Gobernantes perversos nos llevan hacia la aniquilación; el 1 de enero será el detonante

29 de diciembre de 2015

29 de diciembre de 2015 — El gigantesco estallido financiero que está ahora programado para inmediatamente después del día de Año Nuevo promete un cierre casi instantáneo de las economías de Estados Unidos, Europa Occidental, y la mayor parte de Sudamérica y Centroamérica. Será inmensurablemente peor que el de 2008 o que el de 1929.

El caso más reciente que se compara con el desastre que enfrentamos durante los próximos días, es la catástrofe que ocurrió en Europa durante el siglo 14. Entonces, como ahora, la descomposición cultural prolongada preparó el camino para una serie de acciones salvajes, antihumanas, ejecutados por gobernantes realmente satánicos que de repente precipitaron el colapso de la sociedad y la muerte en masa. En medio de la guerra perpetua, una serie de hambrunas a principios del siglo ayudaron a preparar el camino para el mal que siguió. En 1344, las casas bancarias lombardas de Bardi y Peruzzi se declararon en bancarrota, a raíz de lo cual la red bancaria veneciana cerró todo el sistema económico de Europa, imponiendo condiciones que derrumbaron más aún la resistencia de la población a las enfermedades. La Peste Negra (peste bubónica) atacó en 1347. Se estima que las olas sucesivas de epidemias mataron al 60% de la población de Europa.

Y ahora, hoy, luego del enorme deterioro cultural llamado siglo veinte, tres gobernantes satánicos nos llevan hacia nuestra destrucción inmediata: la reina Elizabeth, Barack Obama, y el Papa Francisco.

La reina-emperatriz Elizabeth II es una figura mucho más conscientemente perversa que su ancestro Jorge III, quien asesinó a nuestros patriotas hace 200 años. Ella representa al imperio británico del siglo 20, del lord Bertrand Russell que legisló y terminó con la ciencia y el arte a favor de las matemáticas muertas. Como Russell, ella y su marido promueven una reducción salvaje de la población mundial por cualquier medio. Esa fue la agenda ni tan secreta de su recién concluida conferencia de París sobre el cambio climático supuestamente ocasionado por el hombre.

El satanismo de la reina Elizabeth y sus símiles consiste en su impulsó para extinguir la “chispa divina” en el hombre, eso que hace al hombre “imagen y semejanza de Dios”. En otras palabras, humanidad.

Debería avergonzar a todo católico —de hecho, a todo cristiano— que el Papa Francisco haya adoptado el credo antihumano del imperio británico en su delirante y demente dizque encíclica “Laudato Si’ “. Desde entonces anda peleando por ella. Cualesquiera que sean sus motivos, se ha descalificado a sí mismo como Papa, hasta como simple cura.

El dizque Presidente Barack Obama es un títere de esta reina-emperatriz, bajo el control de la monarquía británica a través de Valerie Jarrett, que fue quien lo designó para ser Presidente para empezar, cuando era un obscuro senador estatal. Fue el dinero del narcotráfico controlado por la monarquía británica lo que le dio a Obama una victoria torcida sobre la favorita popular Hillary Clinton en las elecciones primarias demócratas de 2008. (Desafortunadamente, Hillary ha destruido todas sus cualidades desde que se convirtió en títere de Obama después de su elección).

Obama fue entrenado para ser un asesino en masa por su padrastro indonesio, Lolo Soetoro. Ahora, todos los martes, el encabeza una reunión en la Casa Blanca para decidir una nueva lista de gente para asesinar, incluyendo a ciudadanos estadounidenses, por medio de aviones robot (drones). El motivo por el cual la prensa más prominente le da paso libre (como el New York Times y el Wall Street Journal) es que temen que los asesine también. Probablemente lo hará.

Los congresistas comparten el mismo temor, justificado, pero ellos no tienen excusa. El juramento que hicieron ante la Constitución, es un juramento de soldado. Si no sacan a Obama de inmediato y cierran a Wall Street, no son verdaderos congresistas en absoluto.

En suma, tus líderes te han vendido al demonio. Tus congresistas te han vendido, en el mejor de los casos, por miedo. Pero las soluciones que aplicó Franklin Roosevelt en 1932 y 1933, en una crisis mucho más ligera, están todavía a nuestra disposición hoy. Solo un niño hablaría de las “probabilidades”; es obvio que las probabilidades están en contra nuestra. ¿Y qué?