Detrás de los "Documentos de Panamá": maniobra "anti-corrupción" de Londres para imponer cambios de régimen

6 de abril de 2016

6 de abril de 2016 — Con la renuncia del primer ministro de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, el gobierno de Islandia es el primero en caer, en medio de la ola de histeria orquestada por los medios en torno a los mentados “documentos de Panamá” que lanzaron sobre el mundo. El lanzamiento de esos documentos fue muy apropiado: a solo seis semanas antes de la conferencia internacional en Londres llamada “Cumbre contra la corrupción”, auspiciada por el gobierno británico para el 12 de mayo, con el propósito declarado de crear una “arquitectura contra la corrupción” supranacional fortalecida mediante la cual se puedan derrocar los gobiernos indicados.

De hecho, una campaña bastante desvergonzada para un imperio que ha funcionado por siglos en base al principio veneciano de “vicios privados, virtudes públicas”.

El primer ministro de su majestad, David Cameron, anunció la cumbre contra la corrupción el 28 de julio de 2015, en un discurso que dio en la Escuela de Política Pública Lee Kuan Yew de Singapur. Ahí declaró Cameron sin rodeos que la corrupción de los demás gobiernos provoca la migración y el terrorismo; que muchos refugiados escapan “desde los Estados africanos corruptos donde no tienen perspectivas económicas porque todo lo controla una élite corrupta”, y los grupos de Boko Haram, EIIS, Al-Qaeda, y demás, demuestran “en primer lugar, cómo puede un gobierno opresivo y corrupto echar a su pueblo en manos de los extremistas”.

Cameron citó al infame colonialista británico de la Universidad de Oxford (y ex asesor principal de la Comisión sobre África de Tony Blair), Paul Collier, para proponer que su cumbre anti-corrupción de mayo próximo, genere “un cambio fundamental en el modo en que la comunidad internacional combate la pobreza” utilizando la “ayuda internacional” para imponer una “mejor gobernanza”.

Transparencia Internacional —creada en 1993 bajo la instigación directa del príncipe Felipe— ha estado dando cuerpo a la agenda de la cumbre de Cameron. El 27 de enero de 2016, la sucursal británica de Transparencia publicó su propuesta para la cumbre, la cual conciben como una “coalición de los dispuestos”. Dicen ahí que las cumbres contra la corrupción son un fracaso porque se permite la participación de gobiernos “corruptos en serie”, y los dos países que mencionan por nombre en su propuesta son el de China y el de Arabia Saudita (como si fueran la misma cosa). Se debe excluir a los “inhibidores en serie, es decir, los países que utilizan excusas espurias para detener cualquier avance”, y si el protocolo diplomático exige que se les invite, “es vital que a los bloqueadores no se les permita dictar los terminos del debate”, agrega TI.

Esta junta de malandros en Londres se supone que acuerde la adopción de medidas tales como “un régimen de negación de visa de entrada a los sospechosos de corrupción”; “un régimen de exclusión corporativa entre países de igual mentalidad con el poder de ejecución”; y “proporcionar respaldo legal a los que viven en el extranjero para desafiar a la corrupción en sus países”.

Sin embargo, insisten, la clave del éxtio es el empleo de la prensa y de la “sociedad civil” para movilizar a las víctimas de ese culto a la estupidez so-capa de “combatir la corrupción” para convertirlos en turbas jacobinas que puedan tumbar gobiernos. En las palabras de TI: “La sociedad civil y la prensa libre son dos de los (pocos) mecanismo que pueden fomentar la transparencia y la responsabilidad, en particular en países que no son democracias”.

Es decir, “los documentos de Panamá”.