Moscú, la clave para evitar una guerra entre Israel, Siria e Irán

21 de marzo de 2017

21 de marzo de 2017 — En las primeras horas del 17 de marzo, cuatro aviones de combate israelíes entraron en el espacio aéreo sirio y atacaron objetivos en Palmira, en donde están trabajando las tropas sirias para limpiar la región de los últimos vestigios del EIIS, en los alrededores de las antiguas ruinas romanas. Aunque las Fuerzas de Defensa de Israel han bombardeado objetivos dentro de Siria en numerosas ocasiones desde que empezó la guerra en Siria, lo que es inusual sobre este incidente es tanto la respuesta de Siria con su defensa antiaérea —que dispararon por lo menos tres misiles en contra de los aviones israelíes y sostienen que derribaron uno— como el hecho de que Israel reconoció el ataque aéreo, lo cual casi nunca reconocen en público. Los israelíes alegan que ellos tenían como objetivo un convoy que transportaba armas al Hezbolá en Líbano; el gobierno sirio, junto con el líder del Hezbolá, jeque Hassan Nasrallah, acusan a los israelíes de atacar posiciones del ejército sirio, en apoyo al Estado Islámico (EIIS).

Cualquiera que sea la verdad de los alegatos, el contexto de fondo es el conflicto entre Israel e Irán, con Rusia en el medio. El hecho de que los sirios hayan respondido de la forma en que lo hicieron, y de que Israel haya prometido que va a seguir atacando los flujos de armas al Hezbolá, representa el potencial de una nueva guerra en Siria, esta vez entre Israel e Irán, no solo debido al apoyo iraní al Hezbolá, sino también debido a la presencia iraní en Siria, que Israel considera intolerable. Este acontecimiento sucede en el momento en que las guerras en contra de los yihadistas en el norte de Siria y en contra del EIIS en el este de Siria están llegando a su fin.

La única potencia que está en posición de evitar que suceda esta nueva guerra es Rusia, que tiene buenas relaciones con ambos países. El Presidente sirio Bashar al Assad casi lo dijo así, en entrevista con medios rusos ayer en Damasco. Assad destacó que el embajador israelí en Moscú fue convocado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia para que explicara la violación israelí del espacio aéreo sirio.

“Así que, ellos pueden discutir los mismos asuntos con los israelíes dependiendo de estos criterios” del derecho internacional, dijo el Presidente Assad, “y ellos pueden desempeñar un papel en evitar que Israel no ataque a Siria de nuevo en un futuro”.

Más allá de convocar a discusiones al embajador israelí, no ha habido ninguna reacción oficial todavía de parte de Moscú sobre el ataque aéreo israelí. El político científico ruso, Gevorg Mirzayan le dijo a Sputnik el 18 de marzo que, con el ataque aéreo del 17 de marzo, Israel ponía en peligro un código de conducta no escrito ruso-sirio-israelí y la posición futura de Moscú en el Medio Oriente. Mirzayan destacó, al igual que lo han hecho otros observadores, que el acuerdo no escrito entre Moscú y Tel Aviv es que Rusia puede bombardear a todos los yihadistas que sus aeronaves puedan alcanzar en tanto que se le va a permitir a Israel bombardear a voluntad los convoyes del Hezbolá en Siria.

“Durante mucho tiempo, este esquema funcionó” dijo Mirzayan. “Pero el 17 de marzo, empezó a fallar”.

Los expertos advierten que el conflicto que se desató el viernes está lejos de haber concluido, en donde ambos bandos solo van a endurecer sus posiciones. Este problema, según Mirzayan, es que ambos bandos creen ahora que el equilibrio de poder regional y global está cambiando a su favor: Tel Aviv porque tiene un nuevo aliado en la Casa Blanca, y Damasco, debido a su reciente serie de victorias militares en contra del EIIS y los yihadistas. El problema para Moscú es que un conflicto directo Siria versus Israel “se convertiría inmediatamente en un conflicto que involucrarían a sus aliados (Estados Unidos, Irán, Hezbolá, los Estados del Golfo) y esto destruiría los planes de Rusia de fortalecer su presencia en la región después de que termine la guerra en Siria”.

A diferencia de todos los demás involucrados, Moscú mantiene abiertos sus canales con todos los bandos en los conflictos en la región. Por lo tanto, están en posición de lograr una diplomacia “triangular” con dos bandos en conflicto como parte de su estrategia para mantener el equilibrio regional.