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El pueblo de Estados Unidos puede derrotar a Obama otra vez, para detener un crac peor que el de 2008

3 de octubre de 2016
El director de la CIA John Brennan y Obama, fieles amigos del reino saudita, sufrieron una derrota irreparable la semana pasada con la promulgación de la Ley JASTA. (Foto official de la Casa Blanca por Pete Souza).

3 de octubre de 2016 — ¿Qué se tiene que hacer para llevar a la justicia al Wells Fargo y demás delincuentes de Wall Street, antes de que nos acarreen otra vez un desempleo y empobrecimiento masivo?

El voto casi unánime en el Congreso para anular el pretendido veto de Obama contra la Ley de Justicia Contra los Patrocinadores del Terrorismo (JASTA, por sus siglas en inglés) fue un gran triunfo para la justicia. Fue una derrota tremenda para una peligroso presidente, cuyo gobierno amenaza públicamente con lanzar el terrorismo contra Rusia e incluso con armas nucleares.

Aprovechen la experiencia de la JASTA para recordar lo que el pueblo de Estados Unidos puede hacer de su propia voluntad, como lo hizo en la ocasión de lograr la anulación del veto de Obama. Asimismo, recuerden la rebelión similar que detuvo a Obama en 2013, cuando luego de los desastrosos resultados de la guerra en Libia, estaba a punto de enviar las fuerzas armadas de Estados Unidos a Siria para multiplicar el desastre.

En ambas ocasiones, se transformó al Congreso siempre lleno de vaguedades y disimulos con una movilización popular para que actuase como un verdadero cuerpo constitucional, cuando la supervivencia moral y la dignidad de la nación estaba en juego.

Tenemos enfrente a un sistema bancario que se dirige a nuevo derrumbe que, si no se cambia rápido para restaurar la política de la ley Glass-Steagall, empobrecerá a los pueblos de Europa y de Estados Unidos mucho más de lo que hizo el crac del 2008. Los grandes bancos de Europa y de Estados Unidos están metidos todos en un desastre que tiene como sede a Londres y a Wall Street, que han hecho de la delincuencia bancaria una rutina y ahora amenaza en consecuencia a estallar de nuevo en un caos generalizado.

El banco alemán Deutsche Bank es el "líder" mundial en las apuestas con derivados financieros y ahora "dirige" al sistema bancario transatlántico hacia otro crac.

El banco Wells Fargo fue uno de los más grandes, y alegaba que era "el más limpio", y ahora a quedado expuesto como uno de los peores delincuentes. La justicia exige que el Wells Fargo, y todos los demás bancos de Wall Street, se dividan entre su banca comercial y su banca de apuestas, para eliminar las operaciones de casino de derivados y cambiar toda su administración. La justicia, en el caso de Wall Street, significa la justicia de la ley Glass-Steagall, como hizo Franklin Roosevelt en su momento para hacer frente a una crisis similar.

Y tenemos que hacer que el Congreso haga esto rápido.

Lo que está en juego, en esencia, es el progreso económico, la perspectiva de retornar a la inversión en avances tecnológicos y verdadero crecimiento productivo.

La solución se remonta a la adopción de las "Cuatro Leyes Cardinales" para el progreso sostenido de largo alcance, que planteó el director fundador de EIR, Lyndon LaRouche, en mayo y junio de 2014.

Lo primero es restaurar la Ley Glass-Steagall, para provocar que le sigan las naciones europeas también. Lo segundo es la emisión de crédito nacional para la producción mediante un banco nacional hamiltoniano o como la Corporación Financiera para la Reconstrucción de Roosevelt. Tercero, guiar la inversión de ese crédito hacia la definición de los proyectos de infraestructura más avanzados, lo cual agregará el mayor grado de nueva productividad a la población, y revivir el programa de exploración espacial y de la Luna en cooperación con China en particular. Cuarto, adoptar finalmente un verdadero programa de urgencia para desarrollar la energía de fusión nuclear y las tecnologías de fusión.

Este enfoque determinará la verdadera capacidad para el progreso de la economía, empelo productivo y productividad. Y toad la actividad sobre el mismo desde mayo y junio de 2014 ha hecho posible que la ley Glass-Steagall sea la cuestión número uno sobre la justicia económica y el progreso de Estados Unidos ahora mismo.