Cómo el 'Congreso sexual a favor del fascismo cultural' arruinó a EU y nos dio al 'hombre bestia' Cheney | LaRouche Political Action Committee

Cómo el 'Congreso sexual a favor del fascismo cultural' arruinó a EU y nos dio al 'hombre bestia' Cheney



Hijos de Satanás III
Cómo el ‘Congreso Sexual a Favor del Fascismo Cultural’ arruinó a EU y nos dio al ‘hombre-bestia’ Cheney

por Lyndon H. LaRouche

A continuación reproducimos el prefacio que escribió el precandidato presidencial estadounidense Lyndon H. LaRouche para el informe Children of Satan III: The Sexual Congress for Cultural Fascism (Los hijos de Satanás III: El Congreso Sexual a Favor del Fascismo Cultural).

En el período de 1964–81, desde el inicio de la guerra oficial estadounidense en Indochina hasta que Paul Volcker tomó posesión de la presidencia del sistema de la Reserva Federal, Estados Unidos de América se transformó, de ser la principal sociedad productora del mundo, a ese cascajo “posindustrial” ahora en bancarrota terminal con el que se agració al Gobierno que se desmorona del títere del vicepresidente Dick Cheney, George W. Bush. Hasta el momento, como dan fe de esto los horrores cada vez peores de las operaciones estadounidenses en Iraq de los que se ha informado, lo que el mundo ha visto ahí es una imagen cada vez más grande de ese despliegue de EU, de una cualidad literalmente de corte hitleriano de “bestialidad” pura hacia la humanidad, misma que sólo un hombre depravado podría adoptar en casa y, por tanto, también por fuera.

El remedio a mano para aliviar estas peligrosas condiciones, sería regresar a los precedentes exitosos del Gobierno de Franklin D. Roosevelt.

La fuerza del presidente Franklin Roosevelt se expresó tanto en su conducción de la recuperación estadounidense de la depresión mundial de 1929–33, como en la participación decisiva que tuvo EUA, bajo su conducción, en evitar que los fascistas de Europa, encabezados por Adolfo Hitler, establecieran su pretendido imperio mundial entonces. Roosevelt derivaba sus recursos para estos propósitos de lo que hoy son ciertos rasgos especiales poco entendidos, y seguido abandonados, del sistema presidencial de la Constitución estadounidense. Su Gobierno expresó una tradición constitucional de resistencia a esa práctica usurera de corte veneciana, que fue la fuente de la que surgió el poder fascista de 1922–1945 en Europa. La ventaja que aprovechó Roosevelt fue una tradición constitucional estadounidense que estaba arraigada en los mejores aspectos de la cultura de EU: el compromiso compartido de esa cultura con las mismas formas clásicas de cultura artística y científica que han representado la raíz de todos los avances netos de la civilización europea, desde el gran Renacimiento antiusurero del siglo 15.

Las grandes calamidades que nuestra república ha sufrido desde la muerte tan inoportuna de Roosevelt, han sido obra más que nada de una facción, dentro de los dos partidos principales, que pretendió evitar la elección de ese Presidente en 1932. Esa fue una facción cuyo carácter moral e intelectual defectuoso tuvo expresión más tarde, a un grado más notable, en el desempeño de una fuente de corrupción moral y de otra clase, asociada con un fenómeno subversivo conocido como el Congreso a Favor de la Libertad Cultural (CFLC). Ese proyecto, el CFLC, refleja tanto el resultado, como la causa, de la clase de decadencia que ha llevado, paso a paso, a la creciente ruina de nuestra nación a lo largo de las últimas cuatro décadas.

La ‘contracultura’ del CFLC

El rasgo característico de esa profunda corrupción moral que los enemigos típicos de la tradición de Roosevelt del Congreso a Favor de la Libertad Cultural vinieron a representar, era su empeño subversivo en promover lo que se conoció como la “contracultura”, lanzada entre mediados y fines de los 1960. Este acontecimiento expresó el compromiso del CFLC por extirpar todos esos elementos de la cultura estadounidense que fueran los factores determinantes en que Roosevelt llevara a EU a la recuperación económica, y en su participación decisiva en la derrota del fascismo.

Hemos pasado 40 años en que esa forma específica de decadencia cultural ha acelerado, desde el surgimiento a mediados de los 1960 de esa contracultura del rock, las drogas y el sexo, que la labor de los fundadores del CFLC hizo tanto por abrirle paso. Es eso, y los acontecimientos relacionados de mediados de los 1960 y después, lo que ha llevado a EU al borde tanto del desplome monetario–financiero–económico ahora en marcha, como de la resurrección lunática, cortesía del vicepresidente Cheney, de la doctrina de Bertrand Russell de un “gobierno mundial mediante la guerra nuclear preventiva”. Este legado de Russell y compañía fue la estrategia global de guerra perpetua con armas nucleares, misma que la facción de Cheney ha revivido desde 1991–93, basándose en las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki.

