Las audiencias de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, en perspectiva

23 de marzo de 2017

22 de marzo de 2017 — En entrevista ayer con RT, el ax analista de la CIA, Ray McGovern, puso en perspectiva la audiencia de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, titulada “Investigación de las medidas activas de Rusia” (término de la época de la guerra fría para la “guerra política”) que se llevó a cabo el día 20 de marzo.

(1) Los demócratas y los medios están comprometidos con el cuento de la interferencia Rusa en la elección de Trump, porque no quieren aceptar que Hillary Clinton era una candidata totalmente errada, y porque la élite anglo-americana pretende garantizar a como dé lugar que no haya un acercamiento con Rusia.

(2) En sí, la audiencia fue un circo, en donde no se reveló nada que fuera fundamentalmente nuevo, pero los medios noticiosos, que son el principal problema de Trump, han estado tergiversando por completo la audiencia.

(3) No hubo ningún hackeo ruso para inclinar la balanza a favor de Trump, como se evalúa en los informes de la comunidad de inteligencia de EU, entregados a Barack Obama en enero del 2017, hecho que desencadenó las investigaciones actuales en el Senado y en la Cámara de Representantes sobre la dizque interferencia rusa en las elecciones y una supuesta coordinación con la campaña de Trump. McGovern sigue insistiendo en que los llamados hackeos al DNC (Comité Nacional Demócrata) fueron filtraciones internas desde adentro del DNC hechas por personas que estaban horrorizados por la forma en que Clinton le estaba robando las elecciones a Bernie Sanders.

(4) McGovern dice que el intento de imputarle a Putin un deseo de que Trump ganara las elecciones y que emprendiera actos temerarios para lograr ese resultado, es una burla a todo lo que él sabe sobre los rusos, a quienes estudió por más de 20 años en la CIA. ¿Por qué habría de querer Putin a alguien en la Casa Blanca que se perfilaba como temerario, impulsivo e impredecible? ¿Por qué le iba a apostar a Trump cuando todas las encuestas lo mostraban como perdedor y los rusos mismos creían que iba a perder? McGovern dijo que la campaña propagandística que ahora está ocurriendo en Estados Unidos, le recuerda a las técnicas y métodos utilizados en el período previo a la guerra contra Iraq, para que la población la aceptase.

La transcripción de la audiencia misma, muestra que McGovern está totalmente en lo correcto. En general, la transcripción de la audiencia es un asalto frontal en contra de Putin y Rusia, para pintarlos como los malos de toda la historia mundial, asalto perpetrado tanto por congresistas demócratas como republicanos.

Los titulares indican que James Comey, director del FBI, anunció que hay una investigación de contrainteligencia en marcha sobre la interferencia rusa en las elecciones y sobre si había coordinación en estas actividades con individuos asociados con la campaña de Trump. Esta investigación existe desde julio del 2016. Como es normal en dichos procesos, dijo Comey, incluirá una evaluación sobre si se cometió algún delito. Se negó a fijar un plazo para concluir dicha investigación, y afirmó que en términos de investigaciones de contrainteligencia, ésta apenas estaba en sus fases iniciales. Esto provocó repetidos llamados a la imparcialidad en lo fundamental por parte de algunos congresistas republicanos, en especial de Peter King de Nueva York, pero Comey se negó a fijar un plazo.

Comey declaró que el Departamento de Justicia le autorizó para que informara públicamente sobre esta investigación clasificada en la audiencia del lunes, una estratagema extraordinariamente inusual y muy política. Expertos en ética jurídica lo han atacado por violar la ética jurídica, tanto por hablar públicamente de la investigación sobre Hillary Clinton durante las elecciones como ahora, al hablar sobre esta investigación en el clima político actual. Como comentó hoy Lyndon LaRouche, claramente el FBI está tratando de echarle leña a la hoguera.

El hecho de que se esté realizando ésta investigación no es nada nuevo. Ya se ha informado ampliamente sobre esto mediante filtraciones a la prensa generadas por individuos de la comunidad de inteligencia, la campaña de Clinton y el gobierno de Obama, durante la campaña electoral y posteriormente. Sin embargo, la caracterización pública que hizo el director del FBI de la misma y las palabras que empleó, tenían el propósito indiscutible de desatar una tormenta en los medios y él lo sabía.

