¡Restablezcamos nuestra nación ya! | LaRouche Political Action Committee

¡Restablezcamos nuestra nación ya!


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‘¡RESTABLEZCAMOS A ESTA NACIÓN, YA!’

por Lyndon H. LaRouche

A continuación aparece la transcripción del discurso que Lyndon H. LaRouche pronunció el 3 de septiembre de 2005, y de parte del diálogo que sostuvo por internet con el auditorio internacional luego del mismo. Las moderadoras fueron Debra Hanania Freeman y Marcia Merry Baker. Más de 310 sitios alrededor del mundo —muchos de ellos congregando a varias personas—estuvieron conectados por internet, y de 50 a 100 se conectaron por teléfono. Hubo participación de Alemania, Argentina (Buenos Aires y Neuquén), Australia, Canadá, Filipinas, Francia, México (Ciudad de México y Monterrey), Perú y Estados Unidos, entre otros. En Estados Unidos hubo asambleas de hasta centenares de integrantes del Movimiento de Juventudes Larouchistas que participaron en la actividad, desde Los Ángeles, California; Houston, Texas; Seattle, Washington; Boston, Massachusetts; y Chesterton, Maryland.

La mayoría de la gente no entiende la naturaleza de la situación, porque no está pensando desde la perspectiva que debe pensar un Presidente de Estados Unidos en un momento como éste. Tenemos una crisis ahora que, más que nada, es una catástrofe causada por el hombre, combinada con lo que de otra forma hubiera sido una catástrofe natural severa, pero controlable. El principal problema a resolver es la catástrofe causada por el hombre. De haber actuado el Gobierno de EU como debía el 2 o 3 de agosto, cuando ya se sabía que un huracán de categoría 4 o 5 golpearía la costa sur del país, un huracán que la región no estaba preparada para encarar. . . Al momento que supimos que un huracán grande, de categoría 4 o 5, venía rumbo a la costa sur de EU, cualquiera en Washington que estuviera pensando hubiera sabido que enfrentábamos una emergencia seria, y que había que tomar medidas urgentes de inmediato, bajo el supuesto de que nos iba a azotar un huracán de esa magnitud.

Eso hubiera requerido: evacuaciones, planes de evacuación, movilizar fuerzas para evacuaciones, tomar ciertas medidas de emergencia para paliar la situación. Debió haberse hecho todo esto. No se hizo nada.

El resultado fue que en vez de que fueran algunos miles de personas heridas y un número limitado de muertes, ahora estamos hablando de miles de muertos, y podría aumentar a consecuencia de las complicaciones; si no atendemos la situación como es debido, las muertes en la región podrían ascender a cien mil o más. Porque, debido a la negligencia, ahora es posible que surjan enfermedades infecciosas, enfermedades transmitidas por el agua y los insectos, que pueden alcanzar proporciones epidémicas, como la influenza aviar. Tenemos que hacer algo ya, o perderemos a mucha gente.

Comparemos, por ejemplo, la situación actual con lo que pasó el 11 de septiembre de 2001, donde el efecto de esa catástrofe se limitó básicamente al día de los sucesos. Hubo secuelas, pero menguaron con rapidez, y los efectos se concentraron más que nada en el período del ataque y en dos zonas: Washington, y más en la ciudad de Nueva York.

Ésta es una situación diferente. Por negligencia y la falta de preparación y capacidad, tenemos una catástrofe, ¡una catástrofe humana que ha venido aumentando de manera acelerada desde que golpeó el huracán! Empeora día tras día. Ése es nuestro primer problema.

Este problema también pone en tela de juicio, a nivel internacional, si EU en realidad sigue siendo una nación. Si todavía hay quien está a cargo; sí hemos de existir como nación; la ex superpotencia está convirtiéndose en un chiste repugnante. Ésa es la crisis; no son los detalles. La gente recomienda hacer esto o lo otro. ¡Cállense! No queremos esas sugerencias. Ya tenemos personas que entienden la situación, que están preparadas para actuar. Son funcionarios; saben lo que están haciendo; no necesitan tus sugerencias de lo que hay que hacer. Necesitan información, indicaciones y cosas por el estilo.

Pero lo que necesitamos es una manera de abordar esto de forma centralizada, de arriba a abajo. ¿Por qué? Porque tenemos que convencer al pueblo estadounidense mismo, y al mundo entero de que esta nación sigue siendo una gran potencia, y que es capaz de enfrentar sus responsabilidades. Restablecer la confianza en EU y su gobierno es el primer aspecto de la catástrofe humanitaria ahora mismo.

Si no podemos convencernos a nosotros mismos de que vamos a resolver esta crisis con éxito, como debe hacerlo una superpotencia, como no se ha hecho hasta la fecha, entonces no tendremos una nación. Y, porque estamos en una situación en la que el sistema monetario–financiero internacional va rumbo al peor derrumbe de la historia moderna, el de EU y su credibilidad, eso sería una catástrofe para el mundo entero.

Por tanto, ¡tenemos que afirmar la responsabilidad que tiene el Gobierno soberano de EU, en tanto superpotencia, de bregar con este problema! Tenemos que organizarnos de arriba a abajo, y si lo hacemos, podemos resolverlo.

Déjenme darles algunas indicaciones

La evacuación. Lo primero que hay que hacer es sacar a toda la gente de esa zona. Tenemos que sacar a toda esa gente de la región; tenemos que llevarla rápido a lugar seguro. Mucha de ella ya es portadora de enfermedades, enfermedades contraídas por las condiciones a la que se expusieron. Otra está en condiciones agravadas de salud por falta de tratamiento médico. Tenemos que sacarlos de la zona de Nueva Orleáns, en particular, porque ahora ésa es un foco de enfermedades. Hay epidemias a punto de brotar. Tenemos que llevarla a un ambiente más seguro.