En dos informes previos de este comité de campaña presidencial que circularon de forma generalizada, mis colaboradores y yo ya hemos identificado las características específicas de las políticas de Cheney. En esos informes remarqué que era imposible entender los mecanismos que definen la orientación y la práctica de la banda de los mentados “neoconservadores” de Cheney, a menos que reconociéramos que esa banda tiene la misma cualidad cultural específica de un “hombre–bestia” colectivo que debía reconocerse en el carácter del régimen de Adolfo Hitler. Ahí recalcamos que el actual Gobierno estadounidense, bajo el dominio del vicepresidente Cheney, es un eco moderno de la figura satánica favorita del consumado protervo conde Joseph de Maistre, el inhumano gran inquisidor Tomás de Torquemada; el mismo Gran Inquisidor mefistofélico implícita, apta y perspicazmente descrito por la caracterización de Fedor Dostoyevski.

Como mostrarán con mayor claridad futuros acontecimientos, el belitre adoptado de Lynne Cheney, su esposo, el brutalmente chapucero vicepresidente Cheney, no es un hombre que se hiciera a sí mismo y, por supuesto, no es ningún genio. La criatura rabiosa que esa dama lleva del lazo es una criatura consumadamente codiciosa y culpable, pero no una de notable inteligencia. Cuando hablas de ese vicepresidente, piensas en algo más cercano al monstruo vacilante Frankestein de la señora Mary Wollstonecraft Shelley.En pocas palabras, Dick Cheney no creó la bestia en la que se convirtió. Él sólo es un actor muy malo que representa un papel creado por hombres más listos, tales como el otrora protegido del “jurista nazi de la corona” Carl Schmitt, el profesor de la Universidad de Chicago designado por Hutchins, Leo Strauss.

Ahora, en este tercer informe de la serie, nuestra atención se centra en la forma que a nosotros, en tanto nación, se nos indujo a permitir que ocurriera esta transformación destructiva de las instituciones. En las próximas páginas, tornamos nuestra atención a la función que tuvo el surgimiento de la contracultura juvenil de mediados y fines de los 1960 en prefigurar sucesos tales como el desplome monetario–financiero mundial que ahora arrecia, y la actual ciénaga ominosa que es Iraq. Para esto, desenmascaramos la función y el carácter que tiene ese Congreso a Favor de la Libertad Cultural, que es emblemático de los círculos que obraron para inducirnos, al menos a muchos de nosotros, a descargar semejante destrucción económica y moral sobre nuestra nación, y semejante depravación relativa sobre nosotros mismos.

El hecho de que un desgraciado cruel y sin sal en la mollera como Cheney pudiera convertirse en la práctica en el titiretero que controla al patético Presidente de EUA, es un mero síntoma, y no el verdadero origen de nuestra presente catástrofe nacional. Cada sociedad ha producido sus personalidades repulsivas, de las cuales algunas sólo son serios fastidios, pero otras son catátrofes nacionales. La vía franca que tuvo Cheney para desempeñar su función de una de nuestras catástrofes nacionales, no es la causa, sino, más bien, una consecuencia de los cambios —entre ellos los tratos de Allen Dulles con ciertos nazis— que permitimos se le impusieran a nuestra república, y también a las culturas de Europa, a lo largo de más de 59 años, desde la inoportuna muerte del presidente Franklin D. Roosevelt.

Para curar éso, nuestra catástrofe actual, tenemos que mostrar cómo se acarreó esta degeneración de nuestra gran república a lo largo de esas seis décadas que median. Para reconocer cómo se nos transformó, de ser la principal economía productora del mundo al parásito económico posindustrial enfermo en el que nos hemos convertido, tenemos que centrar nuestra atención en las tendencias de los acontecimientos tanto estadounidenses como mundiales, que han surgido de las secuelas de los asesinatos de gente como el presidente John F. Kennedy, los intentos de asesinar a Charles de Gaulle de Francia, y los asesinatos del reverendo Martin Luther King y Robert Kennedy en 1968.

