El discurso de Trump en la ONU muestra la necesidad de intensificar la lucha por un cambio político hacia un nuevo paradigma

21 de septiembre de 2017

21 de septiembre de 2017 — En su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el martes 19, el Presidente Donald Trump expuso el objetivo de establecer un orden mundial en donde las “naciones soberanas fuertes... con valores diferentes, culturas diferentes y sueños diferentes, no solo coexistan sino que trabajen hombro a hombro con base en el respeto mutuo... haciendo causa común en el más grande de todos los interés compartidos: un futuro de dignidad y paz para los pueblos de esta Tierra maravillosa”. Esto significa, dijo, que como Presidente de Estados Unidos, yo pongo a Estados Unidos primero, “de la misma forma en que ustedes, como líderes de sus países siempre deberán, y deberían poner a sus países primero”.

Pero incluso al expresar estas ideas y reafirmar el principio de que “el Estado nacional continua siendo el mejor vehículo para elevar la condición humana”, Trump procedió luego a caer en la trampa imperialista británica de defender, en los términos más duros, la política peligrosa de cambio de régimen en contra de un “grupo pequeño de regimenes rebeldes” (calificados con distintos calificativos como “criminales”, “depravados”, “corruptos”, “desestabilizadores”, etc.) los cuales afirmó son el origen del terrorismo y los refugiados, la amenaza a la paz mundial, y que las Naciones Unidas se tienen que unir para eliminar.

Exigió que los otros gobiernos se unan a él para acabar, no con el imperio británico que ha creado y dirigido el terrorismo como instrumento de guerra en contra del estado nacional, no contra el inminente desplome del sistema monetarista británico que ha quebrado a las naciones del trasatlántico (la economía de Estados Unidos está muy bien, dijo, con nuestra bolsa de valores rompiendo record de ganancias y el desempleo para abajo), sino en contra de los cinco gobiernos que identificó: Corea del Norte, Irán, Siria, Cuba y Venezuela.

Aunque Trump no atacó a Rusia y China por nombre, y les agradeció que se hayan unido a endurecer las sanciones en contra de Corea del Norte, sí lanzó advertencias en contra de las “amenazas a las soberanías” de Ucrania y el Mar de la China Meridional: un ataque implícito a ambas naciones.

Trump reservó el lenguaje más hostil para Corea del Norte, y dijo que era “un ultraje que algunos países no solo comercien con un régimen como este, sino que armen, abastezcan y apoyen financieramente a un país que pone en peligro al mundo con un conflicto nuclear”. Luego lanzó la amenaza de que Estados Unidos “si se ven forzados a defenderse o defender a sus aliados, no vamos a tener otra alternativa que destruir totalmente a Corea del Norte. El ‘hombre cohete’ está metido en una misión suicida para él y para su régimen. Estados Unidos están listos, dispuestos y capaces, pero esperemos que esto no sea necesario”.

Trump exigió también cambio de régimen en Irán y Siria, repitiendo la mentira británica de que el gobierno sirio usó armas químicas en contra de su población, justificando así el ataque estadounidense con misiles contra la base aérea siria el pasado mes de abril.

Resulta revelador que, quienquiera que le haya escrito este discurso al Presidente, haya incluido referencias en donde se promueve el orden posterior a la guerra que promovía el presidente Harry Truman, el hombre pequeño que enterró, a nombre de Winston Churchill, el proyecto de Franklin D. Roosevelt de un mundo sin imperios en la posguerra.