Uno de los lugares que tenemos—no estadios, no el Astrodomo y tonterías de esa clase, ésos son juegos de niños, seamos serios—son bases militares. Así que, en vez de andar con juegos, tenemos que llevar a esa gente pronto a bases militares, o improvisar arreglos equivalentes a bases militares. Tenemos algunas bases grandes en el sur de Misisipí, una zona propensa a las enfermedades, por lo que no es lo ideal a largo plazo. Pero hay que sacar a la gente de Nueva Orleáns y lugares parecidos ¡rápido! Hay que mudarla.

Las bases de Misisipí están ahí. Llevémosla ahí. Hay que movilizar lo que se requiera, y mudarla ahora. No hablemos de autobuses, de esto o lo otro, mudémosla ya. Tenemos otras bases. No hay suficientes dispuestas aún, pero hay otras en zonas mejores.

Tendremos que procesar a esta gente. Mantendremos a las familias unidas en la medida de lo posible. Pero algunas de estas personas estarán muy enfermas, y requerirán tratamiento especializado. Habrá que aislar a muchas porque son portadoras de enfermedades peligrosas, que contrajeron en estas condiciones: el cólera, la influenza aviar, enfermedades transmisibles por el agua o por insectos. Eso es una pesadilla en Nueva Orleáns. Tenemos que sacarlas de esa zona infecciosa y llevarlas a lugar seguro. Tendremos que clasificarlas; tendremos que llevar a cabo un “triaje” bueno, no malo. Tendremos que sacar a familias que tienen un perfil de enfermedades, y llevarlas a una zona donde recibirán la atención médica y otros tratamientos adecuados. Así que, tendremos que darles seguimiento, el trabajo social de costumbre para saber quiénes son, dónde están, quiénes son sus familias, a quién hay que contactar y así por el estilo.

Pero la forma de hacerlo es, primero, utilizar las bases militares, que están ociosas pero que siguen funcionando. Olvídense del plan de cerrar las bases militares; conservemos esas bases hasta que tengamos la capacidad necesarias para atender a toda la región. Regresaremos a la gente a la región pero, primero que nada, hay que llevarla a lugar seguro.

En vez de tratar de llevar alimentos al área de Nueva Orleáns—lo que vamos a hacer, pero no tanto—, queremos llevar a la gente a un lugar donde pueda llevársele comida de manera segura, la atención que necesita. Los campos militares son los mejores lugares para esta clase de cosas. También puede improvisarse, y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército lo puede hacer: crear campos nuevos, que serán temporales pero que, por lo menos, cumplirán la función en lo que llega el invierno. Eso por el momento.

Luego empezaremos a reconstruir

Esto es básicamente una tarea militar. Tendremos que tomar el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y activarlo plenamente y equiparlo, incluso con dinero. Esto costará mucho dinero. Tenemos 10.500 millones de dólares que aprobó el Congreso. Eso va a ayudar, pero no basta. Necesitaremos hasta 100 mil millones de dólares tan sólo para cubrir los costos inmediatos, si es que hemos de mantener viva a la gente. ¡No hablemos de los costos, no hablemos de los 100 mil millones de dólares. Sí, hay que ser realistas, pero dénse cuenta que si no hacemos esto, ya no representaremos una nación; habremos perdido la capacidad de funcionar como nación, ¡en un momento en que el mundo entero está al borde de la peor crisis financiera que haya visto! ¡No podemos permitir que EU se hunda, porque otras partes del mundo no pueden abordar esta crisis global sin nosotros! No podemos resolver todo este problema solos como nación, pero el resto del mundo no podría resolverlo sin nosotros.

Les voy a dar un ejemplo: muchos de ustedes creen en un mito. Creen que somos una nación con problemas, y la prueba es que estamos fabricando cosas en China en vez de en Estados Unidos. Ése es un mito, es un fraude. ¿Por qué están fabricándose cosas en China e India en vez de en EU, y se dan otras formas similares de deslocalización y de la llamada globalización? ¿Por qué? ¿Por qué son mejores que nosotros? ¡No! ¡No lo son! No tienen una política de bienestar general. Miren, hay 700 millones de una población de mil millones en India que son en extremo pobres. Hay una concentración de pobres en China. India y China van muy bien en comparación con la mayoría de las naciones asiáticas. Que el 70% sea extremadamente pobre es en realidad una condición de lujo para la mayoría de los países de Asia. Tenemos naciones que están muriéndose en América Central y del Sur, en parte por nuestras políticas, y en parte por nuestra política de globalización, nuestra política de libre comercio.

Lo que pasa es que estas naciones producen más que nada para nosotros. Utilizan parte de su fuerza laboral para producir para nosotros en vez de para sí mismos. ¿Por qué? Porque tenemos un sistema de salud pública. Tenemos una política de bienestar general. Apoyamos a nuestra gente, la protegemos. Peleamos por sus servicios médicos, por su Seguro Social, por sus seguros, sus pensiones. Esos países no tienen esto. No tienen infraestructura. Por tanto, pueden producir más barato. Pero, ¿a qué costo? Matando de hambre a 70% o más de su propia población.

No están en mejores condiciones que nosotros. Somos estúpidos cuando nos metemos a ese tipo de arreglos. Nos deleita recibir bienes baratos de China sin preocuparnos de los pobres que están produciendo en ese país a precios que no satisfacen los requisitos de la población china. Hacemos lo mismo en India; lo mismo en otros países del Tercer Mundo al sur de nuestra frontera ¿Saben lo que le estamos haciendo a México, a Centroamérica, a Sudamérica con esta política de exportación con mano de obra barata?