Una caricatura del Imperio Romano

Reitero la cuestión. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué principio perverso, qué enemigo de todo para lo que fue creada nuestra república constitucional, hizo que adoptaramos esa función al presente catastrófica, con la marioneta de Cheney, George W. Bush, y su aliado el primer ministro británico Tony Blair, esa función de tratar de forma grotesca y fallida de crear una caricatura global angloamericana del Imperio Romano? Si nosotros, en tanto pueblo, queremos eludir las terribles consecuencias que nos hemos acarreado al pemitir a semejante caricatura de la Presidencia de EU llegar al poder, tenemos que preguntarnos: ¿Cómo se desplegó este dogma perverso y utopista de imperialismo nuclear, en especial desde fines de la Segunda Guerra Mundial, de modo que acarreara esta transformación atroz de nuestra nación? Por tanto, ¿cómo habremos de reconocer y extirpar esa perversidad nuestra que ahora nos amenaza con la autodestrucción de nuestra república?

Mi intención aquí es ayudarnos a identificar y remover ese factor de perversión de principio que expresa nuestra catástrofe nacional actual. El caso que presento y desarrollo en las próximas páginas es, en resumen, el que sigue:

Hasta donde podemos remontarnos en la prehistoria el desarrollo de las culturas antes del nacimiento del Estado nacional europeo moderno en el siglo 15, las formas de organización que practicaba la sociedad eran, más que nada, esas formas de maldad en las que relativamente unos pocos hombres y mujeres habían sometido a la mayoría de los demás a la condición de ganado humano, o para cazarlo, o para pastorearlo. El inicio de la trata de esclavos de las monarquías portuguesa y española en las Américas en el siglo 16, en combinación con la instauración de ese asesino antisemitismo moderno de la España de Isabel I, que el régimen de Hitler calcó más tarde, es típico de la persistencia de esta perversidad en la Europa moderna. Sin embargo, con el gran logro que expresó el producto del Renacimiento del siglo 15 hasta las últimas cuatro décadas, la civilización europea, con todos sus equívocos e incluso sevicias, llevó hasta hace poco a un aumento del nivel de vida y de libertad de los pueblos de este planeta. Ahora bien, en las últimas cuatro décadas tomamos la dirección contraria, regresando el reloj de la historia, la economía y la cultura europeas camino a una nueva Era de Tinieblas planetaria que ahora acecha.

De modo que, en este proceso de las últimas cuatro décadas, hemos adoptado cambios en nuestra cultura popular y relacionada que han tenido el efecto de hacer retroceder el reloj del progreso humano. Tal como da fe de esto la historia de la esclavitud, y la discriminación racial que aun hoy persiste en EUA, y como lo reflejan nuestras doctrinas educativas hoy dominantes, vivimos en una sociedad que busca controlar a la masa de su propia población, como decimos, “estupidizándola”. Al igual que la decadencia de la antigua Roma condenada a desaparecer, los supuestos gobernantes de América hoy pretenden desviar la atención de la mayoría del 20% de la población de mayores ingresos de la fea realidad de nuestros días, con el pan y el circo de las formas sexualmente depravadas, y otras, del entretenimiento de masas.

Como mostraremos, yo y otros, en el transcurso de este informe:

Esta condición que EUA ahora padece, en tanto nación y cada vez más, es el efecto de la transformación cultural inducida de muchos de los hombres y mujeres de las Américas y Europa hoy, a quienes capturaron los efectos moral e intelectualmente corruptores de una cultura posmodernista. Se han convertido en prisioneros de una tendencia de cambio en la vida mental, de camino a convertirse en ganado humano de pastoreo, en las víctimas voluntarias de una sociedad de poco pan y mucho entretenimiento, de un entretenimiento cada vez más degradado, del modo que el Imperio Romano de suyo condenado a destruirse se entretenía antes que nosotros.

Esta tendencia de casi dos generaciones en nuestra propia cultura refleja un principio de perversión que apenas aparece representado en precedentes tales como la introducción del peonaje y de la trata de esclavos africanos en las Américas, por las monarquías de Portugal y España. El principio de perversidad que expresa esta regresión del reloj del progreso humano sigue la doctrina de conflicto perpetuo del alumno de Galileo Galilei, Thomas Hobbes, un doctrina que tiene su expresión en formas tales como la práctica de los sistemas fascistas de gobierno desperdigadas por toda Europa continental desde 1922 hasta terminar la guerra en 1945.

Un principio de perversidad

Este mismo principio de perversidad cobró una expresión concentrada en la práctica extendida e influyente de lo que, por desgracia, se ha llegado a considerar como una organización estadounidense muy respetada, una organización conocida con títulos tales como el Congreso a Favor de la Libertad Cultural.

