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Una conmoción global para un sistema muerto

10 de noviembre de 2016
El Presidente electo Donald Trump, en su primera reunión de cabildo abierto, el 19 de agosto de 2015 en la Academia Pinkerton de Derry, NH. Foto: Michael Vadon CC-SA.

9 de noviembre de 2016 — La sorprendente victoria electoral de Donald Trump este martes solo se puede entender adecuadamente en el contexto de los acontecimientos internacionales que reflejan todos un poderoso repudio popular al sistema de guerra y usura que ha dominado a la región transatlántica por los últimos dieciséis años de las presidencias de Bush y de Obama. Esta revuelta es de carácter internacional, y se reflejó en junio pasado de este año cuando los británicos votaron para rechazar a la Unión Europea en el referéndum sobre el Brexit. Hay reflejos de esta revuelta en Alemania, donde las políticas contra Rusia del gobierno de Merkel se enfrentan con un muro de oposición, incluso de prominentes círculos industriales alemanes que ven el comercio y la cooperación con Rusia como un requisito existencial.

Este patrón se extiende más allá de la importancia de los acontecimientos en Estados Unidos solo, lo cual no disminuye en lo más mínimo la importancia de la revuelta del electorado estadounidense contra la élite de Wall Street y de Washington. Un número considerable de votantes estadounidenses vieron a Hillary Clinton como la continuación de las viejas malas políticas de los últimos 16 años, y la vieron además como alguien que provocaría una guerra con Rusia que podría significar el fin de la vida sobre este planeta como la conocemos.

El voto por Trump fue un voto en contra del peligro de guerra, lo cual se llegó a vincular de manera creciente a las diatribas de Hillary Clinton contra Vladimir Putin durante toda su campaña. Fue un voto a favor de la transformación de la política económica de Estados Unidos, empezando con la reinstitución de la separación bancaria de la ley Glass Steagall, lo cual Trump adoptó públicamente en uno de los discursos importantes de campaña en Charlotte, Carolina del Norte, en donde él también advirtió que si Hillary Clinton fuese electa, desataría la Tercera Guerra Mundial.

El mandato del 8 de noviembre es por la renovación de los valores y políticas tradicionales de Estados Unidos, empezando con una reanimación de la economía real, a través de la inversión de capital en la infraestructura y en la reconstrucción de la industria.

Lyndon y Helga LaRouche transmitieron un vigoroso mensaje en un diálogo con colegas el 9 de noviembre, el cual se transmitió parcialmente por el portal de Internet de LPAC-TV como videoconferencia especial de las elecciones. El señor LaRouche hizo un llamado por “un Nuevo Trato para el Universo”, lo cual implica un relanzamiento del programa espacial de Estados Unidos, en asociación con naciones como China, que ha continuado con el imperativo extraterrestre de la humanidad, mientras que Estados Unidos, bajo el Presidente Barack Obama, clausuró efectivamente el otrora gran programa espacial de Estados Unidos. Tanto Lyndon como Helga LaRouche destacaron que ha llegado el momento en que la humanidad debe ver más allá del mero interés nacional, al interés de la humanidad en su conjunto. “Tenemos que tender la mano para ver a la humanidad con una luz más amplia, ampliando el poder de la humanidad sobre el universo”, declaró el señor LaRouche.

Hay un movimiento global en la dirección de tales ideas profundas y desafíos. Se refleja en el liderazgo chino en la exploración espacial y en la creciente colaboración entre China, Rusia e India en el desarrollo de la región euroasiática, a través de grandes proyectos de infraestructura. Es solo en el contexto de estos cambios globales profundos que se puede situar adecuadamente la importancia plena de la votación del martes. El repudio al viejo sistema moribundo con una avalancha de votantes estadounidenses es un punto de partida, pero no es la garantía. Esto tomará más trabajo, pero el camino se ha iniciado.