¡Y, mientras, estamos destruyendo a EU! ¡Hemos destruido nuestra industria! Vean un mapa de EU, y véanlo condado por condado en los últimos 30 años. ¡Hemos estado destruyendo a EU! Muchos de ustedes viven en zonas que están destruyéndose. Recuerdan donde antes había una fábrica, un pueblo, cuando las cosas funcionaban. ¡Ya no! ¡Ahora estamos convirtiendo a nuestro pueblo en gente del Tercer Mundo! Con niveles de ingresos y trabajos típicos del Tercer Mundo.

El resto del mundo no está mejor parado que nosotros. Estamos actuando como estúpidos. Permitimos que se nos hiciera esto por una política mala. No hay razón de ello.

Lo que tendremos que hacer. . . Y la razón de que tengamos esta crisis en Luisiana, Misisipí y Alabama es porque abandonamos el compromiso constitucional de promover el bienestar general. Por tanto, porque estábamos cortando los costos, los costos del bienestar general, del modo que estábamos tratando de saquear el Seguro Social, ya no manteníamos el nivel de vida y el soporte para estas zonas, que les permitiera responder a muchos de estos problemas. No les hicimos llegar lo necesario a Luisiana, Misisipí y Alabama, aunque sabíamos que lo requerían, ¡porque no queríamos gastar el dinero! Porque estábamos tratando de recortar los fondos de bienestar social para librar, digamos, la guerra en Iraq, o para la nueva guerra que quieren emprender en Irán; cosas por el estilo.

Ahora estamos en una situación en la que la cuestión que nos plantea la crisis apremiante que enfrenta nuestra gente en estos tres estados en particular. . . Pero ése no es el problema. Eso plantea un problema más grande: ¿somos una nación? Y, ¿qué es lo que nos define como nación? Es obvio que el Presidente y el Vicepresidente actuales han fallado en esto. No vamos a botarlos o matarlos por eso, pero hay que reconocer que el Presidente actual ha fracasado, y, por tanto, las otras instituciones de EU que, por fuerza tienen que tomar cartas en el asunto, porque el Presidente no lo está haciendo, tenemos, juntos, que preservar nuestras instituciones, y darnos cuenta que aún somos una superpotencia, que somos la nación principal en este planeta.

Y es hora de que actuemos acorde.

Ésa es nuestra situación.

Una movilización como de guerra

Ahora bien, aquí la mayoría de ustedes, jóvenes, todavía tienen un par de generaciones, unos 50 años por delante. Sus padres no. Sus padres están entrando al último cuarto de siglo de su vida activa en tanto generación, y su vida está languideciendo. El futuro, para bien o para mal, les pertenece a ustedes, a las próximas dos generaciones, los próximos 50 años y después. Si no resolvemos este problema, no tendrán nada para el resto de su vida. La generación de sus padres podrá desaparecer, y de todas maneras lo hará pronto en el próximo cuarto de siglo; la mayoría empezará a desaparecer, a morir. Pero ustedes cargarán con esto otros 50 años. Y, como están las cosas, ahora mismo no tienen futuro.

De allí que, ustedes y su generación tienen que movilizarse para pelear por su propio futuro.

Ustedes (la generación joven—Ndr.) también constituyeron el grueso de las tropas que fueron a pelear en la Segunda Guerra Mundial. Ahora estamos en otra guerra en defensa de esta nación y lo que representa, para regresarle su dignidad a esta superpotencia, en tanto superpotencia; para convencernos nosotros mismos que somos esa potencia. Tendremos que librar esa guerra. Esta guerra que no es con armas como tal. No es una guerra que queramos, no necesitamos esa clase de guerra, pero tenemos que librarla como si lo fuera. Su generación será el grueso de la base de esta movilización general de toda la ciudadanía, tal como a mi generación la llevaron a la guerra, la reclutaron al servicio militar en la Segunda Guerra Mundial. Nosotros éramos el grueso. No éramos muy diestros, pero gracias a Franklin Roosevelt tuvimos la mejor logística del mundo. Teníamos un gran tonelaje por cada soldado que fue a ultramar, en comparación con la pobreza relativa de todos los otros ejércitos del mundo, incluso el ejército enemigo de los alemanes. Comparado con los alemanes, ¡lo que teníamos era muy superior! No porque fuéramos mejores guerreando; ellos eran mejores combatientes que nosotros; estaban mejor adiestrados, por más tiempo. Pero, nosotros teníamos logística, ¡teníamos un tonelaje puro de poder per cápita que no tenía ninguna otra parte del mundo!

Ya no tenemos eso. Pero, ustedes tendrán que ayudar a movilizar a la población de EU; tendrán que ser la punta de lanza que impulse lo que tiene que hacerse.

Ahora tenemos en torno al Senado un grupo bipartidista de senadores, y a otros dentro y fuera del gobierno, gente jubilada, generales y coroneles retirados y a otros, que pueden ayudar como voluntarios a ejecutar y cumplir las tareas requeridas.

¡Podemos salvar a esta nación! Podemos recobrar su dignidad. No podemos revivir a los que murieron por esta prevaricación, o esta transgresión que hubo, pero sí podemos salvar a esta nación. Podemos decir que ganamos esta guerra, y depende de ustedes.

