Empieza a revertirse el escándalo de las acusaciones fraudulentas del hackeo de Putin y Trump

11 de marzo de 2017

11 de marzo de 2017 — Por más absurdo que fuese la acusación de que el resultado de la elección en Estados Unidos se ganó gracias al inexistente hackeo hecho por los rusos en colusión con el Presidente Trump, está empezando, ahora, a salirles el tiro por la culata.

Hasta el The New York Times cambio su narrativa inicial en la que aseveraba que el FBI estaba investigando al equipo de Trump por tener un contacto ilegal con Rusia, bajo la autorización judicial de la FISA (siglas de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera), a una versión mucho más suave, en la que ahora resulta que hubo algunas conexiones inusuales entre el servidor de un banco ruso que correspondía con el servidor de la computadora de la Organización Trump. El viernes 6 CNN abundó en los detalles de estos nuevos señalamientos, los cuales incluso CNN reconoce que son puras especulaciones, “cuando mucho”.

El portal de la revista National Review señaló correctamente que al principio, lo único que daba credibilidad a la absurda acusación del hackeo ruso que hacía el New York Times era el cuento de que el FBI tenía una orden judicial FISA en contra de los asesores de Trump para investigar vínculos ilegales con Rusia.

Cuando quedó claro que no había ni siquiera esa supuesta evidencia, la cuestión que ha salido a la luz es que la CIA de Obama y el Departamento de Justicia estaban interviniendo en una campaña electoral para determinar el resultado. Esto es completamente ilegal. Así que tuvieron que cambiar el cuento hacia una investigación no especificada, sobre cómo es que el servidor de la computadora del banco ruso Alfa Bank, tenía un vínculo “sospechoso” con un servidor del correo electrónico de Trump. ¡Hágame usted el favor!

Pero el cuadro se completa con la explosiva revelación que hizo Wikileaks esta semana, de lo que se llaman los archivos “Vault 7” de la CIA. Este material documenta que se pueden plantar “huellas dactilares falsas” en un hackeo para encubrir a la fuente verdadera. Esto deja muy en claro que la CIA de Brennan y Obama tenía la capacidad no solo de hackear los servidores que quisieran, sino como lo señaló el 9 de marzo el director de Wikileaks, Julian Assange, la CIA podía dejar cualquier firma que quisiera en sus hackeos para implicar a cualquier gobierno que ellos quisieran.

Este viernes 10, en Moscú, la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, Maria Zacharova, exigió que la CIA confirmase o negase las revelaciones relacionadas con “Vault 7”. Es obvio por qué. Si la CIA confirma las revelaciones de Vault 7, todo el cuento del hackeo ruso queda expuesto como un fraude.

Pero el bumerán más explosivo a salió de las audiencias del Congreso que se programaron para este mes. El 20 de marzo, la Comisión Selecta sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes, que preside el republicano de California Devin Nunez, llamará a los funcionarios del gobierno de Obama y a otros para sentarlos en el banquillo a que atestigüen: al director del FBI, James Comey; al director de la Agencia de Seguridad Nacional, Mike Rogers; al ex Director de Inteligencia Nacional, James Clapper; al ex director de la CIA, John Brennan; y a la Procuradora General en funciones, Sally Yates. También citaron a dos ex ejecutivos de CrowdStrike, la agencia privada de seguridad cibernética contratada originalmente por los demócratas para investigar el hackeo al servidor del Comité Nacional Demócrata, y que fue el primero en “encontrar” las huellas rusas. Todos ellos van a tener que presentar sus pruebas o quedar como unos farsantes fraudulentos.

El representante Nunes ha dicho que hasta ahora no se ha presentado ninguna evidencia ni a él ni a la Comisión, por parte del director del FBI, ni con respecto a la orden judicial FISA, ni evidencia alguna sobre la participación rusa en el “hackeo a las elecciones”. Según declaró esta semana, “si Trump o cualquier otra campaña política, o cualquiera asociado a Trump, estaba bajo algún tipo de investigación, obviamente que eso hubiese trascendido al nivel de la Banda de los Ocho”, como se conoce a los congresistas autorizados a recibir un informe de seguridad de esa naturaleza. A menos que a alguien “se le haya pasado” avisarles, ya sea por “olvido” o cualquier otra cosa, y por lo tanto nadie en el Congreso se enteró de lo que, en retrospectiva, se hubiera visto como “un enorme escándalo de interferencia política”.

Más aún, el senador republicano de Iowa, Chuck Grassley, quien preside la Comisión Judicial del Senado (que también iniciará una investigación) ha dicho sobre el hackeo: ¿Cambia en algo la votación realmente porque se denuncian las acciones inapropiadas y faltas de ética por parte de funcionarios demócratas, y hasta cambia el resultado electoral?”. Se refería a los resultados del hackeo al Comité Nacional Demócrata.

Vale la pena señalar la realidad de que muchas fuerzas políticas diversas, desde Julian Assange y Edward Snowden, hasta republicanos honestos, insisten en que este fraude contra el Presidente Trump y el Presidente Putin, tienen que ser denunciado y los perpetradores tienen que dar la cara a la justicia.