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El factor británico en el 11-S y el terror global

21 de abril de 2016
El Presidente George W. Bush brinda obedientemente a su majestad en una Cena de Estado en la Casa Blanca, a menos de seis años del 11-S. 7 de mayo de 2007.

21 de abril de 2016 — Aunque los medios masivos del mundo enfocan su atención, legítimamente, sobre la mano de Arabia Saudita detrás de los ataques del 11 de septiembre de 2001 — y todo el terror yihadista subsecuente alrededor del mundo — y el encubrimiento que ha hecho el Presidente Barack Obama de esos crímenes, los verdaderos autores de ese programa de asesinatos en masa no se hallan en Riad ni en la Casa Blanca, sino en Londres. Es por eso plenamente coherente y apropiado que el agente británico y encubridor en jefe del 11-S, Barack Obama, vaya directamente desde Riad a Londres al final de la semana a rendir homenaje, una vez más, a la reina británica.

Arabia Saudita ha sido siempre una posesión de la corona británica, desde la época de Lawrence de Arabia y la generación originaria de la Casa de Saud y el clero wahabí. En realidad, el control británico sobre los emiratos del Golfo Pérsico se remonta a los días del apogeo de la Compañía de Indias Orientales británica en los siglos 18 y 19. Pero a esta asociación con la realeza saudí dirigida por los británicos se le dio un fundamento mucho más formal y activo en 1985, cuando el príncipe Bandar bin-Sultan, un agente británico declarado, selló el acuerdo Al Yamamah con Margaret Thatcher, para establecer el plan de trueque de petróleo por armas, bajo el cual se apartaron cientos de miles de millones de dólares en los paraísos financieros extraterritoriales británicos para financiar el terrorismo, los golpes de Estado y asesinatos en todo el mundo.

Esa es la parte del 11-S que ha faltado en la muy retrasada revuelta público por el ocultamiento de las 28 páginas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S. ¿De dónde sacó el embajador saudí en Estados Unidos, el príncipe "Bandar Bush", el dinero para financiar a los dos secuestradores principales del 11-S que vivían en San Diego? De las cuentas de Al Yamamah en el Banco de Inglaterra, que fueron a parar a sus cuentas bancarias personales en el banco Riggs National de Washington. Fue su parte del botín de Al Yamamah, un mínimo de $2 mil millones de dólares.

Sin la protección de Londonistán, no habría ningún reino saudita ni infraestructura para el terrorismo yihadista, ni epidemia mundial de drogas y no habría la amenaza de una guerra mundial de extinción.

Desde antes de los ataques del 11-S —los cuales Lyndon LaRouche presenció en la televisión en vivo mientras era entrevistado en por el popular conductor de Utah, Jack Stockwell— LaRouche estuvo advirtiendo que ocurriría algún incidente tipo incendio del Reichstag, preparado para llevar a Estados Unidos hacia una dictadura bajo el gobierno de Bush y Cheney. En diciembre de 2000, el semanario Executive Intelligence Review había solicitado formalmente al Departamento de Estado de EU que incluyese a Gran Bretaña en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. El documento detalla una cantidad de quejas formales de varios gobiernos en el mundo, contra Londres por dar refugio y por financiar a terroristas y separatistas violentos de muchas partes del mundo.

Hubo muchas oportunidades para detener el derramamiento de sangre en masa, incluyendo el del 11-S, enfrentando directamente al verdadero enemigo de la humanidad, el imperio británico. No haberlo hecho en el pasado reciente nos ha llevado a este grave momento de crisis, cuando un imperio británico desesperado y en bancarrota se prepara para hacer volar al mundo en pedazos en vez de ceder el poder. Es el momento de acabar con la maquinaria terrorista saudí, junto con el imperio británico que dirige en realidad el teatro. Es hora de romper el encubrimiento sobre el 11-S y tumbar a Obama junto con el eje anglo-saudí. Podría ser la última oportunidad que tenga la humanidad para sobrevivir.