El método que emplearemos es luchar como si fuera una guerra. Coroneles y generales y otros, retirados o activos, tendrán que desempeñar un papel importante, porque saben cómo hacer rápido la clase de movilización que hay que llevar a cabo para enderezar las cosas. Son los que saben cómo construir una base de un día para el otro; y tendremos que contar con más bases para la gente. Ellos son los que saben cómo organizar el transporte colectivo de la noche a la mañana; saben cómo hacerlo. Son los que simplemente están aguardando órdenes, la autorización para actuar, ¡y lo harán como voluntarios! Así que, tenemos que movilizarnos en torno a esto como si fuera una guerra, y decir: “Bueno, mira estamos viendo de entrada, francamente, cuando vemos esto de manera realista, estamos hablando de unos 100 mil millones dólares, mínimo, para salir de esto con nuestra dignidad”. [

Y hay que darle al pueblo estadounidense, ante todo, el sentido de que somos una nación, de que todavía somos una superpotencia, de que todavía tenemos dentro de nosotros lo necesario, a pesar de las fallas de algunas de nuestras instituciones. Y recordarle al mundo que seguimos siendo una potencia importante en este mundo. No hemos desaparecido; no vamos a desintegrarnos. Y tendremos que regresar a corregir nuestros errores. Tendremos que regresar al preámbulo de la Constitución federal de EU, y reconocer que la ley fundamental de esta nación está en ese preámbulo, no sólo en cuanto a la defensa nacional, sino en promover el bienestar general de los que están vivos y su posteridad.

¡Hemos violado el principio de la defensa de la nación! ¡De manera flagrante! Hemos violado también la política de promover el bienestar general. Nos estamos condenando a nosotros mismos a que la gente nos desprecie, a menos que hagamos de la política de promover el bienestar general de la población y su posteridad el fundamento del gobierno, ya.

Gracias.

Diálogo

Freeman: Lyn, gracias. Tenemos un par de preguntas que te queremos hacer. Ambas vienen de las reuniones bipartidistas que han venido dándose en Washington en las últimas 48 horas, aunque estas dos nos llegan del lado demócrata.

El orden de batalla económico

La primera pregunta es, bueno, en realidad sobre el orden de la batalla, y dice: “Señor LaRouche, las cuestiones que tenemos por delante en lo que toca a la catástrofe humana y cómo abordarla, son cosas que usted ha dejado en claro. Lo que está menos claro son las cuestiones que tienen que ver con el funcionamiento continuo de la economía, dislocada por este desastre.

“Como creo que usted sabe, ahora tenemos dos grandes puertos severamente dañados por esta tormenta. El puerto de Nueva Orleáns por sí solo da cuenta del 25% del combustible de Estados Unidos, y tomará tiempo, aun haciendo los mejores esfuerzos, para que esas áreas empiecen a funcionar de nuevo. Es obvio que, la forma más eficaz de atender estas cuestiones en el marco de nuestra Constitución, es por acción del Ejecutivo. Pero parece que eso no va a ocurrir.

“Por lo tanto, encaramos la tarea de actuar como congresistas. ¿Puede usted, por favor, darnos su opinión sobre cuál debe ser el orden de batalla? Por ejemplo, ¿deberíamos tomar medidas de inmediato para congelar los precios del combustible y la comida? ¿Qué más debemos hacer para atender esta situación de emergencia temporal?”

LaRouche: Usted se refirió a este asunto de límites, de topes para los precios del combustible y la comida. Encaramos no sólo el problema de los precios sino el de la escasez del suministro, porque hemos dependido demasiado de los productos petroleros que entran por la región del Golfo. Fue un error terrible, fue un error derivado de pensar como empresa privada, y no en términos del interés nacional. Y tenemos que reconocer, como se nos recuerda ahora, que las políticas de EU tienen que basarse en el interés de Estados Unidos en tanto nación en su totalidad , no en el interés de un grupo en la nación ni de un grupo especial con intereses creados. Eso fue un error.

Ahora, vamos a tener que resolver eso. Una de las primeras cosas que tenemos que hacer es limpiar el río Misisipí y las vías fluviales alrededor de Nueva Orleáns. Tenemos problemas parecidos en el sur de Alabama y Misisipí: tenemos que limpiar esa zona.

Esta es una tarea para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, por lo que tenemos que aumentar y darle la autoridad de proceder. Ellos pueden hacerlo. Porque ahora viene la cosecha de granos y tenemos que mover ese grano, bajarlo por el Misisipí al Golfo y exportarlo. ¡Será una catástrofe si no lo hacemos! Y la única forma de lograrlo es mandar al Cuerpo de Ingenieros e instituciones relacionadas a limpiar el Misisipí y remover los escombros. ¡Eso hay que hacerlo de inmediato!

Pero alguien tiene que dar la orden. Por tanto, si la Casa Blanca no está dispuesta a darla, entonces el Congreso, un organismo bipartidista del Congreso tiene que legislar y crear instituciones que tengan la autoridad, dotadas de personal que incluyan a militares de preferencia. Hay generales y coroneles jubilados y demás que, pueden activarse para dotar de personal a estas agencias. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército entiende esto: ¡tenemos que acabar con este desorden! Y hay que darle a esta gente la autoridad, los fondos y el respaldo para que actúen y ¡actúen ya! No debatir por otra semana; lo hemos hecho demasiado tiempo; ¡esto hay que hacerlo ya!

Regresando a la otra pregunta, tenemos que hacer otra cosa. Tuvimos aquí un caso en que estaban cobrando 6 dólares por el galón de gasolina, y hay gente que se para al lado de la carretera a mofarse de los Hummers. Pero eso no es lo único. No podemos permitir una explotación especulativa (lo que ahora ocurre en el mercado mundial), que eleve el precio de los productos petroleros de los que dependen esta nación y otras, a precios flotantes. Tenemos que ponerle un tope en EU, y vamos a pedirle a los europeos y otros que hagan lo mismo. Vamos a hablarle a gente en el exterior y vamos a ponerle un tope a los productos del petróleo. Vamos a parar esta inflación, porque se basa puramente en la especulación. ¡Y los especuladores van a tener que incurrir pérdidas!

