El conspirador golpista Mueller señalado por encubrir el papel saudí en la masacre del 11 de septiembre

13 de septiembre de 2017

13 de septiembre de 2017 — El 16avo aniversario del ataque del 11 de septiembre en los Estados Unidos, nos trae a la memoria que el FBI y las agencias de inteligencia que encabezan los intentos de golpe de Estado hoy en contra del Presidente Trump, son las mismas agencias y personas responsables de haber permitido que ocurriera el ataque del 11 de septiembre (11-S), y de hacer todo lo que estaba en su poder por encubrir el papel del Reino de Arabia Saudita en el ataque.

“Piensen sobre esto por un momento: el hombre que ahora está a cargo de investigar al Presidente de estos Estados Unidos por coludirse con Rusia y por una posible obstrucción de la justicia, él personalmente obstruyó una investigación del Congreso sobre los ataques terroristas del 11-S” escribió el lunes 11, Justin Raimondo, director editorial de Antiwar.com.

Hay muchas cosas que el pueblo estadounidense no sabe todavía sobre cómo ocurrió el ataque, pero después de mucha agitación, nosotros sí sabemos que Arabia Saudita tuvo un papel decisivo en el ataque, pero “no sabríamos nada sobre esta parte del complot del 11-S si Robert Mueller, el entonces director del FBI, se hubiera salido con la suya”, escribe Raimondo.

Con relación a esto, se refiere al informe explosivo de Andrew Cockburn sobre los esfuerzos personales de Mueller para bloquear la Investigación Conjunta del Congreso, que forma parte del amplio informe de Cockburn sobre la lucha porque se conozca la verdad, publicado en Harper’s, el lunes 11.

Cockburn relata la historia de cómo el ex abogado del FBI y analista de contraterrorismo, Michael Jacobson, cuando trabajaba como parte de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S, se topó con una referencia a un informante del FBI en San Diego, quien conocía a uno de los secuestradores. Bob Graham, jefe de la Comisión de Inteligencia del Senado y copresidente de la Investigación Conjunta “me dijo recientemente que Robert Mueller entonces director del FBI... le presentó a Jacobson y a sus colegas las objeciones más fuertes para que no fueran a San Diego” a darle seguimiento a la pista, informa Cockburn.

“Graham y su equipo se opusieron a los esfuerzos de Mueller y Jacobson voló al oeste” agrega Cockburn. Descubrieron “detalles fulminantes”, ahora bien conocidos, sobre las relaciones estrechas de los dos secuestradores saudíes con el agente saudí Omar al-Bayoumi, así como también con el informante del FBI, Abdussattar Shaikh.

“Como era de esperarse, los investigadores tenían muchas preguntas que hacerle a este hombre. Sin embargo, Mueller rechazó tajantemente sus exigencias para entrevistarlo, sin importarle que estas estuvieran respaldadas con un citatorio del Congreso, y movió a Shaikh a un lugar desconocido para su propia seguridad. Hoy Graham cree que Mueller actuaba bajo órdenes de la Casa Blanca...”

Raimondo comenta el relato de Cockburn, y se lanza a la yugular:

“¡Tantas mentiras! ¡Tanta obstrucción oficial! Sin embargo, ahora, la verdad está saliendo finalmente a la luz. Con la aprobación de la legislación que le quita la inmunidad soberana a los saudíes —pasando por encima del veto del Presidente Obama— la demanda colectiva en contra de los saudíes ha seguido avanzando. Armados con miles de páginas de documentos que muestran cómo Riad y sus redes de extremistas islámicos a nivel internacional han socorrido, asistido y dirigido a al-Qaeda y organizaciones aliadas en ataques terroristas en contra de ciudadanos e intereses estadounidenses, las familias de aquellos que murieron, fueron heridos o quedaron traumatizados por el 11 de septiembre del 2001, están a punto de que los tribunales oigan su caso.

“Y lo que está a punto de salir es la complicidad de funcionarios estadounidenses en el encubrimiento. A mí me parece que el tiempo de Robert Mueller bajo los reflectores está a punto de volverse mucho más interesante”.