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Qué hacer antes de que azote otro crac bancario

25 de julio de 2017
Una estatua sobre la torre del Duomo de la Catedral de Milán, Italia, domina el centro de la ciudad y su distrito financiero. (Foto: Stefano Stabile / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0)

25 de julio de 2017 — La advertencia de otro crac bancario devastador en Europa y Estados Unidos, para antes de que termine el año, que planteó EIR en mayo y que se reiteró en una reunión de parlamentarios europeos a principios de julio, se ha convertido en un peligro de emergencia. Es necesario una movilización para tomar medidas para detenerlo.

El sistema bancario italiano, que acaba de tener tres rescates a sendos bancos grandes —junto con otros “rescates internos” a costa de los ahorristas sin suerte que les confiscaron sus ahorros— está tratando de conseguir un aumento de su capital en una cantidad de la cual no dispone, para impedir un posible derrumbe que podría llevarse consigo a los bancos de Alemania. Los bancos de Estados Unidos tienen una inversión de unos $2 billones de dólares en esos bancos cuyo desastre se avizora debido a sus préstamos malos y a los peores derivados financieros, centrados en Londres.

Esos bancos de Wall Street, rescatados e impunes desde el 2008, han generado rápidamente burbujas de deuda corporativa y con derivados financieros inmobiliarios, mucho más grandes que las burbujas que se crearon con las deudas hipotecarias que reventaron a varios bancos en 2008. Los incumplimientos y las bancarrotas están aumentando ahora muy rápidamente y afectan a esas burbujas. Las autoridades de la Reserva Federal de Estados Unidos, no han aumentado las tasas de interés lo suficiente, todavía, por puro miedo de que eso dispare un crac, cosa de la que el FMI ha advertido que sucedería en ese caso; pero al posponer el disparo del crac, todo lo que hace es hacerlo más devastador en lo económico para cuando suceda.

El plan del Presidente Trump de cooperar con Rusia y China, en procura de la paz y del beneficio muto, es totalmente correcto y se le debe defender en contra de los ataques en su contra en ese sentido. Pero no va a sobrevivir el caso de otro crac financiero transatlántico. Y no ha puesto en marcha los planes para revivir a la economía estadounidense que él había dicho que tenía, para poder enfrentar ese crac.

Tiene que haber una movilización para que se tomen medidas de inmediato, lo cual depende en última instancia del pueblo estadounidense y de sus organismos.

Primero, la separación bancaria que definía la ley Glass-Steagall, entre la banca comercial y la banca de inversión, se tiene que reinstituir con efecto inmediato, para desbaratar a los gigantescos casinos especulativos de Wall Street.

Desde que se comenzó a desmantelar la Ley Glass-Steagall hace 50 años, los bancos y fondos de Wall Street —que tienen sus operaciones más peligrosas siempre en Londres— han sido un súcubo para la economía, que no puede crecer sin crac financieros, y desde el crac del 2008 no ha podido crecer nada en absoluto. La división que impone la Glass-Steagall debe empezar ya, para impedir que el inminente crac de los casinos bancarios acabe con la economía real.

Luego, se tiene que emitir crédito a partir de una institución crediticia nacional, una institución publica (ver “El arte perdido del presupuesto de capital”, por Lyndon LaRouche, que se volvió a publicar en la edición de EIR del 21 de julio). Se tiene que emitir crédito en el tenor de los billones de dólares, a un plazo de 20 a 25 años y a bajas tasas de interés.

El propósito es realizar inversiones de alta tecnología en proyectos de nueva infraestructura productiva, para reemplazar a la existente que se desmorona junto con la economía estadounidense, para elevar la productividad y crear de nuevo empleos productivos. No se puede y no se hará con inversión privada. El Presidente Trump tiene que aprender esto, y los piojos de Wall Street que lo rodean, como el Secretario del Tesoro, se tienen que ir muy lejos.

Este programa para revivir la economía necesita la expansión significativa del programa de exploración espacial de Estados Unidos para que le de impulso, como lo dijo el propio Presidente en un mensaje televisado al pueblo estadounidense en marzo pasado.

Ahora, enfrentar este derrumbe financiero que nos amenaza y poner en marcha este plan de emergencia con medidas inmediatas, depende primordialmente de que el pueblo de Estados Unidos exija de manera efectiva estas acciones, como si fueran las últimas semanas de una campaña presidencial.

Entonces, el propósito del Presidente de cooperar con China y con Rusia, se convertirá e un tremendo beneficio, en especial a partir de los grandes proyectos de construcción en los que “todos ganan”: La Nueva Ruta de la Seda que promueve Pekín, por toda Eurasia y África. Por ejemplo, la construcción de esos corredores productivos con ferrocarriles de alta velocidad, por toda Norteamérica. Estados Unidos es potencialmente un socio a plenitud en la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Primero, se tiene que desbaratar por completo a Wall Street, tanto en el Congreso como en el gobierno, para impedir que destruya de manera permanente lo que queda de la economía industrial estadounidense y de sus capacidades científicas.