Vamos a tener energía a un precio que permita funcionar a esta nación. Estamos entrando al invierno; faltan meses, sí, pero ya estamos entrando. ¿Qué tal si no hay calefacción en el norte? ¿Qué les parece que estemos cerrando sistemas eléctricos en regiones enteras del país por falta de hidrocarburos, porque nos hemos hecho dependientes? ¡No!

Organizamos el flujo de lo que necesitamos en cuanto a energéticos, regulamos el precio, le ponemos un tope y trabajamos con otros países ¡para mantener ese precio tope!

También tenemos un problema con el suministro de alimentos; la mayoría de la gente no lo reconoce, pero nuestra cadena alimenticia está muy vulnerable ahora. Por tanto, tenemos que movilizarnos para asegurar que todo mundo pueda comer. Esas dos cosas, ahora. El gobierno federal tiene que tratar de hacer un mínimo de cosas en lo que toca a administración, ¡pero éstas son dos que tienen que hacerse! Porque, si no se hacen, todo el sistema puede volar, todo puede fracasar de no hacerlo.

Eso es lo fundamental.

De todos modos, vamos a necesitar apoyo. El poder Ejecutivo ahora mismo no tiene el personal para manejarlo. Por ejemplo, la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias—Ndr.) adolecía de recursos humanos, y no tiene una orientación clara; la engulleron y la canibalizaron para alimentar al Departamento de Seguridad Nacional. Y ahora vemos lo que ha pasado con la defensa interna de Estados Unidos. Lo del 11 de septiembre de 2001 no fue nada comparado con lo de ahora; podemos perder 100 mil ciudadanos o más ahora mismo. Y se tiene que entender que, si brota una epidemia grande en los estados sureños porque no hemos hecho nada eficaz, podría acabar con millones de americanos; podríamos tener algo que se propague por el país, como la epidemia de influenza española que ocurrió después de la Primera Guerra Mundial. No podemos jugar con esto; tenemos que actuar.

Por tanto, tenemos que crear agencias especiales, que usen a muchos de nuestros militares retirados, quienes entienden exactamente cómo organizar para eventualidades como ésta. Porque nuestra fuerza militar no es en esencia una organización de tiros; es una organización de defensa y logística, y lo que necesitamos es logística. Necesitamos generales y coroneles que sepan hacer esto, y que puedan reclutar a gente con experiencia que vuelva al servicio. Hay que crear instituciones, y darles los fondos y una orientación de misión para cumplir con la tarea. El presidente no tiene que estar metido en todo. Necesitamos encargados con una orientación de misión, para que donde haya un problema, donde lo haya autorizado la ley, el voto bipartidista de los representantes y el Senado, ¡lo resuelvan de manera automática estas personas, que son agentes del Gobierno de Estados Unidos! Y eso tiene que hacerse ahora.

Tendremos que proceder con esto de las instituciones especiales, creadas por el Congreso, por ley, y con la autoridad y el personal necesario para hacer las varias cosas que tienen que hacerse. Y es necesario que haya una legislación especial que le permita—¡y obligue!—al gobierna imponerle un tope a los precios de los combustibles y los alimentos. Vamos a tener una provisión de alimentos, vamos a tener la energía necesaria, y vamos a corregir algunos de los errores que nos metieron en este lío. Pero, ahora mismo tenemos que resolver eso: garantizar nuestra seguridad económica nacional.

Freeman: ¿Cómo anticipar lo que pueda venir en las próximas semanas? La pregunta tiene dos partes, y esta persona pregunta:

“Señor LaRouche, como probablemente usted sepa, el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional es que es posible que haya de cuatro a seis tormentas más antes que acabe la temporada de huracanes este año. El viernes se nos informó que es probable que por lo menos dos o tres de éstos, sean de categoría tres. Lo segundo es nuestra preocupación porque, tanto por lo que usted dice, y, específicamente, lo que dice el ex secretario del Tesoro Robert Rubin, encaramos una situación muy inestable con el sistema financiero internacional, y esto data desde antes de los sucesos de esta pasada semana.

“Inmediatamente después de Katrina, el Consejo de Asesores Económicos del presidente nos dijo que, Katrina probablemente no le cause más que un ligero tropezón al sistema financiero global. Pero no nos parece que eso sea realista.

“La pregunta que le tengo a usted, señor LaRouche, es ¿cómo nos preparamos de antemano para la posibilidad de que ocurran estas dos eventualidades, para que no nos agarren indefensos como ocurrió cuando Katrina golpeó al Golfo?”

LaRouche: En cuanto a lo primero, yo diría que tenemos que crear el equivalente a una agencia especial que pueda emplear recursos que tengamos a la mano y nuevos para hacer lo que no se hizo en el caso de Katrina. Es decir, que están asignados para atender cada uno de los aspectos de estas tormentas, y resolverlos con base a informes de la clase a los que usted se refiere en la pregunta, informes como el que tuvimos el 2 de agosto de este año. Una vez que llegan estos informes en cuanto a cualquier amenaza, empezamos a trabajar en ese asunto de una vez, de inmediato, como debimos haber hecho en el caso de Katrina.

Recuerden, tuvimos una advertencia cuatro semanas antes de Katrina, y no hicimos nada para prepararnos. En cuatro semanas hicimos menos que nada ante lo que sabíamos iba a ser un ataque contra una parte del país ¡que no podía resistir un huracán de categoría tres! Y lo que vino fue un huracán de categoría 4 o 5. ¡Y hubiera sido un desastre aun si hubiera sido de categoría tres!

