Sobrevivientes del 11-S piden justicia; Obama en el banquillo de los acusados

20 de septiembre de 2016

20 de septiembre de 2016 — En los 15 años desde que miles de personas perdieron sus vidas –-y otras las dieron por otros— en los ataques terroristas del 11-S, su sacrificio ha sido traicionado, una y otra vez, por los Presidentes Bush y Obama, quienes lanzaron guerra tras Guerra de agresión en contra de naciones inocentes del 11-S, mientras que ocultaron y defendieron a los patrocinadores del terrorismo islámico.

Esta burla terrible de Bush y Obama de la dizque “Guerra al terrorismo” ha costado literalmente millones de vidas inocentes.

Las revelaciones que se hicieron la semana pasada en la Cámara de los Comunes del Reino Unido, sobre solo una de esas guerras desastrosas, la guerra contra Libia, ha obligado al ex primer ministro británico David Cameron a renunciar, y probablemente terminará con la carrera política del ex Presidente francés Nicolas Sarkozy. Solo Obama ha quedado impune, y él fue el que insistió en destruir al gobierno de Libia por completo, lo cual desató el caos y el terrorismo.

Si continúa esta farsa de “guerra al terrorismo”, todas esas víctimas y heroícos rescatistas del 11 de septiembre de 2001, habrán muerto en vano.

Si no se pone fin a esa farsa, podría significar una guerra mundial.

Esto se puede acabar ya. El martes 20 las familias de las víctimas del 11-S manifestarán ante la Casa Blanca, para exigir que Obama promulgue la Ley Contra los Patrocinadores del Terrorismo (JASTA, por sus siglas en inglés), que fue aprobada por unanimidad en el Senado y en la Cámara de Representantes. La monarquía saudí ha quedado expuesta como patrocinadores del extremismo islámico y del terrorismo en todo el mundo, y pueden ser llevados a juicio por las víctimas por medio de esta ley.

Obama declaró su intención de vetar esta última oportunidad para hacer justicia; pero está aislado. Si el Congreso (y los ciudadanos) actúan esta semana, puede ser obligado a promulgar la JASTA o su veto se podría anular de inmediato. Entonces puede haber un verdadero cambio en la política.

Podemos terminar con la pesadilla de las guerras perpetuas de “cambio de régimen” y la confrontación con Rusia y China que Obama retomó de Cheney y Bush.

Hay un paradigma completamente nuevo en el mundo fuera de Estados Unidos, a partir de la cumbre del G20 que realizó China los días 3 y 4 de septiembre. Esa cumbre resolvió acompañar el enfoque exitoso de China. Ese enfoque significa acabar con los problemas de la falta de crecimiento económico y del crecimiento productivo, no mediante la impresión incesante de dinero y las tasas de interés negativas, sino mediante la ciencia, y la asociación económica de las naciones para realizar proyectos que abarcan continentes para producir la nueva infraestructura. Y significa acabar con el respaldo oficial a grupos terroristas para utilizarlos contra otros países, como ha hecho el gobierno de Estados Unidos.

Para unirse a este paradigma, Estados Unidos necesita que el Congreso apruebe la Ley Glass-Steagall y que clausure los casinos de especulación de Wall Street. Y tiene que emitir crédito nacional para generar empleo productivo y productividad.

Todo esto empieza con llevar a Obama a la justicia, quien se encuentra ya en el banquillo de los acusados por proteger a quienes auspician del terrorismo y por librar guerras que generan el terrorismo.

No es demasiado tarde para que el Congreso de Estados Unidos, presionado por el pueblo estadounidense, actúe con suficiente rectitud como lo ha hecho la Cámara de los Comunes británica para sacar a David Cameron. El mundo estará observando la pelea por la justicia en Washington.