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Tienes la clave para detener la ola de terror: ¡Utilízala!

14 de junio de 2016
Obama y el rey Salman bin Abdulaziz durante uno de los muchos viajes del Presidente a Arabia Saudita mientras que mantiene el encubrimiento al 11-S. [flickr/whitehouse]

14 de junio de 2016 — La masacre en Orlando, Florida, por el presunto seguidor del Estado Islámico, Omar Mateen, no es sino la última en una serie de ataques terroristas horrendos que provienen todos de un "acuerdo petrolero" de hace treinta años entre las monarquías británica y saudí. Ese acuerdo les ha dado un inmenso poder y enormes recursos ocultos para crear el aparato yihadista global de hoy, para lanzar ataques contra las naciones.

Hasta tanto no se exponga y se desmantele el aparato anglo-saudí — como se puede hacer con la publicación de los documentos sobre el 11-S que se han mantenido en secreto por 15 años— el mundo seguirá enfrentando los ataques de terror ciego constantemente, en cualquier lugar y en cualquier momento.

El Presidente Obama se convirtió en un agente consciente y dispuesto de los británicos y saudíes en sus guerras perpetuas, que han esparcido el caos por todo el Oriente medio y el norte de África, y el terrorismo por todo el mundo.

Que "coincidencia" que Obama se reúne hoy con el príncipe saudí Salman en Washington, mientras que su director de la CIA, John Brennan, sale por todos lados tratando de "exonerar" a Arabia Saudita por su papel en sentar las bases para los ataques del 11-S y el asesinato de 3,000 personas. Tanto Obama como el príncipe Salman se reúnen con las manos ensangrentadas.

El director fundador de EIR, Lyndon LaRouche, señaló ayer que él ha estado al tanto de este poder británico-saudí par el mal desde hace décadas, y eso contribuyó a que hiciera la advertencia muy pública desde el 3 de enero de 2001, de que había la amenaza de un ataque terrorista en grande sobre Estados Unidos para el otoño de 2001.

"Todavía estamos enfrentados al mismo caso, incluyendo al asesinato en masa en Orlando ayer", dijo LaRouche.

El joven asesino de Orlando había viajado a Arabia Saudita en 2011 y 2012, como empleado de la compañía británica internacional de seguridad, G4S; y regresó aparentemente con la personalidad muy cambiada.

Las guerras de Obama conducen en lo inmediato ahora a una confrontación con Rusia, y amenazan con una Tercera Guerra Mundial, por lo cual, subrayó LaRouche, es sumamente esencial desenmascarar el papel saudí-británico, desde el 9-11, y forzar la salida de Obama.

El "acuerdo" que lanzó mil ataques

En 1985, el príncipe Bandar bin-Sultan, embajador saudí en Estados Unidos, comenzó una asociación de largo plazo con el gobierno británico de la entonces primer ministro Margaret Thatcher. Bajo la cubierta de un acuerdo de intercambio de petróleo por armas llamado Al Yamamah (que significa "la paloma" en árabe), las monarquías británica y saudí establecieron un fondo extraterritorial que creció en proporciones enormes, y que se ha utilizado para llevar a cabo ataques terroristas en el mundo contra las naciones selectas.

Durante los más de 30 años desde que se estableció Al Yamamah, las monarquías británica y saudí han amasado más de $100 mil millones de dólares en una cadena de fondos secretos extraterritoriales, para financiar el terrorismo, asesinatos, golpes de Estado y otros crímenes como la invasión y bombardeo de Yemen que actualmente llevan a cabo los saudíes, británicos y estadounidenses.

Al amparo de Al Yamamah, la empresa británica fabricante de armas, BAE Systems, ha proporcionado un estimado de $40 mil millones de dólares en armamento al Ministerio de Defensa y Aviación saudí, y otros $20 mil millones de dólares en sobornos a los príncipes saudíes y funcionarios de defensa. A cambio, los saudíes han proporcionado a los británicos 600,000 barriles de petróleo diarios. A través de los gigantes petroleros anglo-holandeses British Petroleum y Royal Dutch Shell, el petróleo se ha vendido en los mercados abiertos del mundo, generando cientos de miles de millones de dólares en ganancias. Un estudio realizado por EIR en 2007 estimaba que, como mínimo, se habían amasado $100 mil millones de dólares excedentes que se habían depositado en cuentas bancarias secretas extraterritoriales para utilizarlas en operaciones conjuntas encubiertas anglo-saudíes.

En una biografía oficial, el príncipe Bandar alardea de utilizar estos fondos encubiertos y de la naturaleza especial del acuerdo Al Yamamah, el cual solo se podría haber llevado a cabo entre dos monarquías absolutas que pueden actuar por encima de las leyes y pueden desdibujar la separación entre actividades públicas y privadas.

El EIIS (Estado Islámico de Iraq y Siria), en otras palabras, NO ha sido en definitiva la operación terrorista islámica más rica del mundo.

En 2007, cuando los medios británicos realizaron una denuncia limitada del escándalo de los sobornos de Al Yamamah, el primer ministro británico Tony Blair cerró la investigación que conducía la Oficina de Fraudes Serios (SFO, por sus siglas in inglés) del gobierno británico, sobre la base de que la asociación anglo-saudí era esencial para la seguridad nacional británica. La orden de terminar la investigación llegó a unas horas de la decisión que tomó el gobierno suizo para permitir el acceso de la SFO a las cuentas bancarias secretas de Wafiq Said, un testaferro de los fondos de Al Yamamah.

