El Secretario de Seguridad Nacional de Trump, habla sobre drogas, oportunidades económicas e inmigración

25 de enero de 2017

24 de enero de 2017 — Un muro en la frontera, o cualquier barrera física, no va a detener la inmigración ilegal, debido a “las ganancias increíbles que salen de nuestro país por el consumo de las drogas”, afirmó el 10 de enero en la audiencia de su confirmación, el general John Kelly, nombrado por el Presidente Trump como titular del Departamento de Seguridad Nacional de EUA. Durante los últimos años, como jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Kelly ha señalado públicamente que los espantosos niveles de consumo de drogas en Estados Unidos, empeorados por la “hipocresía” de la legalización de las drogas en EU, es lo que amenaza a la seguridad nacional del país, no los niños y las familias que huyen de la destrucción que hacen de sus naciones los carteles que obtienen sus ganancias del consumo de drogas en Estados Unidos. Kelly ha sido inflexible en su evaluación de que los carteles de las drogas, que coinciden con las redes del tráfico de seres humanos y con el terrorismo internacional, son una amenaza enorme a la que hay que ponerle mucha atención.

Los siguientes extractos de una entrevista con el general Kelly, hecha el 15 de octubre de 2015, y que fue publicada por el Pacific Council, son típicos de las constantes advertencias hechas por él tanto a la prensa como en audiencias en el Congreso. Melissa Lockhart del Pacific Council, le preguntó al general Kelly cuáles piensa él que son las “causas de fondo” del “flujo de inmigrantes desde América Central, en particular de menores solos”, a lo cual añadió el comentario de que “estos individuos que llegan a la frontera, traídos por medio de traficantes de personas, huyen de la violencia, de la pobreza y del crimen”.

El general Kelly respondió así:

“La causa de fondo, como tú lo acabas de señalar, es la falta de oportunidades económicas. Las instituciones de los países de los que hablamos; el sistema judicial y la policía; están completamente colapsadas. Honduras solía ser el país más violento del planeta; ahora parece que es El Salvador.

“No todos los problemas hoy en día son resultado de la demanda de drogas en Estados Unidos, pero con el correr de las décadas y particularmente en los últimos 15 años, es imposible imaginar la cantidad de dinero proveniente del narcotráfico y del consumo de las drogas en Estados Unidos. Solo la cocaína implica ganancias de alrededor de $85 mil millones de dólares al año. Eso es mucho más que el PIB (producto interno bruto) de la mayoría de los países.

“Eso deja una cantidad ilimitada de dinero para el soborno. Muchos de los sobornos son simples, algo como: ‘Solo mire hacia otro lado señor ministro de Justicia de Honduras. Hágase a un lado y no persiga a los carteles. Deje que las drogas fluyan y le vamos a dar un dinero de verdad. O si no, vamos a matar a sus hijos y a su familia y luego a usted’. Esa es la plática que tienen, y también se aplica a los jueces, a los policías.

“Yo hablaba con un ministro del Interior de uno de los tres países de los que estamos hablando [Honduras, El Salvador, Guatemala], y me dijo que al principio no aceptaba su dinero. Luego le llegó un CD en el correo, donde se mostraba a sus dos hijas saliendo de casa para la escuela en la mañana. Las siguiente secuencia en el CD eran él y su familia yendo a misa el domingo por la mañana. Ahí tienes el mensaje.

“Así que, con el tiempo, el sistema judicial se ha derrumbado. Los fiscales no son efectivos. La policía está sobornada. Las únicas instituciones existentes que funcionan hoy son las fuerzas armadas. En verdad, en la mayoría de los países, las fuerzas armadas son las instituciones de mayor confianza y más admiradas. En muchos casos, son las únicas instituciones que la gente considera que funcionan.

“Entonces, hoy día no toda la violencia proviene del narcotráfico, pero quizás sí como el 80%. La decadencia de las instituciones nacionales debido al narcotráfico se ha vuelto un caos. La violencia es muy alta, así que es difícil que lleguen las inversiones, y las oportunidades económicas son escasas, así que la gente está huyendo. El año pasado, tuvimos 70,000 menores sin compañía que llegaron a Estados Unidos a través de México, traficados con mucha eficiencia. El jefe de Seguridad Nacional Johnson les diría que una auditoría para deportar a cualquiera de esos niños es un proceso de cuatro o cinco años y cuesta un cuarto de millón de dólares, y con una posibilidad casi nula de que lleguen a casa. Francamente, ellos están mejor en nuestro país. No digo que se deberían quedar, pero están mejor aquí”