LaRouche: El fraude del calentamiento global es para la cristiandad un tema existencial | LaRouche Political Action Committee

LaRouche: El fraude del calentamiento global es para la cristiandad un tema existencial



LaRouche: El fraude del calentamiento global es para la cristiandad un tema existencial

Lyndon LaRouche caracterizó la reciente conferencia sobre el Cambio Climático en el Vaticano, como el acontecimiento más importante en el patrón de oposición al fraude del calentamiento global a nivel internacional.

LaRouche subrayó que el razonamiento epistemológico específico que planteó en la conferencia el cardenal Renato Martino, es fundamental, en tanto que pone de relieve una concepción del hombre basada en la noción de la inmortalidad del alma humana, que refleja un compromiso generacional múltiple con las generaciones precedentes y futuras.

LaRouche enfatizó que la generación de los sesentayocheros, que en general apoyan el fraude del calentamiento global, odian este concepto del hombre.

Los sesentayocheros, como generación, no le tienen lealtad ni a sus padres ni a sus propios hijos. No tienen un sentido de inmortalidad, ningún sentido claro de vida intelectual y no creen en una verdad universal.

En contraste, las generaciones más viejas tienden a definir el significado de sus vidas en estos términos.

El hecho de que el Vaticano haya organizado la conferencia e intervenido de la manera específica en que lo hizo epistemológicamente, dijo LaRouche, refleja una conciencia de su parte de que el fraude del calentamiento global representa una cuestión existencial para el propio cristianismo.

La importancia de los comentarios de LaRouche se pueden ver claramente en las citas que siguen del discurso de clausura del cardenal Renato Martino.

Cardenal Renato Martino. Citas del discurso de clausura de la conferencia de Justicia et Pax sobre Cambio Climático el 26 y 27 de abril.

Ha surgido información indisputable de que los cambios climáticos son un hecho, como también es un hecho el calentamiento atmosférico. Expresando consideración y atención a estos hechos, el Consejo Pontificio Justicia et Pax manifiesta su confianza y su aliento a la comunidad científica para que continúe su muy preciado trabajo, orientado a un entendimiento adecuado y una clarificación iluminadora de las causas del origen de dicho fenómeno complejo. Expresa asimismo confianza y estímulo a las instituciones políticas nacionales e internacionales para que implementen políticas de desarrollo, en especial en los países pobres, sin poner en riesgo el medio ambiente natural. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce en cada hombre el derecho fundamental al desarrollo y a un medio ambiente saludable, que deben promoverse conjuntamente, sin que el fomento a lo primero signifique la mortificación del segundo.

En mi reflexión, no pretendo expresar una posición oficial del Concilio Pontifical sobre el tema de nuestro seminario. Permítaseme no obstante una reflexión personal que, espero, pueda encontrar su comprensión bien intencionada.

Sobre el medio ambiente natural, la enseñanza social de la Iglesia toma luz de la revelación, esto es, la luz de la creación y la luz escatológica de la redención. La naturaleza es para el hombre, y el hombre es para Dios.

Al considerar esta problemática relacionada con los cambios climáticos, uno debe escuchar también al Magisterio social de la Iglesia: No apoya la absolutización de la naturaleza, ni su reducción a una simple instrumentación.

Más bien, considera a la naturaleza como una fase cultural y moral donde el hombre juega su responsabilidad frente a otros hombres, incluyendo a las generaciones futuras, y frente a Dios.

Esto significa que la naturaleza no es absoluta, sino un tesoro depositado en las manos responsables y prudentes del hombre.

Significa también que el hombre tiene una superioridad indisputable en la creación, y en virtud de ser una persona dotada de un alma inmortal, no puede igualarse a otros seres vivientes, ni ser considerado un elemento perturbador del equilibrio ecológico natural.

Finalmente, significa que la naturaleza, en tanto que no es todo, tampoco no es nada. El hombre no tiene un derecho absoluto sobre la naturaleza, sino un mandato de conservación y desarrollo en una lógica de destino universal de los bienes de la Tierra que, como es sabido, es uno de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, un principio que se debe conjugar en especial con la opción preferencial por el pobre y el desarrollo de los países pobres.

Al considerar la problemática relacionada a los cambios climáticos, uno debe reconocer que la Doctrina Social de la Iglesia se tiene que enfrentar muchas formas corrientes de idolatría de la naturaleza que pierden de vista al hombre. Y existe la tendencia opuesta también, de resolver a la naturaleza, completamente y sin residuos, en la cultura.

Tales ecologismos surgen a menudo en el debate sobre cuestiones demográficas y sobre la relación entre la población, el ambiente y el desarrollo.

En ocasión de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en El Cairo, en 1994, donde yo participé como jefe de la delegación, la Santa Sede, junto con muchos países del tercer mundo, tuvimos que enfrentar la idea según la cual, el aumento de la población en las décadas siguientes sería tal, que derrumbaría el equilibrio natural sobre la Tierra e impediría su desarrollo. Estas tesis ya han sido rechazadas desde hace tiempo, y felizmente, van en retirada.