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Estos NO fueron los 100 días que se proponía el imperio británico

4 de may de 2017
El pasado 17 de abril, el Presidente Donald J. Trump se unió a los participantes en la festividad del Huevo de Pascua, para escribir cartas a las mujeres y hombres de las Fuerzas Armadas de EU. (Foto oficial de la Casa Blanca, de Shealah Craighead)

4 de mayo de 2017 — La dinámica de los “Tres grandes” líderes internacionales (Putin, Xi, y Trump) está prendiendo cada vez más en la situación estratégica global, si bien de una manera desigual. En los 100 días del gobierno de Trump, el plan del imperio británico era que Donald Trump sería sacado de la Presidencia o estaría muerto; el mundo estaría encerrado en una trayectoria hacia una guerra regional y termonuclear global; y la Ley Glass-Steagall sería historia, y solo historia.

El plan británico no era, ciertamente, que Trump hablase por teléfono con Putin tres veces, como lo ha hecho hasta ahora, y que se definiera una reunión entre ellos probablemente en la próxima cumbre del G-20, el 7 de julio; tampoco era que Trump se reuniese con Xi Jinping una vez y que hablaran por teléfono varias veces; y tampoco que Trump planteara personalmente la cuestión de la ley Glass-Steagall para poner su discusión en el primer plano, aunque cuál versión de “Glass-Steagall”, la verdadera de Franklin Roosevelt o alguna imitación como la variante de la “delimitación” británica, se está peleando ferozmente todavía, en donde la ciudadanía estadounidense, encabezada por la movilización de LaRouche PAC, está haciendo valer su voz.

Al mismo tiempo, la próxima cumbre sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta que se llevará a cabo los días 14 y 15 de mayo en Pekín, está dominando cada vez más la agenda económica global, y Lyndon y Helga LaRouche están personalmente en el centro de la discusión, en la que Rusia y China son los interlocutores principales, como se ve claramente en la reciente conferencia del Instituto Schiller en Nueva York, (http://schillerinstitute.org/conf-iclc/2017/0413-ny/main.html#panel2), lo cual explica por qué el imperio británico no está contento en lo más mínimo.

En realidad, están en pánico, y todavía intentan cocinar un juicio político contra Trump y desatar una revolución de color en Estados Unidos.

Helga Zepp-LaRouche señaló ayer que estamos en el conteo final de diez días para el Foro de la Franja y la Ruta en Pekín, y es necesario seguir insistiendo en que Estados Unidos debe participar en ese proceso. Estados Unidos tiene un déficit de $8 billones de dólares en infraestructura, cuando menos, y necesita de la experiencia y las inversiones chinas para ayudar a reconstruir la infraestructura del país al nivel tecnológico más alto. Más aún, subrayó ella, Estados Unidos y China deben iniciar empresas conjuntas, en especial en el Medio Oriente y en África, para llevar la paz y el desarrollo a esas regiones. ¡Hay mucho por hacer!, declaró Helga Zepp-LaRouche.

Es seguro que Rusia y China responderán favorablemente a una política estadounidense como esa. Como lo señaló con agudeza el diario oficial de China Global Times en una editorial del 2 de mayo:

La ansiedad por la Iniciativa de la Franja y la Ruta “deja al descubierto la mentalidad estereotipada estadounidense de la suma cero...”

Pero “la opinión pública en Estados Unidos está cambiando sutilmente de estar en contra, a darle más importancia a su estudio...”

La cooperación “elevaría su confianza mutua al siguiente nivel... y crearía una nueva plataforma para la colaboración sino-estadounidense...

“Pekín ya ha extendido la invitación, y vale la pena observar como responderá Estados Unidos”.