La primavera venezolana, una trampa de Londres

8 de agosto de 2017

8 de Agosto de 2017 — Venezuela, país rico en petróleo, está hoy sumido en el caos, la desintegración económica y la amenaza de una cruenta guerra civil, la cual rápidamente puede esparcirse por toda Suramérica. El gobierno de Nicolás Maduro acaba de llevar a cabo unas repentinas elecciones para escoger los candidatos para una Asamblea Nacional Constituyente a fin de tratar de mantener el control del poder político por la fuerza, un paso absolutamente anticonstitucional, que fue boicoteado por la oposición a su gobierno, en la que convive la derecha neoconservadora con elementos del chavismo que piden elecciones adelantadas, luego de que Maduro se negó a aceptar la solicitud constitucional de esa oposición a realizar un referendo revocatorio de su gobierno, tal como lo ordena la Constitución. Ahora hay toda una corriente ultra dentro de la oposición que no quiere nada de elecciones y que piden una intervención militar de parte de Estados Unidos para tumbar a Maduro, y colocarse ellos en el poder. Una intervención de Estados Unidos como esa para cambiar el régimen, como se discute actualmente en Washington, ya sea imponiendo sanciones económicas a Venezuela al reducir la importación de petróleo, o con una “intervención humanitaria internacional” escondida detrás del disfraz de la hipócrita “Responsabilidad de Proteger”, o sea por medio de una intervención militar de hecho, no va a llevar a Venezuela la necesaria estabilidad y reconstrucción sino que va a hundir a todo el Hemisferio Occidental en el caos.

Para la mayoría de los venezolanos esta crisis es existencial. La escasez de alimentos es tan grave que una encuesta nacional sobre condiciones de vida que hicieron tres universidades venezolanas, informó en febrero de este año que el 32.5% de los venezolanos, alrededor de 9.6 millones de personas, comen entre una y dos veces al día; tres veces más del 11.3% que estaba en esa situación hace solo dos años. La Federación Médica Venezolana (FMV) estima que los hospitales adolecen de un 98% de los suministros médicos necesarios, en tanto que 85 medicamentos de una lista de 100 medicamentos necesarios, no existen absolutamente en el país. Ya está sucediéndose una crisis de refugiados de venezolanos que están emigrando hacia los países vecinos.

En julio de 1999, la EIR identificó de manera única la entonces nueva Presidencia de Hugo Chávez como un proyecto jacobino creado por el imperio británico, diseñado para proteger al mismo sistema usurero que él [Chávez] afirmaba oponerse. Chávez rompió brevemente con esa misión que le habían asignado cuando ayudó financieramente a Argentina, cuando Argentina se levantó en contra de los bancos, pero Chávez nunca dudó en continuar dando su respaldo al narcotráfico de Londres y a las narcoterroristas FARC de Colombia. Chávez en repetidas ocasiones echó mano de Asambleas Constituyentes y turbas armadas como ariete para imponer un Estado jacobino, citando por su nombre a Carl Schmitt, el principal jurista del régimen nazi de Adolfo Hitler, en defensa de esa tragedia. Nicolás Maduro, sucesor de Chávez, a quien este escogió “a dedo”, está haciendo lo mismo.

Pero gran parte del liderato de la oposición venezolana también es dirigido por el bolsillo trasero de Londres, los círculos neoconservadores de Estados Unidos, y son campeones en la defensa del reino libre de la usura. Ellos y sus patrocinadores internacionales promovieron un cambio de régimen no solo en Venezuela, sino también en Ecuador, Bolivia, Brasil, y Argentina (durante las Presidencias de los Kirchner).

Venezuela solo podrá salir de esta trampa británica, en la que todos pierden, volviendo a los principios fundamentales de la ley:

1) No debe imponérsele a Venezuela un cambio de régimen. Vulnerar la soberanía nacional producirá resultados como los que vemos hoy en el Medio Oriente, a las puertas de Estados Unidos. En vez de ello, hay que hacer posible un marco en el que se ayude a los venezolanos a salir de esta emboscada británica , que incluya:

2) Un desarrollo económico real. La Iniciativa china de la Franja y la Ruta, la cual se está extendiendo a las Américas, ofrece proyectos concretos para construir trenes de alta velocidad, para producir alimentos, para producir energía, y muchos otros proyectos de infraestructura.

3) La cooperación regional en torno de tales proyectos, incluyendo las rutas de ferrocarril que unan a Suramérica con América Central y más allá por medio del Tapón de Darién en Colombia. Como parte de esa cooperación, no debe haber ninguna tolerancia con el cartel de la cocaína FARC, sea que venga de Caracas, de Londres o de Washington.