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Se calienta la guerra contra el imperio británico

20 de marzo de 2017
Perspectiva aérea del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés) en Cheltenham, Gloucestershire, Inglaterra. Foto: Defence Images CC-SA

19 de marzo de 2017 — La negativa del Presidente Trump a retractarse de sus acusaciones de que el gobierno de Obama está detrás de las intercepciones telefónicas y las filtraciones ilegales de interceptaciones clasificadas, así como también su negativa a negar la verdad de las revelaciones del juez Andrew Napolitano sobre la complicidad del GCHQ (o, más probablemente, su control directo) sobre la revolución de color en contra del gobierno de Estados Unidos, ha llevado al imperio británico a denunciarse a sí mismo por el pánico.

La prensa británica mintió descaradamente el viernes de que Estados Unidos se había “disculpado” por los comentarios del vocero de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, quien citó las imputaciones que hizo Napolitano en contra del GCHQ. De hecho, el embajador británico en EU se acercó a Spicer en una recepción, y el asesor sobre seguridad nacional de la primera ministra británica Theresa May le habó por teléfono al general McMaster, Asesor de Seguridad Nacional de EU, pero ninguno de ellos se disculpó. Trump mismo, en la conferencia de prensa con Merkel, dijo que Spicer solo había informado sobre las palabras de un “talentoso experto judicial”.

El New York Times está frenético de que la “relación especial” se esté deteriorando tan rápidamente. “Las teorías de las conspiraciones han puesto a prueba también lo que a menudo se denomina la relación especial entre Estados Unidos y Gran Bretaña”, lloriqueó el sábado 18. “Las agencias de inteligencia estadounidenses gozan de la colaboración más estrecha con sus contrapartes británicas que con cualquier otra en el mundo. El GCHQ fue la primera agencia que le advirtió al gobierno de Estados Unidos que Rusia hackeó los correos electrónicos del Partido Demócrata durante la campaña presidencial”. En verdad que fueron ellos: la primera en una cadena de mentiras. El Times también saca a relucir a un grupo de agentes angloamericanos de entre los republicanos, demócratas y los neoconservadores para que se quejen del grave peligro en que se encuentra la relación especial.

Un seguimiento del noticiero Fox News, propiedad y dirigido por Rupert Murdoch del imperio británico, es de lo más revelador a este respecto. Aunque a la población estadounidense, ya mermado su nivel intelectual, se le dice que tiene que creer que “Fox es de derecha y CNN es de izquierda y nunca se podrán encontrar” los dos están igualmente histéricos sobre los ataques de Trump a los británicos.

En cuanto al GCHQ, cuando Snowden reveló en el 2014 que el teléfono celular de Merkel había sido interceptado por la NSA, los alemanes rápidamente determinaron que habían sido ambos la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EU) y la GCHQ británica y que ambas tenían puestos de escucha en las azoteas de sus embajadas en Berlín. También, que todas las intercepciones en Europa fueron transmitidas a Estados Unidos a través de un cable británico. La ocurrencia de Trump de que él y Merkel tienen algo en común, va más allá de una inteligencia estadounidense corrupta, y directo hacia los británicos.

La Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, citó al director del FBI James Comey y al director de la NSA Mike Rogers para el lunes 20 de marzo, para que testifiquen sobre todo esto. También, la carta del senador Grassley del 6 de marzo a Comey, en donde le exige todos los registros sobre contacto, pagos, contratos, etc, (incluyendo cualquier papel que haya tenido la Casa Blanca) con el agente estafador del MI6 británico, Christopher Steele, en relación a su informe insidioso sobre las conexiones rusas de Trump, también exige que para el lunes se tengan listas las respuestas.

Parece que ésta promete ser una semana interesante.