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La revuelta de los perdedores en Berlín: la música de la historia se toca en otra parte

25 de noviembre de 2016
La Canciller de Alemania, Angela Merkel. Foto: European People's Party.

Por Helga Zepp-LaRouche

Este artículo se publicó originalmente en el periódico del partido político alemán Movimiento de los Derechos Civiles Solidaridad (BüSo), que preside Helga Zepp-LaRouche.

19 de noviembre.- Las grandes oleadas de histeria en los círculos atlanticistas recalcitrantes y medios de comunicación de masas, que ya se agitaban antes de las elecciones de Estados Unidos, han alcanzado una escala sin precedentes desde la victoria de Trump y nos dan una evidencia clínica del estado mental de estas personas y de su concepto de democracia. Evidentemente, prefieren a Hillary Clinton como Presidente y la Tercera Guerra Mundial como resultado de su política anunciada para Siria, y no la posible mejora de las relaciones ruso-estadounidenses, indispensable para establecer la paz mundial y lograr soluciones positivas para Siria y Ucrania.

Es extraordinario que después de que el repudiado presidente Obama lograra disponer de tres días para quedarse en el Hotel Adlon de Berlín, cenar y hablar con su amiga Ángela Merkel, y luego celebrar una minicumbre de los autoproclamados "Seis" europeos, entre los dos decidieran, junto con los demás jefes de Estado, prolongar un año más las sanciones contra Rusia. Estos otros no muy seguros fueron el Presidente francés Francois Hollande (7% de aprobación), el primer ministro italiano Matteo Renzi (el probable perdedor en un referéndum italiano a realizarse el 4 de diciembre), el primer ministro español Mariano Rajoy (jefe de Estado interino de un gobierno de minoría), y la desventurada primera ministra británica Theresa May. Es dudoso que puedan contribuir a la cohesión de la UE con este movimiento para convertirse en un virtual directorio de la Unión Europea, y luego decreten una política a la que se oponen la mitad de los países miembros.

Es obvio que estos autoungidos "Seis" aún no han comprendido que su variante de la política neoliberal, basada en la confrontación con Rusia y China, fue eliminada con el voto por el Brexit en junio y en las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos. No han comprendido que en el mundo transatlántico se ha desarrollado una situación que se evoca en la Declaración de Independencia Americana; es decir, que si los gobiernos se han vuelto "destructivos de los fines" de su mandato, específicamente, garantizar los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, entonces es el derecho del pueblo —mejor dicho, es "su deber"— cambiar o abolir tal gobierno. La "larga serie de abusos y usurpaciones" detallada en la Declaración de Independencia corresponde exactamente a lo que la gente que Hillary Clinton llamó tan despectivamente "basura despreciable" ha soportado bajo las políticas de Obama; abusos y usurpaciones que no quería que continuaran bajo la presidencia de Hillary Clinton.

Los autoungidos Seis y sobre todo los completamente locos miembros de los medios de comunicación, que no se resisten a lanzar amenazas contra Trump, disfrazadas de humor, están tan atrapados en su propia ideología, que no pueden captar la dimensión de ley natural de esta revolución.

Sin embargo, el 18 de noviembre, el New York Times publicó un artículo en la portada titulado "Idea a la medida de Trump para un nuevo Presidente: construir algo inspirador". El Times expresó correctamente que Trump solo puede unir al país si alinea inversiones en grandes proyectos de infraestructura, como los que se ha ignorado totalmente en las últimas décadas. Debe construir versiones modernas del puente Golden Gate de Franklin D. Roosevelt, la presa Hoover y el túnel Lincoln. Luego, este "connotado" periódico, enumeró los proyectos más importantes de Roosevelt. Pero el artículo está, por supuesto, muy por detrás del programa de Lyndon LaRouche, quien publicó en 2015 una propuesta para construir la Nueva Ruta de la Seda en Estados Unidos, un programa de construcción de infraestructura a gran escala y reindustrialización, que lo integraría al Puente Terrestre Mundial.

La Cumbre de la APEC

Mientras tanto, la "cooperación donde todos ganan" para el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda avanza a pasos de gigante. Es el tema dominante en la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima, la capital del Perú, del 19 al 20 de noviembre, en la que el Presidente chino Xi Jinping y el Presidente ruso Vladimir Putin, así como el primer ministro japonés Shinzo Abe, participan y celebran reuniones bilaterales. De antemano, Abe se había reunido con el Presidente electo Trump y confirmaba sus admirables cualidades de liderazgo.

