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El “Rusiagate” es para los tontos que se lo tragan; ¡es la economía, estúpido!

18 de julio de 2017
El 7 de julio del presente se llevó a cabo la reunión entre el Presidente Vladimir Putin de Rusia y el Presidente Donald Trump de Estados Unidos, en el marco de la cumbre del G20 en Hamburgo, Alemania. (Foto: en.kremlin.ru)

18 de julio de 2017 — Si hubiese traidores a la supervivencia de Estados Unidos, serían los políticos y los medios informativos que siguen empujando el demencial golpe de Estado con el “Rusiagate” en contra del Presidente Trump, debido a su propósito de cooperar con Rusia y con China.

Si se llega a imposibilitar ese programa estratégico de paz del Presidente, el resultado será la proliferación de guerras por todas partes, y con la posibilidad de una guerra entre las potencias nucleares. Pero incluso si se evitase lo peor, el hecho es que en la era de Bush y de Obama, de guerras para tumbar gobiernos e imponer “cambio de régimen”, de guerra permanente, Estados Unidos ha padecido una destrucción económica, social y cultural. Trump intenta acabar con esa era desastrosa mediante la cooperación con los Presidentes Putin de Rusia y Xi de China, y está procediendo en un rumbo claramente exitoso en ese sentido. Más aún, está decidido a procurarlo a pesar de la crisis de “enjuiciamiento político” y todas las amenazas provenientes de las agencias de inteligencia de los mismos Estados Unidos y de sus mentores británicos.

Pero Estados Unidos podría también ser destruido por el derrumbe financiero y el colapso económico que le amenaza ahora, en tanto que las burbujas financieras que en conjunto con muchísimo mayores que la de 2007, están cayendo en incumplimiento. La economía de Estados Unidos se hunde, y sobre todo debido a su decrépita infraestructura económica que se está desmoronando sin ninguna reparación, para no decir sustitución en el nivel tecnológico más alto.

En esa situación, ¿qué significa que algunos líderes políticos anden diciendo: “No ofrezcan ningún programa alternativo al pueblo estadounidense; solo hagan el juicio político, y un proceso judicial al Presidente por reunirse con los rusos”. Esa es la receta para el caos.

¡Es la economía, estúpido!, y son las condiciones de la economía de Estados Unidos, de desempleo, de improductividad, de la baja calidad de la vida, que se están hundiendo cada vez más rápido.

Aquí en este punto, el pueblo estadounidense se tiene que apoderar del programa de Trump para “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, porque el suyo está descarrilado. Le toca a la población misma derrotar a los banqueros de Wall Street que han sacado al Presidente de la cabina de mando.

Trump ha hablado del “Sistema Americano de economía”, y de eso es de lo que se trata para solucionar esta crisis de veras. De eso ha hablado el Presidente, pero no lo ha puesto en práctica. Es lo que se necesita para salvar a Estados Unidos, así que es necesario llevar al Presidente a que lo haga realidad.

El director fundador de EIR, Lyndon LaRouche, ha sintetizado lo que significa ese Sistema Americano en cuatro programas de acción que se tienen que poner en marcha ya, empezando con la reinstitución de la Ley Glass-Steagall para “sacar a los especuladores del templo de nuestra civilización”, como dijo Franklin D. Roosevelt. Se tienen que aplicar las lecciones del Proyecto Apolo para ampliar la exploración espacial y para renovar y reconstruir la infraestructura económica de Estados Unidos a los más altos niveles tecnológicos. Se tiene que fijar la meta del desarrollo de la energía de fusión con un programa de emergencia que nunca se ha realizado.

El Sistema Americano es lo que puede hacer que Estados Unidos regrese a “a la época dorada de la productividad estadounidense”, que se inició con Franklin Roosevelt y terminó poco después del asesinato de John F. Kennedy; y que fue resultado de la renovación casi continua de la infraestructura económica de Estados Unidos a niveles cada vez más avanzados.

De lo contrario, enfrentaremos la crisis estratégica y la guerra si se deja que la economía colapse. Déjense de “Rusiagate”. La cuestión es esa.