El acuerdo Al Yamamah fue una transacción muy lucrativa para el príncipe Bandar, quien recibió una comisión de cuando menos $2 mil millones por su papel en iniciar el programa (fuentes de inteligencia de Estados Unidos estiman que Bandar recibió más de $10 mil millones de dólares en el acuerdo).

Sobre la cuestión de 3,000 estadounidenses asesinados

Bandar está implicado directamente en los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center y el Pentágono. Se transfirió dinero de la cuenta bancaria personal de Bandar y de su esposa princesa Haifa (hermana del director de larga data de la inteligencia saudí, príncipe Turki al-Faisal) a dos de los secuestradores del 11-S, Khalid al-Mihdhar y Nawaf al-Hazmi, por medio de los funcionarios de inteligencia saudí Omar al-Bayoumi y Osama Basnan. Los fondos salieron de cuentas de la Oficina de Apoyo a Exportaciones de Defensa (DESO, por sus siglas en inglés) del Ministerio de Defensa británico, cuentas que estaban en el Banco de Inglaterra y que fueron transferidos a la cuenta de Bandar en el Riggs National Bank en Estados Unidos. Asimismo, al-Bayoumi y Basnan recibieron fondos a través de un empleo fantasma con una empresa de defensa saudí, la Dalah Aviation, la cual es contratista única del Ministerio de Defensa saudí.

Un juez federal de Sarasota, Florida, se encuentra ahora en el proceso de revisar más de 80,000 páginas de documentos del FBI que habían sido ocultados de la investigación original y que tienen que ver con una célula de los secuestradores del 11-S en Sarasota, y con sus vínculos a un acaudalado empresario saudí prominente que nexos estrechos a la monarquía saudí. Semanas antes de los ataques del 11-S, la familia saudí que residía en una urbanización cerrada por seguridad en Sarasota, salió del país abruptamente. En el sitio quedaron posesiones suyas que indican que salieron en un plazo muy breve. El FBI llevó a cabo una prolongada investigación sobre esa familia, porque habían hospedado a tres de los secuestradores del 11-S, entre ellos el líder de la célula, Mohammed Atta, en varias ocasiones, de acuerdo a los registros de seguridad y grabaciones de los videos de seguridad donde aparecen Atta y los demás entrando y saliendo del complejo residencial.

El FBI ocultó estos hechos y la documentación a los miembros de la Investigación Conjunta del Congreso y a los de la Comisión del 11-S. El ex senador Bob Graham, quien co-presidió la Investigación Conjunta del Congreso, insiste ahora que la existencia de los vínculos de la realeza saudí a la célula de Sarasota, cuando se junta a la evidencia del apoyo del gobierno saudí a la célula de San Diego, plantea más interrogantes sobre los ataques del 11-S. El senador Graham ha preguntado públicamente, ¿y que hay en Herndon, Virginia, y en Paterson, New Jersey?

Un documento de 47 páginas elaborado por dos de los asistentes de la Comisión del 11-S que habían trabajado antes para la Investigación Conjunta del Congreso y que habían escarito el capítulo de 28 páginas que se suprimió, identificaron un total de 20 funcionarios saudíes que nexos probados a los 19 secuestradores antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Esos nexos iban desde el sur de California hasta la embajada saudí en Washington hasta la embajada saudí en Berlín, Alemania. El ex secretario de la Armada, John Lehman, miembro de la Comisión 11-S, le dijo al programa "60 Minutes" de la CBS, que la Comisión no llevó a cabo una investigación exhaustiva de las pistas que se debieron haber seguido con relación a la monarquía saudí y el respaldo del régimen saudí a los secuestradores. Lehman, entre otros miembros de la Comisión, ha hecho llamados para que se lleve a cabo una nueva investigación a fondo, de arriba abajo, sobre el 11-S, una investigación en la que se esclarezca plenamente todas las pistas que conducían a la realeza saudí y que fueron suprimidas.

Durante los más de treinta años del programa Al Yamamah, se han transferido fondos a través de estas cuentas secretas extraterritoriales, así como a través de las organizaciones de beneficencia saudíes, para financiar una red mundial de mezquitas y madrazas que han reclutado a generaciones para el aparato extremista wahabista-salafista que es la fuente de reclutamiento al terrorismo yihadista sunnita en el mundo entero.

Qué hacer

Las pruebas que contiene el capítulo de 28 páginas todavía clasificado como secreto, de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S, abren la puerta para desentrañar toda la operación terrorista anglo-saudí. Sin una comprensión del papel de la monarquía británica y los servicios de inteligencia británicos en el aparato yihadista, es imposible acabar con sus capacidades.

En una entrevista que le hicieron el domingo al director de la CIA, insistió en que los estadounidenses "no le deben creer" al capítulo de 28 páginas, porque él teme que está a punto de ser desclasificado por la presión. Pero un representante republicano del Congreso respondió en un tuit que "el director de la CIA se debe referir a unas 28 páginas diferentes a las que yo leí. Libérenlas y que el pueblo estadounidense decida".

Tienen en sus manos los medios para contraatacar esta operación británico-saudí. Utilícenlas. Que salgan las pruebas sobre los saudíes. Saquen a Obama. "Esto se debe hacer rápidamente", dijo LaRouche ayer, "para impedir más destrucción en el mundo".