El inicio de la investigación se produjo poco después de que el DNC salió a denunciar públicamente que los rusos habían hackeado sus computadoras. Comey también confirmó en la audiencia que en agosto del 2015 (todo un año antes) el FBI había sido alertado sobre los hackeos al DNC y que sus agentes habían seguido los protocolos normales de notificarle de inmediato al DNC. Informes de periódicos británicos han afirmado que la notificación original del 2015 le llegó al FBI vía la inteligencia británica, específicamente el GCHQ, preocupados por la posición de Trump a favor de Rusia. Comey también confirmó que nunca se le ha dado acceso al FBI a las computadoras del DNC, y por el contrario le confiaron la investigaciones forense a la empresa Crowdstrike, el proveedor conectado a los servicios de inteligencia ucranianos, enemigos de Putin, que fue contratado por el DNC para que lss examinara.

El segundo titular de la audiencia tiene que ver con la acusación del Presidente de que el gobierno de Obama lo espió ilegalmente. Los medios y los demócratas se han enfocado en el término literal de ‘interceptaciones telefónicas’ físicas, la interpretación literal de que Trump personalmente era el blanco, y el alegato literal de que personalmente Obama lo hubiera autorizado, con el fin de pintar al Presidente como un loco trastornado. Comey y el director del NSA (Agencia de Seguridad Nacional) Rogers redujeron su testimonio a decir que nada de lo que dijo el Presidente en su tuiteo, en su sentido literal, realmente ocurrió.

Sin embargo el ex ejecutivo de la NSA, William Binney, ha seguido reiterando hasta fecha reciente (7 de marzo), que el espionaje a Trump, que se pone en evidencia por cosas como las filtraciones de las transcripciones de sus llamadas a dirigentes extranjeros, así como también otras filtraciones de información clasificada, está basado en los programas de la NSA bajo la Orden Ejecutiva 12333 y que no tienen nada que ver con el régimen FISA que se discutió en la audiencia. Con respecto al alegato de que el GCHQ era el responsable del espionaje, tanto Rogers de la NSA como Comey del FBI solo destacaron que ni ellos ni Obama le pidieron al GCHQ que hiciera esto.

Por otro lado, los republicanos de la Cámara de Representantes se enfocaron en las filtraciones mismas, y en el hecho de que es un delito que se castiga con 10 años de cárcel, el hecho de que se revelen los nombres de los ciudadanos estadounidenses involucrados en la vigilancia autorizada por la FISA. Sin embargo, presentaron testimonio de que numerosas personas en el corazón de la comunidad de inteligencia y sus contratistas principalmente privados están autorizados para dar a conocer nombres, lo que vuelve extremadamente difíciles las investigaciones sobre las filtraciones.

Los republicanos se enfocaron también en el hecho de que el ex director de inteligencia nacional, James Clapper, y otros, afirmaron hace menos de dos semanas que a pesar de todo el barullo, no existe absolutamente ninguna evidencia de que haya habido alguna colusión en el episodio de hackeo entre la campaña de Trump y los rusos. Todos los altos jerarcas en la Comisión, entre ellos Schiff y el presidente de la Comisión, Nunes, recibieron completa la investigación del FBI hasta la fecha de una forma clasificada. Nunes y otros republicanos familiarizados con esa presentación afirmaron en términos inequívocos antes de la audiencia, que ellos no vieron ninguna evidencia de colusión entre los rusos y la campaña de Trump. La presentación de Comey oscureció claramente lo que de otra forma era algo muy claro.

Los demócratas se mostraron absurdos y obscenos, blandiendo teorías conspirativas e insinuaciones en un exhibición abierta y repugnante de macartismo. Los comentarios iniciales del dirigente demócrata Adam Schiff son típicos. Tejió un caso extenso, circunstancial, para describir al Presidente y sus asesores más cercanos como agentes rusos, totalmente basado en el expediente marrullero del agente británico del MI6 Christopher Steele. Buena parte de la audiencia consistió en que los demócratas hacían una u otra aseveración desquiciada con base en los comentarios iniciales de Schiff y le pedían a Comey o Rogers que comentaran sobre esto. Ambos se negaron a comentar porque no se les permite comentar sobre algo que involucre a un ciudadano estadounidense específico o cualquier asunto relacionado con investigaciones clasificadas. Esto es lo que creó la atmósfera de circo en los medios que cita Ray McGovern.

Finalmente, el director del FBI, Comey, testificó que el FBI cambió su visión solo en diciembre del 2016, de que el supuesto hackeo ruso estaba dirigido a interferir con las elecciones y dañar a Clinton, a una visión de que los hackeos estaban dirigidos a ayudarle a Trump. Esto es, por supuesto, cuando la CIA, con Brennan, hizo su evaluación alegando esto, ahora totalmente desvirtuada.