Esta corrupción la puso en marcha a todo vapor gente influyente como Allen Dulles tan pronto como murió el presidente Franklin Roosevelt. Dulles, quien dirigió los acuerdos secretos para incorporar a elementos de la SS nazi a la élite angloamericana de la posguerra, es típico de aquéllos que luego actuaron para meter a los elementos marcadamente enmendados de la doctrina existencialista nazi en el gobierno franco–angloamericano de la Alemania ocupada de la posguerra, del modo que los papeles que desempeñaron Theodor Adorno y Margaret Mead son ejemplos de la diseminación de esta forma específica de corrupción ahí. Esto lo representó la propagación de esa misma corrupción en EU a manos de Adorno, la Mead de Bertrand Russell y la compinche de Adorno, la enemiga de la verdad y existencialista Hannah Arendt.Como documentan las pruebas, de forma resumida, en las páginas de este informe, la influencia bestializante que irradia el CFLC —con ese efecto explícitamente intencional— ha dominado, cada vez más, la civilización transatlántica y de otras partes de nuestro planeta, desde el fin de esa guerra en 1945 hasta la fecha.

El motivo de la corrupción sistémica más amplia de la mente y la moral de la que esa revista Commentary asociada con el CFLC sólo es un ejemplo, ha sido envenenar, e incluso erradicar, esas raíces intelectuales y culturales de la forma soberana de república del Estado nacional. La intención de esa corrupción ha sido hacerlo de modo que le abra el camino a la subversión y al remplazo de los Estados soberanos existentes con un imperialismo de nuevo cuño: la “globalización”.

Uno de los principales productos de ese lavado cerebral de masas a través de las influencias asociadas con el CFLC fue el surgimiento de la “contracultura del rock, las drogas y el sexo” de mediados de los 1960. Desde que el presidente Abraham Lincoln encabezó a EU en su función de potencia continental con la derrota del instrumento de lord Palmerston, la Confederación, lo que ha pasado es que, desde la victoria del presidente Lincoln, para conquistar a esa poderosa nación del pueblo estadounidense, uno primero tiene que corromper sus mentes, y de ahí que la labor del CFLC lleve el nombre más apropiado de “Congreso Sexual a Favor del Fascismo Cultural”. Nuestros enemigos, de dentro y de fuera, primero tienen que inducirnos a que nosotros mismos nos corrompamos y nos destruyamos en lo intelectual y en lo moral. Cuando se compara ese fermento juvenil contracultural posterior a Kennedy que el CFLC alimentó, con su gemelo igual de perverso, la actual insurgencia derechista “fundamentalista” de Pat Robertson, Tom Delay, etc., tenemos que esos casos combinados y entrelazados son un ejemplo primo de lo que es típico del proceso de corrupción cultural —con eje en el CFLC— de las mentes de los estadounidenses y los europeos por igual.

El cambio de carácter de EUA desde mediados de los 1960, de ser la principal nación productora del mundo a su actual condición de formar unos despojos “posindustriales” desvalijados y tambaleantes, es una expresión del grado al que la intención del CFLC se ha instrumentado en EUA y el Reino Unido, y también en Australia y Nueva Zelanda, así como en la Europa continental. Por razones que irán aclárandose en el transcurso de las páginas siguientes de este informe especial de mi comité de campaña, he preferido llamar a esa organización con sede en EU con un título más acorde a su participación típica en la creación de la contracultura característicamente inhumana y lujuriosa hasta la locura de “el rock, las drogas y el sexo” de mediados a fines de los 1960: el “Congreso Sexual a Favor del Fascismo Cultural” (CSFFC).

Así, debieran preguntarse: “¿Quiénes fueron los tipos listos que empezaron a hacernos esto mucho antes de que naciera siquiera el monstruo de Lynne Cheney que ahora anda dando tumbos? Así, ¿quién le puso la legendaria “marca de la bestia” a nuestra nación? ¿Cómo habremos de remover esa fea y amenazante mancha?

Esa información decisiva que la protección de tu familia demanda con tanta urgencia es el tema de las páginas que siguen de este informe.


Ver el discurso de Helga Zepp–LaRouche de la sesión del 15 de febrero de 2004 de la conferencia conjunta del Instituto Schiller y la Junta Internacional de Comités Laborales en referencia a Los hermanos Karamazov de Fedor Dostoyevski

Lynne y Dick Cheney están estrechamente relacionados con la baronesa Liz Symons ligada al primer ministro británico Tony Blair, y sus confederados en EU y en otras partes, quienes han han tenido una función destacada, a nombre de la influencia especial de los Cheney, en sus esfuerzos concertados por esparcir una calumnia desaforada y mentirosa contra mi persona, a través de sectores corruptos de la prensa británica y de otras partes en Europa. Las actividades de la Symons están muy aliadas a los notables simpatizantes del CFLC, tales como la American Family Foundation de John Irwin III en EU.

. The Authoritarian Personality (La personalidad autoritaria), por Theodor W.Adorno; John Wiley & Sons (Nueva York, 1964). Ver Lyndon LaRouche, ,; ,; .