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Trump se deshace de algunos conspiradores golpistas, y adelanta la cooperación con Rusia y con China

11 de may de 2017
26 de septiembre de 2013 - El ex sub procurador general, James Comey (izquierda), junto con el ex Presidente Barack Obama (centro) y el director saliente del FBI, Robert Mueller (derecha) durante el nombramiento de Comey como el séptimo director del FBI.

11 de mayo de 2017 — En los últimos días, Donald Trump, dio los primeros pasos para sacar la basura de la comunidad de inteligencia que ha sido parte de la revolución de color que está en marcha en contra del gobierno de Estados Unidos. El recién despedido ex director del FBI, James Comey, junto con el ex director de Inteligencia Nacional, James Clapper, el ex director de la CIA John Brennan, y otros más, han participado activamente en un intento de golpe de Estado contra el Presidente Trump, utilizando mentiras descabelladas y tácticas que no se habían visto desde la era de McCarthy para aterrorizar a la población estadounidense sobre el supuesto peligro de la agresión rusa, y hasta del control ruso sobre el gobierno de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, luego de una reunión sumamente productiva ayer con el Presidente Trump y con el Secretario de Estado, Rex Tillerson en la Casa Blanca, ridiculizó esta campaña. En respuesta a preguntas insistentes de la prensa vendida para que explicase la noticia falsa de la interferencia rusa en las elecciones de 2016, Lavrov respondió: “Yo creo que esto es hasta humillante para el pueblo estadounidense, escuchar que los asuntos internos de Estados Unidos están gobernados por Rusia. ¿Cómo puede ser que tan gran nación piense de este modo?”

El 27 de febrero de este año, EIR publicó un amplio expediente titulado “Obama y los nazis de Soros en 2014; ¿Estados Unidos en 2017?”. El expediente documenta que la misma gente e instituciones que dirigieron el golpe de Estado nazi contra Ucrania en 2014, intentan llevar a cabo una revolución de color similar contra Trump, y exactamente por los mismos motivos. Como le dijo el representante alterno de Rusia ante la ONU, Vladimir Safronkov, al embajador británico, Matthew Rycroft, durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 12 de abril: “Ustedes tienen miedo de que podamos cooperar con Estados Unidos. ¡Eso es lo que les quita el sueño! Ustedes están haciendo todo lo posible para impedir esta cooperación”. Los rusos entienden que el imperio británico está empleando todos los medios, incluso arriesgando una guerra nuclear, para impedir que Trump conduzca a Estados Unidos hacia una asociación con el amigo natural e histórico de Estados Unidos en Rusia y China. Esta amistad significaría el fin del imperio británico de una vez por todas, acabaría con la división entre Este y Oeste, y generaría un nuevo paradigma basado en el desarrollo y en el interés muto de todas las naciones.

Esto, por supuesto, es la Nueva Ruta de la Seda, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que lanzó el Presidente de China Xi Jingping, y que sostendrá su primera conferencia internacional en Pekín el 14 y 15 de mayo, con representantes de más de 100 países y 28 jefes de Estado y de gobierno, para planificar un futuro productivo para la humanidad y para terminar con la guerra perpetua de la era imperial.

Helga Zepp-LaRouche, conocida en China como la “Dama de la Ruta de la Seda”, comentó hoy sobre el hecho de que el primer ministro italiano Paolo Gentiloni encabezará la delegación de su nación al Foro de la Franja y la Ruta, en tanto que el ex primer ministro francés Jean-Pierre Raffarin irá en representación de Francia, y que muchas otras naciones europeas enviarán delegaciones importantes, significa que el momento histórico en Europa ha virado hacia el futuro brillante de la Nueva Ruta de la Seda. Solo Alemania, bajo Merkel, parece atorada en el viejo paradigma, desvariando sobre el carbón en vez de desarrollar a la nación. Por lo pronto, el Presidente Trump no ha indicado si él o cualquier otra delegación de Estados Unidos asistirá, aunque el Presidente de China y el embajador chino en Estados Unidos han renovado su invitación.

Trump ha tomado incuestionablemente la decisión de rechazar el juego británico, para botar las redes de inteligencia corruptas que han difundido la propaganda antirrusa y por la guerra a favor de la inteligencia británica, que ha utilizado a Estados Unidos como el “gigante idiota” para librar sus guerras coloniales, mientras que se prepara para una guerra nuclear contra China y Rusia.

En Asia, el recién electo gobierno de Corea del Sur, con el Presidente Moon Jae-in, tomo posesión ayer y anunció de inmediato su compromiso a restaurar la llamada “Política del Sol” hacia Corea del Norte (que fue la política de Corea del Sur hacia el Norte desde 1998 hasta 2007), y de colaborar con Trump en búsqueda de una solución a largo plazo en la Península Coreana. Esa solución se tiene que basar en el desarrollo mutuo y respeto a la soberanía del Norte a cambio de resolver la cuestión de las armas nucleares. El gobierno de Pyongyang ha declarado repetidamente que si se acaban las amenazas permanentes a su nación, se puede encontrar una solución. Ahora existe el potencial para que la dividida nación coreana, en colaboración con Xi, Putin y Trump, y posiblemente Shinzo Abe de Japón (cercano tanto a Putin como a Trump), pueda empezar un proceso de paz y desarrollo que podría eventualmente conducir a la reunificación.

Es hora de que el Presidente Trump tenga esa hamburguesa con Kim Jong-un.