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Trump en el Medio Oriente: Unir contra el terrorismo; resolver el conflicto israelí-palestino

22 de may de 2017
El Presidente Trump participó en la Cumbre Estadounidense Árabe islámica en Riad. (Foto del video de la Casa Blanca)

22 de mayo de 2017 —- El Presidente Trump dio un discurso el domingo 21 en Riad ante una congregación de 20 lideres de naciones musulmanas (pero sin Irán), en donde hizo un llamado a emprender una guerra generalizada en contra del terrorismo, que sea la base para unir al mundo a favor de la paz y el desarrollo. El discurso debería ponerle fin por lo menos a uno de los aspectos de la histeria y mentiras que se están usando para la “revolución de color” en Estados Unidos para destruir su presidencia: la acusación de que es antimusulmán. Destacó que un 95% de las muertes por terrorismo son musulmanes, y declaró que “con la ayuda de Dios, esta cumbre marcará el principio del fin de quienes practican el terror y difunden sus creencias infames”.

Claramente hay problemas que se tienen que abordar con relación a los saudíes, cuyo apoyo al wahhabismo ha sido la base ideológica primaria del flagelo terrorista internacional, en donde buena parte del financiamiento y el armamento de las operaciones terroristas provino ya sea directamente de los saudíes o del gobierno de Obama y Bush y los británicos, canalizados a través de los saudíes. Los saudíes están enfrascado ahora en una guerra criminal en contra de Yemen, con armas británicas y estadounidenses, con lo que han creado uno de los desastre humanitarios más severos de los tiempos modernos.

Sin embargo, el mundo ha cambiado, dramáticamente, en el último año y en especial en la última semana. El Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional en Pekín de la semana pasada, marca un cambio de fase en la historia de la humanidad, en donde quedó establecido oficialmente un nuevo orden económico internacional, basado no en una suma cero de una geopolítica despiadada, sino en la cooperación para el desarrollo de la economía física y cultural en donde todos ganan. Arabia Saudita, los Emirato Árabes Unidos y otras naciones del Golfo y árabes enviaron delegaciones de muy alto nivel al Foro. Como ha argumentado consistentemente Helga Zepp-LaRouche, y como lo han venido promoviendo cada vez en mayor medida algunas naciones del Medio Oriente, la Nueva Ruta de la Seda es la base única para reconstruir la región de la destrucción acarreada tanto por el terrorismo como por las guerras criminales y letales de destrucción libradas por los dos predecesores de Trump en la Casa Blanca.

En contraste con las guerras de cambio de régimen de Bush y Obama, desatadas bajo el argumento colonialista de “responsabilidad de proteger” (“la carga del hombre blanco”) que destruyó gobiernos y países cuando se negaron a someterse a la orientación de Occidente, Trump ha tomado una ruta distinta: “Estamos adoptando un realismo basado en principios, enraizados en los valores comunes, intereses compartidos y sentido común”, dijo en Riad. “No estamos aquí para sermonearlos. No estamos aquí para decirle a la gente cómo deben vivir, qué deben hacer, quiénes deben ser o cómo rendir culto religioso. En vez de esto, estamos aquí para ofrecerles asociaciones con base en los intereses y valores comunes en busca de un futuro mejor”.

Hay un peligro en que Trump haya aceptado denunciar indiscriminadamente a Irán. En su discurso, acusó a Irán de ofrecerle a los terroristas “refugio seguro, respaldo financiero y bases sociales para el reclutamiento”. Pareciera que ignora que el Estado Islámico (EIIS), al-Qaeda y todas las otras organizaciones terroristas wahhabistas son financiadas por los saudíes o por medio de ellos, cuando solo denunció al Hezbollá y Hamas y hasta elogió la guerra saudí en contra de los houtíes en Yemen.

Pero las condiciones internacionales cambiadas ofrecen esperanza de que estos asuntos se puedan resolver. La raíz de la inestabilidad en el mundo árabe es el conflicto israelí-palestino. Trump es un caso raro de presidentes estadounidenses que se han opuesto a la división británica del mundo entre el llamado “mundo libre” en Occidente y los dizque “comunistas ateos” en el Oriente, promoviendo en vez de esto el hecho de que las naciones más poderosas sobre el planeta (EU, Rusia y China) tienen todas las razones del mundo para trabajar juntas como amigas. Este es el contexto global en el que todas las divisiones geopolíticas se pueden reemplazar por soluciones en donde todos ganan.

Trump dijo en su discurso: “Con ese espíritu...viajaré a Jerusalén y Belén, y después al Vaticano, visitando muchos de los lugares más sagrados en las tres confesiones abrahámicas. Si estas tres religiones se pueden unir para cooperar, entonces es posible la paz en el mundo, incluyendo la paz entre israelíes y palestinos”.

En última instancia, esta visión de un futuro pacífico y próspero depende de que la humanidad como un todo se una bajo el entendido de nuestras diversas características culturales pero con nuestra humanidad común. Como dijo Helga Zepp-LaRouche en su discurso en el Foro de Pekín el 14 de mayo: “La Nueva Ruta de la Seda tiene que llevar, tal y como lo hizo la anterior, al intercambio de las expresiones culturales más bellas de todos los países participantes para poder tener éxito. El verdadero significado de una cooperación donde todos ganan no es solo el beneficio material en la infraestructura y el desarrollo industrial sino en hacer descubrimientos gozosos sobre la belleza de la música clásica, poesía y pinturas en otras culturas y, al conocerlos, fortalecer nuestro amor por la humanidad en su conjunto”.

Esta tiene que ser nuestra misión.