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Se debilita el intento de golpe en contra de Trump, en la medida en que los ciudadanos empiezan a ver de nuevo un futuro

12 de junio de 2017
El Presidente Donald J. Trump anuncia su iniciativa sobre infraestructura el 7 de junio de 2017 (Foto oficial de la Casa Blanca, de Shealah Craighead)

12 de junio de 2017 — Cuando murió Franklin D. Roosevelt antes de que terminara la guerra, Lyndon LaRouche se lamentó de que hubiese muerto un gran hombre y advirtió que se había apoderado del poder un hombre pequeño.

Viendo en retrospectiva 1945 desde nuestra perspectiva actual, ¿reconocen los ciudadanos que Estados Unidos ganó la guerra gracias a que Franklin Roosevelt derrotó a los banqueros británicos en Wall Street, al restablecer el Sistema Americano de crédito para el desarrollo, no para la especulación, mediante la legislación Glass-Steagall? ¿Reconocen que el “arsenal de la democracia” que derrotó al fascismo solo fue posible porque Roosevelt había creado el mayor auge en el desarrollo de la infraestructura en toda la historia, en solo unos pocos años, lo que le dio a Estados Unidos una ventaja abrumadora en la capacidad de producción y logística? ¿Reconocen que la colaboración con China y Rusia (en ese entonces la URSS) era indispensable para salvar al mundo del fascismo? ¿O se creen el mito de que la guerra la ganó Truman con su incineración de civiles japoneses y que la Guerra Fría era necesaria para salvar al mundo del “comunismo ateo”?

Estas preguntas son cruciales actualmente. Después de 16 años de austeridad, de guerras colonialistas permanentes (“cambio de régimen”) y degeneración cultural con Bush, Cheney y Obama, la población estadounidense enfrentaba la muerte por el pesimismo y la desesperanza, el decaimiento económico y la degradación cultural de su dignidad humana.

Pero el mundo ha cambiado ahora. Desde que Xi Jinping anunció en el 2013 la Nueva Ruta de la Seda, en pocos años, igual como lo hizo antes Roosevelt en Estados Unidos, ha reorientado a casi todo el mundo en la senda de un vasto desarrollo infraestructural, elevando la plataforma de la productividad humana a nivel internacional y demostrando que realmente se puede eliminar la pobreza, en todo el planeta, como están a punto de lograrlo los chinos en su nación. China y Rusia están uniendo a las naciones de Eurasia tras esta gran empresa y llamando a toda Asia, África y las Américas para que se unan.

Y ahora en Estados Unidos ha surgido un Presidente que rechaza la división imperialista del mundo, que rechaza el cambio de régimen y que promueve la amistad y la colaboración con China y Rusia, tanto para derrotar al terrorismo como para cooperar en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, para alcanzar los objetivos comunes de la humanidad.

El imperio ha respondido con sed de venganza. Utilizando todos los recursos a su disposición (a los neoconservadores belicistas tanto en el Partido Demócrata como Republicano, las prostitutas asquerosas de los medios de comunicaciones tradicionales y los operativos británicos en los círculos de inteligencia de Obama y Bush) ha lanzado una campaña para satanizar a Putin, alegar que Rusia se había robado las elecciones en Estados Unidos y que Trump es un títere de Moscú. Había que destruir a Trump a toda costa; una “revolución de color” en contra de los propios Estados Unidos. Los cabecillas de esta campaña fueron los reconocidos mentirosos y traidores que encabezaron las agencias de inteligencia de Obama: John Brennan, James Clapper y James Comey.

Como lo señaló Michael Goodwin en el diario New York Post del sábado: “J. Edgar Hoover permaneció en su puesto porque cinco Presidentes tuvieron miedo de despedirlo. Su seguro eran los trapitos sucios que secretamente había recolectado de ellos. Comey está cortado con las mismas tijeras, pero Trump no tuvo miedo de despedirlo”.

Ahora la realidad está quedando al descubierto ante el pueblo estadounidense. Las mentiras de Comey han quedado al descubierto. Trump se niega a retroceder ante las mentiras de los belicistas sobre Rusia y China.

La pregunta que queda pendiente es: “¿Revivirá la población estadounidense la visión de los Padres Fundadores, de Franklin D. Roosevelt, de John F. Kennedy, viendo la situación actual en retrospectiva desde el futuro? ¿Adoptarán los neoyorquinos una visión de ciudad con conexiones férreas de alta velocidad en todas direcciones, con trenes maglev que reemplacen a la colapsada red del metro desgastada y ruidosa? ¿Podrán los estadounidenses atreverse a creer que se puede transformar a la nación en unos cuantos años, tal y como lo hizo Franklin D. Roosevelt y como lo están haciendo hoy los chinos?

En las próximas semanas, el proyecto Manhattan va a patrocinar una serie de eventos que aportarán las municiones creativas para responder afirmativamente estas preguntas. El próximo 29 de junio se llevará a cabo un concierto especial del Instituto Schiller en el Carnegie Hall de Nueva York, en honor a Sylvia Olden Lee, seguido de un seminario sobre la colocación de la voz y la afinación clásica. Le seguirán después otros eventos organizados por el Instituto Schiller y nuestros amigos chinos y otros alrededor del mundo con lo que seguiremos aportando dirección a los cambios revolucionarios que están ocurriendo en la nación y en el mundo.