La visita de Theresa May a la Casa Blanca fue una maniobra típica de intervención geopolítica

30 de enero de 2017

30 de enero de 2017 — Desde el momento en que abrió la boca en el Retiro del Partido Republicano al que asistió el 26 de enero, la primera ministra británica Theresa May dejó en claro que su viaje a Washington tenía la intención de tratar de garantizar que el Presidente Donald Trump no se salga del redil geopolítico británico. Con grandes fanfarrias anunció en la conferencia de prensa conjunta el viernes 27 en la Casa Blanca, que su majestad la reina había invitando a Trump a una visita de Estado para un momento más adelante este año y que él había aceptado.

May insistió hasta el cansancio en la “relación especial”, y mencionó con insistencia la colaboración entre Ronald Reagan y Margaret Thatcher, expresando a borbotones que “nosotros hemos hecho todo juntos... nosotros construimos el mundo moderno” y ahora “tenemos la oportunidad, en realidad la responsabilidad, de renovar la Relación Especial para esta nueva era; la oportunidad de dirigir, juntos, de nuevo”.

¿Dirigir qué? Pues “un 100%” de apoyo a la OTAN, por ejemplo. May afirmó en la conferencia de prensa que esta era también la perspectiva de Trump, aunque él apenas si la mencionó. Como había dicho la noche anterior, repitió que “el papel dirigente de Estados Unidos en la OTAN, apoyado por Gran Bretaña, tiene que ser el elemento central en torno al cual se construya la alianza”.

May le advirtió inequívocamente a los republicanos que la política sobre Rusia debería ser “establecer contacto pero ser cautelosos”; establecer contacto con Rusia desde una posición de fuerza y asegurarle a las naciones de Europa del Este “que su seguridad no está en tela de juicio”.

Por su lado Trump, cuando le preguntaron en la conferencia de prensa sobre la posibilidad de levantar las sanciones a Rusia, respondió que es demasiado temprano para hablar de esto, pero que “yo espero que tengamos una relación fantástica con Rusia. Si nos movemos juntos en contra del EIIS, yo consideraré esto como algo bueno... Si podemos tener una gran relación con Rusia y China, estoy totalmente a favor de esto. Sería tremendamente positivo”.

May rápidamente interpuso que su gobierno insiste en que se mantengan las sanciones en contra de Rusia hasta que haya acatado completamente el proceso de Minsk. Los desacuerdos en algunos temas son algo natural, agregó esquiva, pero eso no altera para nada la relación estrecha.

Hablando sobre el combate al Daesh y el extremismo Islámico, May dijo en el retiro del Partido Republicano que “tenemos que trabajar internacionalmente” pero esto aparentemente no significa abandonar la idea del cambio de régimen. Subrayó que dicha cooperación significa no solo garantizar “una solución política en Siria sino también desafiar la alianza entre el gobierno de Siria y quienes lo respaldan en Teherán”.

May expresó su preocupación de que los países “con tan poca tradición de democracia, libertad o derechos humanos, notablemente China y Rusia, tengan cada vez más peso en los asuntos internacionales”, lo que hace temer que pueda haber un eclipse de Occidente, dada la crisis financiera “y sus consecuencias”, la pérdida de confianza en Occidente después del 11 de septiembre, y las “difíciles intervenciones militares en Iraq y Afganistán”. La “responsabilidad de dirigir” no significa regresar a las “políticas fracasadas del pasado” dijo ella. Aunque no podemos quedarnos con los brazos cruzados “cuando la amenaza es real”. Tenemos que salir siempre en defensa de nuestros amigos, dijo.