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Trump busca la paz en Asia; el New York Times chilla por la guerra

3 de may de 2017
El Presidente Putin de Rusia (foto del kremlin.ru), el Presidente Trump (foto Gage Skidmore / CC BY-SA 3.0) y el Presidente Xi de China (foto US State Department)

3 de mayo de 2017 — Cada vez es más claro que el Presidente Donald Trump está dando pasos, junto con el Presidente de China, Xi Jinping, y el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, para acabar con los puntos críticos en Eurasia que han llevado al mundo al borde de una guerra mundial bajo el gobierno de Obama, y que los británicos y sus piezas han tratado desesperadamente de utilizar de nuevo ahora para que Trump no coopere con Rusia y China.

Como dijo un analista sudcoreano la semana pasada, Trump tiene una política sobre Corea del Norte que es muy parecida a la del principal candidato para Presidente de Corea del Sur en las elecciones que se llevarán a cabo el 9 de mayo: cargar un gran garrote, pero ofrecer una zanahoria más grande.

El gobierno de Trump ha activado el sistema antimisiles THAAD en Corea del Sur y está realizando ejercicios militares en la región con un portaaviones, bombarderos B-1 y submarinos nucleares, pero al mismo tiempo ha declarado públicamente, para que lo oiga el que tiene oídos, que está trabajando estrechamente con el Presidente Xi, y que quiere asegurar a Corea del Nortea que Estados Unidos no amenaza con un “cambio de régimen” contra el gobierno de Kim Jong-un. La declaración que hizo el lunes pasado, en el sentido de que está dispuesto a reunirse en persona con Kim Jong-un bajo las circunstancias adecuadas, ha provocado una histeria general en la prensa occidental, así como la invitación de Trump al Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, a visitar la Casa Blanca, provocó un arrebato de locura a los editores del New York Times y a otros de su ralea.

¿Pero qué representan esas acciones? La crisis de Corea la crearon los gobiernos de Bush y de Obama, que sabotearon todos los acuerdos a los que se había llegado con Corea del Norte, para llegar al punto en que Obama salió con su desquiciada idea de la “paciencia estratégica”, la negativa a hablar con el Norte a menos que hicieran lo que se les dice y punto, al mismo tiempo que acumulaba fuerzas militares y aumentaba las sanciones. El objetivo era China, no Corea del Norte. Bush y Obama se deleitaban con la posibilidad de que Corea del Norte tuviera armas nucleares, para tener un pretexto para crear un cerco militar alrededor de China y de Rusia.

Ahora Trump está colaborando con China. No hay ningún motivo para empujar a Corea del Norte a que adopte reacciones hostiles con armamento nuclear. Como lo dijo la semana pasada el secretario de Estado de EU, Rex Tillerson, tenemos que convencer a Pyongyang de que no intentamos hacer un cambio de régimen, sino tan solo la desnuclearización pacífica de la península coreana.

Lo mismo con las Filipinas. Las innecesarias provocaciones a China que hacía el anterior gobierno de Filipinas, que llevó el asunto de la soberanía de las islas del Mar de China Meridional a un tribunal occidental prejuiciado, sin la participación de China, fue lo que Obama utilizó como pretexto para desplegar una poderosa fuerza militar en la región. Con la elección de Duterte, esa crisis terminó, y Filipinas ahora colabora estrechamente con China y también con Estados Unidos. Tanto Filipinas como Estados Unidos tienen ahora una dirección sensata y rechazan la demencia de una guerra mundial entre las potencias nucleares.

Este martes 2 de mayo, Trump tuvo una larga conversación por teléfono con el Presidente Putin, durante la cual acordaron trabajar juntos para forjar una solución política pacífica en los puntos de conflicto de Corea del Norte y Siria. Esto aterroriza a los británicos, quienes creían que ya habían envenenado definitivamente el propósito del Presidente Trump de hacerse amigo de Putin, con sus mentiras sobre las armas químicas y Assad, lo cual había inducido a Trump a bombardear la base aérea siria.

Por supuesto, el New York Times, la voz del imperio británico en Estados Unidos, califica a Xi Jinping y a Putin como “dictadores”, y alega que Trump es un tirano porque quiere ser amigo de ellos, o de otros “dictadores autoritarios” como Duterte, y Al-Sisi de Egipto, o cualquier otro que desafíe la división imperial del mundo impuesta por los británicos en bandos enemigos, y que solo están interesados en combatir el terrorismo, y no a otros Estados nacionales. En realidad, estos son los países que integran la Nueva Ruta de la Seda, que quieren colaborar como amigos en la construcción de un mundo merecedor de la dignidad de la humanidad.

Hasta el momento, Trump no ha anunciado todavía que vaya a asistir o no al Foro de la Franja y la Ruta, programado en Pekín para los días 14 y 15 de mayo, en donde se reunirán los líderes de unas 100 naciones para conversar sobre el futuro de la humanidad en base al desarrollo mutuo, el alivio de la pobreza extrema (como lo ha logrado China casi por completo), y un mundo libre de la guerra y del terrorismo. Como lo señaló Helga Zepp-LaRouche el 13 de abril, si Trump procede a llevar a Estados Unidos hacia la Nueva Ruta de la Seda, será recordado como uno de los más grandes Presidentes estadounidenses. La idea misma del imperio, de un mundo compuesto de gente y naciones darwinianas que funcionan como animales, peleando por sacar ventaja del otro, se puede depositar en el basurero de la historia de una vez y para siempre. La humanidad puede avanzar entonces a su verdadero destino, para construir un mundo justo y próspero, para llevar a la humanidad al espacio, y crear un Renacimiento científico y cultural entre todos los pueblos.