Hersh: Decisión de Trump de atacar a Siria fue contrario a los informes de inteligencia de que no hubo ataque químico

28 de junio de 2017

27 de junio de 2017 — El veterano periodista investigador Seymour Hersh, publicó un informe en el diario alemán Welt am Sonntag, en inglés y en alemán, en donde sostiene que el Presidente Trump dio la orden de atacar con misiles crucero la base aérea de Shayrat en Siria, el pasado 6 de abril, “a pesar de haber sido advertido por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos que no encontraron evidencias de que los sirios habían utilizado armas químicas”.

El informe de Hersh es una confirmación importante de que las acusaciones de que Assad lanzó un ataque con armas químicas son totalmente falsas. El momento en que se publica coincide con los avances que se han dado bajo el liderazgo ruso para reducir la escalada de violencia en Siria y de un avance considerable contra el Estado Islámico en el sureste de Siria. Pero también en el momento en que siguen las provocaciones por parte de los golpistas dentro de Estados Unidos.

En este contexto, utilizar de nuevo la falsa bandera de un ataque químico y culpar a Assad, sería ahora poco creíble y podría ser desastroso. “Los salfistas y yijadistas consiguieron todo lo que querían con su ardid exagerado del gas nervioso sirio”, le dijo a Hersh un veterano asesor de inteligencia. “La cuestión es, ¿qué tal si hay otra falsa bandera de un ataque con gas sarín que se le acredite a la odiada Siria? Trump ya se adelantó y se encajonó el mismo en una esquina con su decisión de bombardear. Y no piensen que estos tipos no están planeando su próximo ataque falso”.

“La inteligencia disponible dejó en claro que los sirios habían atacado el sitio de una reunión yijadista el 4 de abril, utilizando bombas guiadas que les abastecieron los rusos equipadas con explosivos convencionales. Los detalles del ataque, incluyendo la información sobre sus mentados objetivos de alto valor, se los habían proporcionado los rusos por adelantado a los estadounidenses y a los oficiales militares aliados en Doha”, informa Hersh. “Algunos funcionarios estadounidenses militares y de inteligencia se sintieron especialmente afligidos por la decisión del presidente de ignorar la evidencia”.

Hersh describe con bastante detalle como funciona el proceso de distensión entre los militares de Estados Unidos y de Rusia en Siria, como se comparte información de inteligencia y se informan mutuamente de los ataques planeados. La cooperación y colaboración directa no lo permiten las órdenes de operaciones de Estados Unidos que gobiernan la relación con los rusos, pero la coordinación si se permite, y eso incluyó el ataque aéreo sobre Khan Sheikhoun. Hersh informa que los rusos le habían pasado la inteligencia de que habría una reunión yijadista de alto nivel ahí, en un edificio en particular, y que estaban trabajando con la fuerza aérea siria para proporcionarles armas guiadas para destruir el sitio cuando se llevara a cabo la reunión. Los estadounidenses involucrados en esa coordinación ridiculizaron la idea de que los rusos habían ayudado a los sirios a lanzar armas químicas sobre el poblado. Simplemente no había ni hay forma de que pudiesen disfrazarlo y hacer que pareciera como una bomba convencional de 500 lb, cuando una filtración podía matar a quienes cargaban la bomba en el avión, a menos que tuvieran trajes especiales para manejar material peligros. Después del ataque, hubo evidencia del MSF de que los síntomas de los que murieron indicaban que habían estado expuesto a una gama de substancias químicas, tales como las que se utilizan en los pesticidas y fertilizantes; en otras palabras, lo que dijeron los rusos, que habían substancias químicas en el edificio y que no se habían percatado de que esos se diseminaron como resultado de una explosión secundaria después del ataque inicial.

Sin embargo, la maquinaria de propaganda de los medios se echó a andar a todo vapor después del ataque para culpar a Assad y a los rusos sin ninguna evidencia en absoluto, y ciertos miembros del gobierno de Trump, entre ellos la embajadora en la ONU, Nikki Haley, hicieron todo el jueguito. “Lo que no se les ocurre a la mayoría de los estadounidenses”, le dijo a Hersh un veterano asesor de la comunidad de inteligencia estadounidense, “es que si hubiese habido un ataque de gas sirio autorizado por Bashar, los rusos estarían 10 veces más enojados que nadie en Occidente. La estrategia de Rusia contra el EIIS, que incluye procurar la cooperación de los estadounidenses, hubiera quedado destruida y Bashar sería el responsable por irritar a Rusia, con consecuencias desconocidas para él. ¿Bashar haría eso? ¿Cuándo está a punto de ganar la guerra? Eso es una burla”.

Hersh dice que la procedencia de las fotografías que Trump vio, junto con todos los consumidores de medios, es “desconocida”. Pero lo que falta de manera prominente en el relato de Hersh, es el papel de los británicos en la manipulación de Trump con información falsa, que lo llevó a tomar la decisión de atacar el 7 de abril. El ministro de Defensa británico, Michael Fallon, prácticamente se jactó de esto a las pocas horas del ataque. “El secretario de defensa estadounidense, Mim Mattis, me consultó antes ayer en la noche sobre nuestra evaluación de la culpabilidad del régimen por el ataque con armas químicas y revisamos la necesidad de entender y como enfrentar cualquier reacción posible de los rusos al ataque”, le dijo Michael Fallon a la BBC Television temprano el 7 de abril. “El repaso las diferentes opciones para planteárselas al presidente, y luego me llamó más tarde para avisarme de la decisión del presidente y para darnos aviso del ataque y nuestro primer ministro fue informado de todo esto”, dijo Fallon.