Si estamos hablando de huracanes de categoría tres o más, estas cosas no pueden absorberse a corto plazo. Uno tiene que movilizarse como si fuera para un ataque militar contra Estados Unidos, movilizar las capacidades con las cuales ha de enfrentarlo, y que sea algo automático, como se hace en la guerra. Una defensa automática de Estados Unidos contra un huracán. ¿Qué tiene de malo defenderse contra un huracán? Uno no tiene que dispararle al huracán; eso no funciona muy bien, que digamos. Pero tiene que controlarlo, hay que controlarlo como si fuera un enemigo invasor, y los militares saben cómo hacerlo, y no es disparándole sino tomando las previsiones necesarias: planear, dotar el personal necesario como se haría en caso de una batalla; tener el personal disponible, prepararlo para entrar en acción contra cualquier contingencia, y demás.

En cuanto a la crisis económica de la que yo he venido advirtiendo: ¡viene!

Déjeme describirle esto como lo he hecho antes: el problema es que muy pocas personas entienden lo que realmente es una economía. Y Bob Rubin, creo yo, diría que él y yo compartimos esa opinión: que la mayoría de las personas llamadas economistas que tienen menos de 63 años de edad, en verdad no son economistas competentes. Podrán ser personas muy útiles, pero no son competentes en cuanto a esta definición porque no piensan como es debido. Hemos pasado por dos generaciones de cambios de paradigma en la cultura; ya no nos concebimos como una economía agroindustrial, nos vemos como una economía de servicios. Todo el sistema, todo el pensamiento económico del país ha cambiado totalmente; la generación que regenta el país piensa en términos de una economía de servicios y no de una economía agroindustrial. Bueno, la economía de servicios está a punto de desaparecer en su forma actual, y no se puede hacer nada para salvarla. Por tanto, vamos a tener que reconstruir la economía, regresar a una economía agroindustrial, o de otra forma no nos vamos a salvar.

Hemos llegado a la condición límite. Alguna gente dice: “Bueno, ¿cuándo va a ocurrir la crisis, qué día?” No se puede responder a esa pregunta, porque estamos en una situación como la de Alemania de junio a octubre–noviembre de 1923. Alemania estaba soportando su ingreso aparente, Alemania soportaba su ingreso aparente endeudándose, imprimiendo dinero. Y la proporción de deuda impagable que contraía, en relación con el ingreso a corto plazo generado en Alemania, era tal que la relación entre el endeudamiento y el ingreso aumentaba de forma geométrica. Así que, toda la economía alemana desde junio de 1923 hasta cuando vino la desintegración en octubre–noviembre iba camino a una colisión. ¿Quién hubiera podido predecir en qué mes iba a caer?

Ahora nos encontramos en un ciclo parecido. Lo que ha ocurrido recientemente; primero que nada, en 1987, octubre de 1987, algo que yo pronostiqué y lo hice meses antes, cuando dije: Nos encaminamos a un crac general de los mercados financieros como el de 1929 para principios de octubre de 1987. Yo lo pronostiqué en mayo y junio de 1987. Dije: “Vamos camino a eso. Eso es lo que vamos a enfrentar”. Y ocurrió tal como yo lo pronostiqué.

¿Qué pasó entonces? ¡Ése fue el equivalente de la crisis de 1929 que ocurrió en 1987! ¿En qué año nos encontramos ahora? 2005, y nos aproximamos a octubre de 2005, ¡que siempre es una temporada mala para las tormentas financieras! El sistema está a punto de estallar. Lo que hizo Greenspan al asumir la presidencia de la Reserva Federal fue inventar una nueva forma de dinero llamada “derivados financieros”. Ese no es dinero real sino apuestas colaterales. En otras palabras, dos tipos están jugando a los dados en un callejón, y hay otros viendo a los lados y apostando a los que están tirando los dados. Tenemos a gente en Las Vegas; hay gente que está jugando en las mesas y hay otros a los lados haciendo apuestas colaterales sobre los resultados del juego que tiene lugar en la mesa. Y ésos están intercambiando pedazos de papel con sus apuestas, ¿huh?

Lo que hizo Greenspan fue crear un sistema de apuestas colaterales, apuestas colaterales de juego que a veces llaman “derivados financieros”, y otras veces llaman “fondos de cobertura”. Éstos se usaron como una forma de endeudamiento de alta velocidad, de refinanciamiento rápido de trillones de dólares, de deudas de un monto desconocido, porque gran parte de ellas son privadas y no se registran; no sabemos con exactitud a cuánto suman, pero son enormes.

Las ganancias que se registran con base a transacciones de este tipo aparecen como ganancias en los mercados de los mercados financieros regulares. ¡Esto es lo que aparece como el índice de rentabilidad y estabilidad de la economía estadounidense! ¡Estamos en una situación como la de Alemania de 1923! Como el verano y otoño de 1923 en Alemania.

No sabemos cuándo va a estallar, pero está listo para reventar, y cuando estalle ¡no habrá ningún banco grande de Estados Unidos o Europa que sobreviva! A eso es a lo que se refiere Bob Rubin. De eso es que estoy hablando yo.

¡Eso es lo que saben los principales economistas! La burbuja hipotecaria concentrada alrededor de Washington, en torno a la costa occidental de Estados Unidos, ¡está por estallar! Estamos hablando de chozas que tienen una hipoteca de un millón de dólares que van a venderse por 200 mil dólares. La gente que pensaba que era rica no tendrá nada o menos que nada. Esto puede ocurrir en cualquier momento.

Esto no es algo que está en el futuro. Esto no es magia, no es conjetura. ¡Esto es lo que sabemos! Y una autoridad en economía o la banca que le diga que no va a pasar es un estúpido o un mentiroso. ¡Cualquier funcionario pertinente de gobierno que niegue esto es un mentiroso o es un estúpido! Y debe ser removido del cargo por ese motivo.

Así que tendremos que tomar medidas al respecto.

