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Trump podría librarse de la trampa bélica de los británicos. Los siguientes pasos que debe dar

2 de may de 2017
Donald Trump, retrato oficial de la Casa Blanca. Kim Jong-Un, boceto del usuario P388388 en Wikimedia Commons. (CC BY-SA 4.0)

2 de mayo de 2017 — Este primero de mayo el Presidente Donald Trump declaró su disposición de negociar la paz directamente con el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, lo cual causaría un colapso nervioso a los manipuladores de la prensa de Londres, Nueva York y de Washington. Esto sería el comienzo de una posible ruptura del Presidente con la trampa británica de guerra. “Bajo las circunstancias apropiadas”, dijo Trump, y esas circunstancias pueden ser precisamente las negociaciones multilaterales directas que están trabajando, arduamente, los Presidentes Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia.

China y Rusia, las naciones con las que la casta dominante británica ha tratado de llevar a Trump a la guerra. Los funcionarios británicos, el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson y el de Defensa, Michael Fallon, han anunciado repetidamente que ellos saben con toda certeza que Trump estaba a punto de lanzar una guerra contra Corea del Norte, del mismo modo en que lo metieron en la trampa, brevemente, de la guerra en Siria.

Es urgente que todo partidario de Trump entienda esto, y lo empuje más para que se libera por completo de la mortífera “geopolítica” de los británicos.

Su próximo destino debe ser Pekín, el 14 y 15 de mayo, junto con los otros 30 jefes de Estado y delegaciones de 101 países que asistirán al Foro de la Franja y la Ruta. Eso significa realmente la colaboración con China en el desarrollo económico a nivel mundial, y la nueva infraestructura económica para Estados Unidos.

En la misma entrevista en el Salón Oval de la Casa Blanca, el Presidente dejó pasmados a todos en Wall Street, cuando dijo de nuevo que quería dividir a los bancos de Wall Street con una “Ley Glass-Steagall del siglo 21”. Sin duda alguna ahora le van a ofrecer a Barack Obama más dinero, quizás medio millón por discurso, para que ataque a Trump. Desde la reunión del G-20 en febrero de 2009 en Londres, Obama siguió al pie de la letra los dictados de los británicos: Rescates financieros para todos los grandes bancos, y aprobar cualquier cosa pero menos la Glass-Steagall. Eso acabaría con el papel de Londres como centro financiero imperial del mundo.

Más importante todavía, eso sacaría a todas las operaciones de “casino” financiero, los derivados especulativos de los bancos de Wall Street, fuera del seguro del gobierno federal a los depósitos, y por ende, fuera del apoyo de los contribuyentes, y los dejaría a su propia suerte, que sería la quiebra. Con una inmensa deuda corporativa de unos $14 billones de dólares que ya comenzó a caer en incumplimiento y amenaza con incumplir de plano, la Ley Glass-Steagall sería el primer paso decisivo para regresar a la recuperación económica. Como dijo el director en jefe de la EIR, Lyndon LaRouche, sobre la entrevista de Trump, “este sistema financiero ha estado degenerado por completo, un fraude, desde hace mucho tiempo antes del crac, que yo pronostiqué a principios de 2007. Simplemente tienes que deshacerte de el.

El Presidente está dando pasos para salir de la mortal trampa británica de geopolítica y guerra, de la cual, desde Franklin Roosevelt, solo John Kennedy y Ronald Reagan se han escapado, cuando menos en parte. Uno fue asesinado, otro casi lo fue. Es una cuestión de ida o muerte para la nación, que los partidarios del Presidente Trump entiendan contra quién está peleando, y cual debe de ser el próximo paso.