europeas soberanas; además, una perspectiva a 50 a 100 años de desarrollo ofrece grandes oportunidades especialmente para nuestras pequeñas y medianas industrias privadas (conocidas como Mittelstand). Alemania simplemente debe retomar la política industrial que tenía durante la era de la reconstrucción de posguerra de 1945, una política orientada hacia el progreso científico y tecnológico, y altas densidades de flujo energético.

En lugar de tolerar pasivamente los obvios intentos de desestabilizar la próxima presidencia de Putin por medio de una "revolución naranja" à la Soros y Gorbachov, y de ese modo ayudar a crear una imagen enemiga para la Tercera Guerra Mundial, Alemania debe procurar su propia seguridad en materias primas y energía, y debe cooperar con las naciones de Asia en abrir conjuntamente Siberia y la región del Ártico.

Se necesitan urgentemente las capacidades tecnológicas de las Mittelstand alemanas para desarrollar la Siberia rusa y las regiones interiores de China, como también para acabar con la escandalosa pobreza en la cual vive el 70% de la población india. Estas naciones, por su parte, se han lanzado al vuelo espacial tripulado con el mismo espíritu pionero que nosotros, los alemanes, alguna vez tuvimos, y hacia los avances científicos para entender mejor y de manera más profunda dominando las leyes del universo.

Ya es tiempo de que nos unamos en el abordaje de los grandes asuntos de interés común de la humanidad. La estructura imperial, como en la que se ha convertido la actual Unión Europea, que la gente percibe cada vez más como un mecanismo de opresión que no ha contribuido a la paz en Europa, sino a la enemistad entre los pueblos, y a la hostilidad hacia Alemania, tal estructura debe ser abolida.

La Unión Fiscal planeada ya está violando los principios delineados en el llamado Fallo de Lisboa, de la Corte Constitucional de Alemania. Por lo tanto, exigimos un referéndum sobre si Alemania debe continuar o dejar la Unión Europea y el euro, y además sobre si hay que introducir un nuevo marco alemán.

Hay poco tiempo. El peligro de un derrumbe bancario, y de la guerra, requiere que actuemos rápidamente. Para alejar a Europa de una catástrofe existencial, es esencial la instauración inmediata de un sistema bancario dual, y la recuperación de la soberanía sobre nuestra moneda y economía. Debemos movilizar ahora mismo, los poderes culturales y espirituales que nos permitirán convertirnos en un pueblo de pensadores, poetas e inventores.

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