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Billones de dólares en crédito para nueva infraestructura: el huracán muestra que no hay otra alternativa

31 de agosto de 2017
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Elementos de la Guardia Nacional de Texas del 386avo Batallón de Ingenieros trabajan con rescatistas de la localidad para ayudar a residentes y sus animales de la catastrófica inundación en Cypress Creek, el 28 de agosto de 2017. Foto del Ejército de la Guardia Nacional, de la capitana Martha Nigrelle.

30 de agosto de 2017 — La destrucción de vidas, medios de subsistencia, economía y productividad que está ocurriendo ahora debido al huracán en Texas es una señal para el país: esta fue la última vez que los funcionarios electos de Estados Unidos hayan rechazado y paralizado la reconstrucción y el reemplazo de la infraestructura económica vetusta y desvencijada del país.

Que no se abuse de las palabras “desastre natural”. Se está destruyendo una ciudad importante porque es propensa a las inundaciones, se inunda frecuentemente y la infraestructura que controla las inundaciones, diseñada y construida hace más de 70 u 80 años, ya ni siquiera vale el nombre. Sin embargo los planes para reconstruirla totalmente, que requieren inversiones de decenas de miles de millones de dólares, se ignoraron o se rechazaron.

El huracán Katrina mató a cerca de 2,000 personas y causó una destrucción y pérdidas económicas por $130 mil millones de dólares por el mismo motivo. La supertormenta Sandy mató a más de 100 personas y ocasionó pérdidas económicas por más de $65 mil millones por la misma razón. Estos desastres podrían haberse evitado por una fracción de lo que va a ser el costo final, en pérdida de riqueza, no digamos en vidas humanas. Los residentes de la zona de Nueva York están atravesando un “verano del infierno” por el desplome del sistema regional de transporte, por la misma razón. Todavía no sabemos cuántos habrán perdido la vida en Houston y el este de Texas, pero las pérdidas económicas y humanas van a ser asombrosas.

“¡La nación pide acciones y acciones ya!”, según las palabras del Presidente Franklin Roosvelt. No hay ninguna otra alternativa más que la de crear una institución de crédito nacional hamiltoniana, que financie los billones de dólares necesarios en inversiones para nueva infraestructura.

LaRouchePAC ha asumido la responsabilidad de hacer que el Presidente Trump y el Congreso actúen. Pero es también responsabilidad de los ciudadanos que han apoyado activamente al Presidente, o que apoyan al senador Bernie Sanders, que han buscado un cambio drástico en la política de desindustrialización y especulación de Wall Street que rige el país ahora.

Al pensar sobre los costos terribles de no actuar, no debe olvidarse que al permitírsele a Wall Street eliminar la Ley Glass-Steagall en 1999, se llevó a un crac que ha causado $10 billones de dólares en riqueza pérdida, desempleo masivo y una cantidad invaluable de vidas.

Deben emprenderse acciones para restablecer la Glass-Steagall también, y la cabalidad de lo que Lyndon LaRouche ha llamado sus cuatro leyes económicas para salvar a la nación, grandes inversiones “impulsadas por las ciencias”, como los avances fundamentales en la tecnología de energía de fusión y revivir la exploración espacial de la NASA.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, un programa internacional de un nuevo “Puente Terrestre” ferroviario y de grandes proyectos de infraestructura, ofrece una cooperación inmediata para el crédito y la construcción de nueva infraestructura en Estados Unidos. Esa iniciativa, promovida por Lyndon LaRouche y Helga LaRouche desde hace décadas, se mueve ahora en grandes proyectos que desde hace mucho tiempo se han identificado como absolutamente esenciales, como en el Canal de Kra en el Sureste Asiático y la revitalización del Lago Chad en la región de África al sur del Sahara.

Las medidas en Estados Unidos son igual de urgentes, de inmediato. Viendo lo que está sucediendo en Houston, no hay alternativa.