Antes de la cumbre de la APEC, el Presidente Xi realizó una visita de Estado a Ecuador y tiene visitas de Estado programadas al Perú y a Chile para después de la misma. El Presidente Xi y el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, acordaron una "Asociación Estratégica Integral" entre sus naciones, lo que implica intercambio y cooperación regulares y amplios sobre una amplia gama de temas. Entre estos están el fortalecimiento de la inversión productiva, el desarrollo de las relaciones económicas y comerciales, la cooperación económica y la cooperación en ciencia y tecnología. China ya ha provisto una generosa ayuda para la reconstrucción de edificios y áreas que fueron destruidos por el severo terremoto de abril de este año.

El Presidente Correa agradeció de manera elocuente a China y destacó que ambos países tienen mentalidades afines. China quiere basar su economía en la innovación; Ecuador busca pasar de ser un exportador de materias primas a ser una economía basada en el conocimiento. Sin el financiamiento y la transferencia de tecnología china, esto sería imposible. En una declaración conjunta, se comprometieron a trabajar juntos para la realización de grandes proyectos en las áreas de petróleo, gas, minería, infraestructura, agua, gestión del agua, comunicaciones, sector financiero, agricultura, petroquímica, construcción naval, metalurgia, fabricación de papel, y la construcción de una nueva ciudad de la ciencia. En su discurso, el presidente Correa subrayó que la visita de Estado del Presidente Xi fue el evento más importante de la historia del Ecuador. ¿Puede usted imaginar a la canciller Merkel yendo a Grecia con tal programa? Probablemente no. El ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se enfurece cuando un periodista pregunta sobre un alivio parcial de la deuda —como ocurrió en una conferencia de banqueros en Fráncfort— y luego pontifica acerca de que los griegos han vivido por encima de sus posibilidades. Esto, después de que la política de austeridad de la Troika ha llevado a 45 por ciento de los griegos por debajo de la línea de pobreza. La política del sector transatlántico no es "todos ganan", sino "todos pierden", a menos que, por supuesto, uno sea banquero o un ejecutivo corporativo. Ahora que el acuerdo de libre comercio de Obama para Asia, el TPP, está tan muerto como el TTIP para la región atlántica, en la agenda están la inclusiva Zona de Libre Comercio de Asia-Pacífico (FTAAP, en sus siglas en inglés) y la Asociación Regional Integral (RCEP, en sus siglas en inglés), diseñadas por los chinos.

En respuesta a los artículos irresponsables de los medios de comunicación sobre estos acuerdos comerciales, los portavoces oficiales rusos y chinos subrayaron que en modo alguno pretenden excluir o aislar a Estados Unidos. Xinhua citó al portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, quien dijo que China no asumiría un papel de liderazgo en el FTAAP ni en el RCEP, y que los acuerdos comerciales han sido propuestos para trabajar juntos, no unos contra otros. El contraste con el "Estados Unidos dicta las reglas" de Obama no podría ser más claro.

Otro tema importante de discusión en la conferencia de la APEC es la construcción del ferrocarril bioceánico de Brasil al Perú, del Atlántico al Pacífico, que también será construido con la ayuda de China y cuya construcción es un paso importante hacia el desarrollo infraestructural del continente latinoamericano.

El contraste entre los dos paradigmas, entre la "perspectiva de todos ganan" de la Nueva Ruta de la Seda, y la "comunidad occidental de valores" de Obama y Merkel, no podría ser más obvio. En el primero, las naciones trabajan para el beneficio mutuo de su desarrollo común. En el último se habla mucho de democracia, libertad y derechos humanos, pero existe un silencio ensordecedor sobre los ataques con drones, los cambios de régimen contra gobiernos legítimos con la ayuda de grupos terroristas, vigilancia total, y políticas de austeridad que acortan la vida.

Como dijo Abraham Lincoln: "Se puede engañar a algunas personas todo el tiempo, y a todas algún tiempo, pero no a todas todo el tiempo".

Ya es hora de que Alemania se libere del dominio de la fantasía de la dominación imperial, ya sea dictada por Washington y Londres, o derivada de "Más Europa". El futuro de la humanidad solo puede residir en un paradigma completamente nuevo que sirva a los intereses de la humanidad y respete el derecho internacional, un paradigma mediante el cual se puede desarrollar el potencial creativo de cada ser humano en este planeta. Y es precisamente por esto que necesitamos cooperar con la Nueva Ruta de la Seda.