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Dos paradigmas, una opción

14 de agosto de 2017
El Presidente Donald Trump y la Primera Dama, Melania Trump, junto con el Presidente de China, Xi Jinping y su esposa, la señora Peng Liyuan, el jueves 6 de abril de 2017,durante la reunión de Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida (foto oficial de la Casa Blanca, de D. Myles Cullen).

14 de agosto de 2017 — La importancia estratégica de la conversación telefónica que sostuvieron el 11 de agosto los Presidentes Trump y Xi Jinping, como lo destacó en su momento Helga Zepp-LaRouche, se puso de manifiesto en la publicación el 12 de agosto en un artículo de Xinhua en donde dan su versión de esa llamada. El artículo pone de relieve los mismos puntos esenciales que había dado a conocer antes la versión de la Casa Blanca, tales como la necesidad de una solución pacífica negociada para la crisis coreana, pero agrega al final que “sobre el problema nuclear coreano, Trump dijo que Estados Unidos entiende plenamente el esfuerzo de China para resolverlo, y está dispuesto a seguir manteniendo un estrecho contacto con Pekín con relación a los asuntos internacionales y regionales importantes de interés común”.

Entonces, no solo salió a relucir la relación “sumamente estrecha” entre los dos mandatarios —que se formó en sus reuniones personales en Mar-a-Lago y en la cumbre del G20— a fin de enfriar la actual crisis coreana e impedir que estalle una guerra instigada por los británicos; esa relación es también un factor estratégico establecido para abordar otros “asuntos internacionales y regionales importantes de interés común“, que puedan surgir.

¿Qué pasaría si el Presidente Trump desarrollase una relación funcional similar con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin? ¿Qué tal si los tres juntos, Trump, Xi y Putin, se unieran para trabajar en conjunto por los proyectos de infraestructura global en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y para combatir a los enemigos de la humanidad tales como los terroristas de Londres y su aparato del narcotráfico?

El imperio británico y sus lacayos de Wall Street y de Washington saben la respuesta a esas interrogantes. Y el solo pensar en eso les hace temer por su propia existencia y la de su sistema de saqueo financiero y genocidio.

Es por eso que no van a renunciar a su empeño fraudulento sobre la inexistente “colusión” de Trump, ni sobre el inexistente “hackeo” ruso a las computadores del Comité Nacional Demócrata. No importa que haya habido nunca ni una pizca de evidencia para probar ninguna de las imputaciones; ni les importa que haya ahora una avalancha creciente de evidencia de la mano controladora del imperio británico en todas esas falsedades y mentiras, y del complot para derrocar a la Presidencia de Trump, ya sea por un golpe o con un asesinato.

El papel del movimiento de LaRouche en el lograr la amplia difusión del memorando del VIPS ha sido un elemento central para exponer las intenciones británicas, con resultados positivos hasta la fecha.

A esto, la respuesta del imperio británico ha sido únicamente “plata o plomo”, es decir, la técnica probada de los capos de Narcotráfico, SA, para someter a la obediencia a los demás. ¿De que otra manera se explica el voto tan sesgado en la Cámara de Representantes y en el Senado sobre la ley de sanciones a Rusia? Solo cinco individuos votaron según su conciencia: El resto votó ya sea por la “plata” que se les ofreció como respaldo de Wall Street a sus campañas electorales; o por el “plomo” del chantaje del FBI y los escándalos; o ambos.

En breve, nuestra campaña organizativa se da en medio de la batalla entre dos paradigmas, dos sistemas sobre el significado de la humanidad y de lo que debe devenir. El viejo paradigma se hunde, y los problemas que hay en el mundo resultan de ese hecho, y de su intento desesperado por sobrevivir.

Así que, no te dejes aplastar por los detalles. Hay que presentar a la gente el cuadro completo, que es lo único por lo que vale la pena la pena pelear.