Sin embargo, tenemos una solución. Tenemos que estar listos para la realidad de que este crac va a ocurrir. ¿Qué hace uno cuando ocurre? Bueno, si ocurre y no hacemos nada, si las medidas del actual Gobierno de Bush y Cheney continúan, uno diría que éste es el fin de la civilización, y todo el planeta va a entrar a una nueva Edad de las Tinieblas, tal vez por varias generaciones. Porque, a no ser que se haga algo para apuntalar la economía, en condiciones en que todos los bancos, los principales bancos del mundo están hundiéndose, y uno trata de funcionar con una economía descompuesta, sin financiamiento ni crédito, ¿qué va a pasar? Habrá caos, será un infierno, vamos a caer en una dictadura fascista o una tiranía, o peor.

Regresemos al Sistema Americano

Por tanto, hay una solución, y ésa es ir al preámbulo de la Constitución de Estados Unidos, la defensa nacional y la promoción del bienestar general para la presente y futuras generaciones. El gobierno somete al sistema bancario a una intervención, e impide que los bancos cierren sus puertas; reorganiza el sistema financiero para garantizar que la gente no quede sin casa, que se paguen las pensiones, que los negocios sigan funcionando; y, entonces, pasamos al crecimiento haciendo las cosas físicas que hay que hacer para que la economía crezca, y elevar el nivel de ingresos por encima de los gastos corrientes.

Así podemos resolver el problema. Tenemos que hacer esto en colaboración con otros países. Pero los países de Europa no pueden hacer esto por sí solos. Los países de Europa no tienen una verdadera soberanía. Ninguna nación de Europa hoy día tiene soberanía, porque todas son víctimas de sistemas de bancos centrales controlados por intereses privados, y que no son más que agencias de un concierto de intereses privados financieros. Así que los gobiernos están controlados por los banqueros; el Gobierno de Francia, el Gobierno del Reino Unido, el de Italia, están controlados por banqueros privados. ¡Los gobiernos son inferiores en poder político a los banqueros privados!

Por tanto, no hay ningún gobierno europeo dispuesto a someter a los banqueros privados a un proceso de bancarrota, que es lo que hay que hacer. Estados Unidos es la única nación que tiene una Constitución que le permite hacer esto por tradición: pasar a un sistema bancario nacional como lo describió Hamilton. Uno interviene a los bancos privados. Mantiene abiertas sus puertas. Impide que los cierren. Los reorganiza. Uno ve qué papeles son qué, y crea nuevos créditos para que crezca la economía con la construcción de infraestructura y otras cosas, suficiente como para garantizar que lo que ganemos por año supere lo que gastemos por año en términos de las cuentes corrientes. Tendremos que hacerlo.

Esto no es necesariamente algo que corresponda de forma inmediata y simple a la crisis que tenemos debido al huracán y la catástrofe nacional. Pero es algo que el gobierno tiene que estar listo a hacer.

Hay varios demócratas en el Senado y otras partes que probablemente tomarán muy en serio lo que acabo de decir. Sería improbable que lo hicieran si piensan que hay alguna forma de eludir lo que acabo de plantear. Pero si saben y confían que lo que digo es la verdad, no resistirían mucho, porque saben cuáles serían las consecuencias. El problema del lado republicano, no es que no haya republicanos que sean buenas personas; muchos son muy buena gente, en especial los que participan en la coalición bipartidista. Pero, debido a el condicionamiento de su partido, a la opinión pública de su partido, especialmente a partir de 1971–1972, muy pocos en el sistema político de este país quieren pensar de la forma que acabo de definir. Pero puedo decirles: “¿Quieren sobrevivir? ¿Quieren que sus prejuicios al respecto sean obstáculo para la supervivencia de nuestra nación?”

“¿Quieren salvar a los bancos? No pueden salvarse por sí solos. ¿Quién los va a salvar? Sólo el poder del gobierno puede salvar a los bancos. ¿Quieren salvar a los bancos? Recurran al gobierno. Usen el poder del gobierno y el consentimiento del pueblo en apoyo a su gobierno para que los bancos mantengan sus puertas abiertas y se mantengan funcionando las cosas que dependen de los bancos. Mantengan el empleo de la gente. Que la gente siga trabajando”.

Hay que enfrentar eso. Es parte de la crisis.

En cierto sentido, es por no reconocer esto, por la falta de voluntad para reconocerlo, que dirigentes políticos de este país, de otra forma talentosos, tiemblan como idiotas ante muchas cuestiones políticas. Porque, dicen: “No puedes hacer eso. El ánimo del país ha cambiado. Ahora estamos a favor de la austeridad fiscal. Ya no estamos por el bienestar general. Ya no podemos defender el Seguro Social. ¿Qué quieren que hagamos? ¿Que arriesguemos nuestras carreras?” Tienen miedo.

Yo tengo el miedo suficiente como para saber qué es lo que hay que hacer. El problema no es que tengan miedo, sino que no tienen suficiente miedo.

Mientras tanto, alguien como yo tiene que decirles: “Miren, yo estoy dispuesto a encarar esto. Yo estoy listo a encarar la guerra. Estoy preparado para encarar una crisis como la que tenemos por delante. Estoy listo para enfrentar una crisis financiera. Necesitamos más gente como yo, que tenga las agallas para encarar esta crisis. Yo tengo las agallas para encararla y sé lo que hay qué hacer”.

A reconstruir la economía

Freeman: Lyn, te doy las gracias por tus declaraciones y por tus respuestas a estas preguntas. Yo sé que no vas a ningún lado este fin de semana, y eso es bueno, porque yo sé que habrá muchas preguntas adicionales sobre estas cosas, especialmente de miembros del Senado.

