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¿Por qué Wall Street odia tanto a la Nueva Ruta de la Seda y a Lyndon LaRouche?

19 de septiembre de 2017
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Lyndon LaRouche en su 95 aniversario, junto con su esposa Helga, y el corresponsal de EIR, Hussein Askary. (Foto EIRNS)

19 de septiembre de 2017 — Se avizora otro derrumbe sobre el sistema financiero de Wall Street y de la City de Londres, y las advertencias de ello son cada vez mayores y más seguidas, desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) pasando por el Banco de Pagos Internacionales (BPI) y hasta el Instituto Adam Smith de Gran Bretaña, cuyo informe de la semana pasada califica la situación como “un accidente en espera de que ocurra”. Incluso uno de los mayores de esos bancos, el Deutsche Bank, está alertando de las burbujas gigantescas y de una “corrección repentina que podría desestabilizar al sistema financiero. Advierten que alrededor de 10% a 20% de las grandes compañías en Estados Unidos y de los países de Europa van a quebrar cuando haya cualquier alza significativa de las tasas de interés, y es muy posible que esta semana la Reserva Federal desate esa alza.

Es hora de recordar que Lyndon LaRouche hizo una dramática presentación internacional que fue transmitida por Internet en julio del 2007, en donde advirtió: “No existe la posibilidad de que el sistema financiero actual no se derrumbe. ¡Ninguna! ¡Está acabado ya! El sistema financiero actual no puede seguir existiendo bajo ninguna circunstancia, bajo ninguna Presidencia, bajo ningún liderato, de ningún liderato de naciones. Solo un cambio fundamental y repentino en el sistema financiero monetario mundial puede evitar un tipo de colapso general de reacción en cadena inmediata”. En esa presentación señaló lo que hubiera podido detener el terrible colapso de desintegración del 2008, junto con las medidas legislativas que necesitaba y necesita Estados Unidos.

LaRouche lo volvió a plantear ahora.

Hay tres naciones cuyos dirigentes deben evitar que otro hundimiento en el caos y en de desempleo masivo como en el 2008: China, que salió de ese caos y que ha impulsado la mayor parte del progreso económico desde entonces con grandes proyectos de infraestructura a nivel mundial; Estados Unidos , cuyo Presidente, Donald Trump, advirtió a finales del año pasado de la “enorme burbuja en Wall Street” y prometió restablecer el crecimiento económico; y Rusia. La sola idea de que esas tres potencias trabajen juntas en un nuevo paradigma de desarrollo económico -–la “Nueva Ruta de la Seda” de China de grandes proyectos de infraestructura—- desestabiliza por completo a la élite angloamericana, a los “neoconservadores”, y a la misma City de Londres y Wall Street.

Como los primeros autores, hace décadas, del nuevo paradigma de grandes proyectos de infraestructura que ahora se desenevuel bajo la “Iniciativa de la Franja y la Ruta” de China, Lyndon LaRouche y Helga Zepp-LaRouche son la clave para la posibilidad de que estas tres potencias cooperen en beneficio del progreso. La presidencia sin moldes de Donald Trump, hace posible que Estados Unidos forme parte de esto.

El fiscal federal, que hace 30 años le fue encomendada la tarea de organizar la “Fuerza de tarea contra LaRouche” para llevar a LaRouche a la cárcel, es ahora el “fiscal especial” que trata de sacar a Trump de su cargo. Robert Mueller intenta darle al Presidente Trump el “tratamiento LaRouche”.

Los neoconservadores y barones de las finanzas están tan agitados por la posibilidad de que Estados Unidos se incorpore a la Nueva Ruta de la Seda, ¡que su publicación estadounidense, Foreign Policy, publicó un furioso ataque contra la campaña de Helga Zepp-LaRouche al parlamento de Alemania! Ellos están decididos a detener el avance de ese nuevo paradigma en cualquier parte de Europa o de Estados Unidos.

Pero incorporarse a la Nueva Ruta de la Seda es exactamente lo que Estados Unidos necesita. Si Trump pretende proteger a los estadounidenses de esa “gigantesca burbuja de Wall Street” de la que ya advirtió, y construir una nueva infraestructura para hacer productiva y grande la nación de nuevo, eso es lo que tiene que hacer. El pueblo estadounidense tienen que tomar el control de Wall Street, haciendo que se reinstituya la ley Ley Glass-Steagal que divide la actividad bancaria. Esta es la primera acción que se tiene que tomar para llevar a la economía de Estados Unidos al nivel de la colaboración internacional en grandes proyectos.