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Las naciones transatlánticas enfrentan el desplome financiero y la guerra civil. Trump tiene que avanzar con la Glass-Steagall y unirse a la Nueva Ruta de la Seda

6 de marzo de 2017
La bolsa de valores en Wall Street en la Ciudad de Nueva York.

6 de marzo de 2017 – Mientras que continua por toda Europa y Estados Unidos la histeria de la “revolución de color” para tumbar al Presidente Trump, también está saliendo a la luz la verdad detrás de este “nuevo macarthismo”.

En varios medios europeos y por todo el mundo de los blogs han aparecido llamados a asesinar a Trump. La Procuradora General de Obama, Loretta Lynch, quien se negó a encarcelar a ningún banquero por sus crímenes de lavado de dinero sucio y por haber acabado con la economía de Estados Unidos, ahora salió a pedir públicamente manifestaciones violentas, y señaló que en el pasado, la gente “sangró y sí, algunos de ellos murieron. Es difícil. Toda cosa buena lo es. Ya lo hemos hecho antes. Lo podemos volver a hacer”. Comparar el intento de golpe encabezado por Soros y Obama en contra del gobierno de Estados Unidos con el movimiento de los derechos civiles es una mentira y una abominación. La única comparación legítima es al violento golpe de Estado encabezado por los neonazis en Ucrania en 2014, que como ha documentado la EIR fue dirigido exactamente por los mismos operativos (ver “Obama and Soros —Nazis in Ukraine 2014;U.S. in 2017?” (Obama y Soros; nazis en Ucrania en 2014; ¿EUA en 2017?). http://www.larouchepub.com/pr/2017/Xproof%20Nazis%20in%20Ukraine.pdf).

No son las pretendidas ofensas a “nuestros valores occidentales” lo que motiva este intento de golpe, sino más bien la desesperación del imperio británico y sus agentes en Estados Unidos, que están aterrorizados ante el hecho de que la división imperialista del mundo —que es esencial para mantener su quebrado sistema financiero occidental mediante las guerras y la austeridad— se vea amenazado por el empeño de Trump de que Estados Unidos coopere con Rusia y China. En esa cooperación, que uniría al mundo en un nuevo paradigma basado en la paz y el desarrollo, no tendrían cabida las instituciones financieras especuladoras que lucran con los juegos especulativos de casino, el dinero sucio y las guerras. Trump se prepara para reunirse con Vladimir Putin y con Xi Jinping en los próximos meses. La cooperación en el combate al terrorismo y el hecho de que Estados Unidos entre al proceso de la Nueva Ruta de la Seda, significaría el fin del imperio, quizá definitivamente.

Sin embargo, Trump todavía está por cumplir su promesa de campaña de restablecer la Ley Glass-Steagall, y ponerle fin a la tiranía de los bancos de Wall Street “demasiado grandes para quebrar”, que le han chupado todo el crédito a todo el sistema financiero trasatlántico para alimentar sus burbujas con derivados. Esa burbuja es ahora 50% más grande que la que estalló en el 2008 después de las desquiciadas bursatilizaciones de las hipotecas de alto riesgo y otros activos especulativos inservibles. Si el Presidente ha de tener éxito en la reconstrucción de la economía de EU, y en ponerle fin a la peor crisis de drogas en la historia de la nación, tiene que restablecer de inmediato los principios financieros hamiltonianos que han sido el motor de cada una de las épocas de progreso en Estados Unidos.

La mano dura que aplicó Franklin Roosevelt con la Glass Steagall es el modelo, el único modelo, para evitar un estallido financiero mucho mayor que amenaza al sistema bancario estadounidense y europeo. Solo con este paso inicial se podrán restaurar los principios de una banca sana —para orientar el crédito nacional hacia la industria, la agricultura, la infraestructura y hacia el restablecimiento del progreso científico— para volver a hacer grande a Estados Unidos verdaderamente. Esta es la naturaleza de las Cuatro Leyes de LaRouche. (ver: https://es.larouchepac.com/es/new-economic-order)

El potencial para una transformación revolucionaria de este tipo, para esta nación y el mundo, nunca ha sido tan grande como lo es hoy. La campaña para tumbar la Presidencia de Trump no ha podido convencer a la población estadounidense. Luego de que Trump acusó a Obama y a los “remanentes” obamistas en la comunidad de inteligencia, de dirigir la campaña de mentiras que lo acusan de tener nexos ilegales con Rusia, el New York Times se vio forzado a admitir exactamente eso. En un artículo del 2 de marzo, el NYTimes detalló cómo el gobierno de Obama colocó informes secretos (y falsos) no examinados exhaustivamente, como documentos oficiales, a los cuales le redujeron el nivel de clasificación con el fin de maximizar su circulación, y preparar las investigaciones penales con base a esas mentiras.

Ahora Trump acusa a Obama de intervenir los teléfonos de las oficinas en la Torre Trump durante la campaña, y señala que “esto es Nixon y Watergate” y “esto es macarthismo”. Trump le exigió una investigación exhaustiva al Congreso. El jefe de Inteligencia Nacional de Obama, James Clapper (mejor conocido por mentirle al Congreso en el 2013, negando que la comunidad de inteligencia estuviera monitoreando a millones de estadounidenses, lo cual pusieron al descubierto como falso las revelaciones de Snowden) se presentó hoy en el programa de televisión “Meet the Press” de NBC para negar que hubieran ocurrido esas grabaciones telefónicas en la Torre Trump; aunque esta vez se mostró un poco más cuidadoso, al agregar: “hasta donde yo sé”. Ya veremos.

Varios equipos de LaRouche PAC asistieron a concentraciones a favor de Trumpo por todo el país, en donde encontraron un alto reconocimiento a las denuncias que ha hecho LaRouche por años, de los delitos de Obama, y también una apertura a la campaña de que tanto los demócratas como los republicanos deben hacerle un llamado a Trump para que siga adelante con su promesa de una Glass-Steagall. Pero los organizadores notaron que la población, al igual que el Congreso, está metida en ataques partidistas, con muy poca reflexión y menos ideas, sobre temas políticos esenciales. La necesidad de las Cuatro Leyes de LaRouche nunca había sido más urgente. Con el sistema bancario transatlántico a punto del estallido, y los esfuerzos frenéticos por provocar una guerra civil o un golpe en Estados Unidos, no hay espacio para la falta de claridad sobre.

Como le dijo Helga Zepp-LaRouche a sus asociados hoy: “Esta es la batalla por nuestras vidas. La gente no puede mostrarse estúpida”.