Crece la reacción en contra del encubrimiento a los saudíes de Obama y Brennan por el 11-S

6 de may de 2016

6 de mayo de 2016 — Luego del reconocimiento descarado que hizo el director de la CIA John Brennan en la televisión nacional el domingo 1 de mayo, en el sentido de que el Presidente Obama no tiene la menor intención de desclasificar las 28 páginas secretas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre las operaciones de inteligencia extranjera en los ataques del 11-S, aparte de su mentirosa interpretación de que las 28 páginas contienen “pistas no comprobadas” que fueron desechadas por la Comisión del 11-S, ha habido una oleada de repudio al encubrimiento continuado del aparato terrorista anglo-saudí.

El 3 de mayo, Paul Sperry, publicó un artículo en el diario New York Post con el encabezado “La clase dirigente miente sobre el Informe 11-S”. Sperry no solo ridiculiza las mentiras de Brennan, sino que presenta un documento de la misma CIA fechado el 2 de agosto de 2002, el cual dice que se cita en la primera página del capítulo secreto de 28 páginas, y que establece que “hay pruebas incontrovertibles de que hay apoyo a estos terroristas por parte del gobierno saudí”. Es obvio que a Sperry le han filtrado cuando menos partes de las 28 páginas secretas, y en el artículo le recuerda a Brennan que él era subdirector de la CIA en el momento en que se realizó ese informe. Sperry también desenmascara a Tom Kean y Lee Hamilton, quienes presidieron conjuntamente la Comisión del 11-S, por dar marcha atrás en su postura anterior de que las 28 páginas y todos los archivos de la Comisión que todavía están clasificados como secretos, y ahora sostienen que la Comisión exoneró a los saudíes y que la liberación de las 28 páginas solo enturbiaría las aguas. Sperry recoge en particular una mentira atroz de Brennan y de los comisionados, la mentira de que ni siguiera hubo evidencia en contra del clérigo saudí Al-Thumairy, quien vivía en Los Angeles y tenía contacto con el agente de la inteligencia saudí al-Bayoumi y los dos terroristas que vivían en San Diego, al-Hazmi y al-Mihdhar.

Dan Christensen, quien tiene una demanda pendiente en contra del FBI para que libere 80,000 páginas de documentos relacionados con la célula de terroristas del 11-S que vivía en Sarasota, Florida, publicó un artículo en su portal electrónico Florida Bulldog el 3 de mayo, donde cita una entrevista que el condujo el 2 de mayo con el ex director de la CIA—quién fue copresidente de la Investigación Conjunta del Congreso—, Porter Goss, en la cual Goss sigue exigiendo la liberación de las 28 páginas, en marcado contraste con Brennan. El artículo de Christensen se titula “Es un asunto de espía contra espía, pues los directores de la CIA difieren sobre hacer público 28 páginas escondidas del informe sobre el 11-S”. En su entrevista con el Bulldog, Goss describe una reunión que sostuvieron él y el senador Bob Graham con el entonces director del FBI, Robert Mueller, quien los sorprendió con la exigencia de que el capítulo de las 28 páginas se tenía que suprimir por completo sin dar ninguna explicación.

Kristen Breitweiser, viuda de una de las víctimas del 11-S, escribió otro artículo para el Huffington Post, en donde destroza meticulosamente las declaraciones de Kean y de Hamilton, bajo el encabezado de “Alboroto sobre las 28 páginas: ¿La conexión Saudita-CIA?” y se refiere nada menos que a John Brennan, quien fue jefe de la estación de la CIA en Arabia Saudita, luego de trabajar ahí también a principios de su carrera como funcionario de la CIA.

Diversas otras publicaciones recogieron los mismos temas: Obama y Brennan están encubriendo a los saudíes. Entre otras, se cuenta el artículo de Larry Provost en el portal townhall.com y varios artículos nuevos en Breitbart News y otras publicaciones conservadoras.

Si Obama y Brennan pensaban que podrían intimidar a todo mundo y salirse con su encubrimiento de los crímenes del 11-S, están muy equivocados. Como lo ha venido advirtiendo Lyndon LaRouche durante semanas, Obama no es nada más que un agente británico que hará lo que le diga la monarquía británica, y no hará nada que ponga en peligro al imperio anglo-saudí. Hasta que Obama sea sacado de su cargo, es probable que esta batalla continuará, y la negativa de Obama a liberar las 28 páginas es más que suficiente causa para su juicio político.