Pero en este momento vamos a regresar a la intención original de la presentación del señor LaRouche hoy sábado, así que voy a pasarle la batuta a Marcia Baker, quien va a atender las preguntas de los jóvenes que están reunidos alrededor del país y el mundo. . .

Baker: Gracias. Lo que haremos ahora es ir en rotación a Boston:

“¿Cómo puede usarse la producción de nuevos empleos para vigorizar la economía? ¿De qué otra forma puede servir de alarma este desastre, para reconstruir nuestra economía y cambiar nuestra perspectiva general?

LaRouche: Bueno, ésta es una pregunta grande porque abarca muchos aspectos, pero vamos a hablar primero del asunto de Nueva Orleáns. Lo que se le ha hecho a Estados Unidos desde 1971, en particular, como hemos demostrado con exactitud con las animaciones económicas, es que secciones enteras del territorio de Estados Unidos se han destruido condado por condado. Por ejemplo, los estados de Michigan, de Ohio, Indiana, y demás. Los principales estados agropecuarios se han destruido. (Ver las animaciones en www.larouchepub.com/animations).

Secciones enteras de Estados Unidos han sido destruidas, y hay poblaciones que están mudándose a esta zona, aquí en el norte de Virginia, donde tenemos casuchas de cartón alquitranado que se están vendiendo con hipotecas de un millón de dólares o cantidades parecidas. Las clavan con tachuelas en vez de clavos, y las tachuelas no conectan con nada, solamente las meten, y puede que el edificio se mantenga en pie, y pueda que no, pero carga con una hipoteca de un millón de dólares. Hemos estudiado este asunto, ¡y literalmente no hay más! ¡Son basura! Usan lo que es virtualmente mano de obra esclava, a indocumentados importados de varias partes del mundo para construir estas chozas, y estamos cobrando tasas de interés fantásticas para meter a la gente en estas hipotecas, ¡y todo esto se va a venir abajo! Podríamos tener muy pronto un desplome del 60% o más del valor de las hipotecas en esta región; en este condado, Loudoun, en el mismo centro de la burbuja de las hipotecas de Estados Unidos. ¡Aquí mismo!

¿Cuál es el problema? Hemos estado concentrando la población en ciertas áreas, sacándola de otras áreas donde no hay oportunidad económica porque la hemos destruido.

Ahora, tomemos el caso de Nueva Orleáns y veámoslo desde esta perspectiva. Nueva Orleáns es el puerto clave para el sistema del río Misisipí, que se extiende por todos los llamados estados de producción agropecuaria, desde las montañas Rocosas, desde la línea de pluviosidad de 20 pulgadas este y oeste, desde los montes Allegheny y todo el oeste medio hacia abajo. La producción se mueve por río y por ferrocarril, al menos antes. Ahora todo va por camión porque la gente ya no sabe cómo manejar un tren, o quién sabe qué. Y los camioneros son baratos porque los puedes matar y tirar, ¿verdad? Son desechables. Al menos así es como los tratan.

En cualquier caso, este tremendo flujo de producción que antes venía desde el interior de Estados Unidos y bajaba por el sistema fluvial y por los sistemas relacionados de comunicación y transporte hacia la desembocadura del río Misisipí. Y ahí estaba Nueva Orleáns. El desarrollo de esa región estaba ahí. Ahora, si tomamos un área, la región de Nueva Orleáns, toda la región de la desembocadura del río Misisipí, uno puede ver que toda la zona que la alimenta a través del sistema fluvial que se extiende desde las Rocosas y los Allegheny se está destruyendo.

¿Qué vamos a hacer? Bueno, lo que vamos a hacer es que virtualmente se está destruyendo a Nueva Orleáns pero, si hemos de tener una nación, vamos a tener que reconstruir esto. Vamos a tener que hacer que funcione de nuevo Michigan; que ciudades que virtualmente han cerrado tendrán que funcionar de nuevo; que la producción agropecuaria en diferentes estados tendrá que reconstruirse; y como parte de esa reconstrucción veremos que cada una de las partes de esta región desde las montañas Rocosas y Allegheny para abajo, desde la frontera con Canadá hasta la desembocadura del Misisipí, constituyen una unidad integral.

Tenemos que pensar entonces sobre cómo desarrollar cada centímetro del territorio de toda esa zona, y establecer un nivel de productividad promedio por kilómetro cuadrado, y una distribución de la población que se corresponda. Pero todo dependerá de que funcione el puerto de Nuevo Orleáns, ésa es la desembocadura. Ésa es la piedra angular de todo.

¿Qué vamos a hacer? ¡Tenemos un desastre! Era un desastre antes de que golpeara la tormenta. Pero vamos a reconstruirlo para manera funcional. ¡Para establecer y restablecer nuestra autoridad al no rendir una ciudad! ¡No le vamos a entregarle territorio al enemigo! Vamos a recuperar el territorio. ¡Nueva Orleáns y Luisiana van a vivir! ¡Se las vamos a quitar al enemigo! Al enemigo interno y al enemigo externo que tenemos. Y al hacer eso, y al certificar que las características de esa ciudad que queremos preservar se conserven, vamos a reconstruirla como el puerto funcional como fue la intención original.

Ahora vamos a sacar a la gente temporalmente, porque no puede vivir ahí, morirá si se queda ahí. Vamos a limpiar ese basurero, a controlar las enfermedades, hacer que funcionen los ríos, los puertos, los canales, los diques. Vamos a proceder con un plan de reconstrucción y luego repoblar. Volverá ¡Nueva Orleáns renacerá! No vamos a gastar mucho dinero en reconstruir los prostíbulos o entretenimientos parecidos. Pero las cosas buenas sí las vamos a reconstruir, porque a la gente le gusta tener las cosas buenas que tenía antes y quiere que eso regrese.