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El genocidio saudí en Yemen: enemigo del Paradigma de la Nueva Ruta de la Seda

24 de septiembre de 2017
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Casa destruida en el sur de Sanaa. (Foto: Mr. Ibrahem)

16 de septiembre de 2017 — Nuevos revelaciones sobre el papel de Arabia Saudita en los ataques terroristas del 11 de septiembre (11-S) en Estados Unidos, plantean un imperativo: se tiene que parar ya el genocidio que comete Arabia Saudita contra Yemen; y las redes vinculadas a los saudíes que han perpetrado tales crímenes contra la humanidad se tienen que desmantelar ya. Abordar esta situación ya, le abrirá el camino al mundo entero, incluyendo al Oriente Medio, para que pueda participar en el programa de desarrollo de la “Nueva Ruta de la Seda”, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que constituye el verdadero proceso de “la paz mediante el desarrollo”, necesario para acabar con la guerra perpetua en la región.

Se necesita la creación de una comisión internacional que investigue las acciones tomadas por Arabia Saudita en contra de Yemen, y tomar acciones inmediatas. Esta semana, China dio a conocer su respaldo a que esta investigación se lleve a cabo, y también a la solución “política” del conflicto.

** Que se detenga el bombardeo y todos los demás ataques contra Yemen

** Que se detenga el bloqueo saudí a los puertos yemeníes

** Que se detenga toda la interferencia extranjera en Yemen, para que pueda regresar al proceso de negociación que existía antes de que comenzara el bombardeo, y continuar con la solución de las diferencias nacionales.

** Proporcionar de inmediato el suministro de alimentos, agua, higiene, medicinas, electricidad, salud pública, y todas la demás ayuda social en su totalidad.

** Proporcionar todo tipo de ayuda humanitaria y económica que necesitan urgentemente, en especial para transporte, vivienda, y logística.

** Iniciar la preparación de la colaboración internacional para reconstruir Yemen, y dar la bienvenida a su participación en el programa de desarrollo de la “Ruta de la Seda Marítima” de Eurasia a África.

Hasta ahora Gran Bretaña ha bloqueado todo intento, incluso para crear una comisión internacional investigadora, mientras que tanto el Reino Unido como Estados Unidos siguen suministrando armas a la “coalición” saudí que está perpetrando esta agresión criminal. En el lado estadounidense, las mismas personas que respaldan los crímenes saudíes, están trabajando para derrocar al gobierno debidamente electo del Presidente Donald Trump. A su vez, esto se relaciona con los patrocinadores británicos de la realeza saudí, desde que se fundó el Reino Saudí.

Nueva evidencia; complicidad de Bob Mueller

Las nuevas revelaciones sobre el 11-S, que se dieron a conocer en la víspera del 16avo aniversario del ataque, tienen que ver específicamente con evidencias que involucran directamente al gobierno de Arabia Saudita en los preparativos para los ataques aéreos desde 1999 a 2001, incluyendo un vuelo de “simulacro” en 1999. Las evidencias muestran también un patrón de encubrimiento por parte del entonces director del FBI, Robert Mueller. Este es el mismo Robert Mueller que dirigió la “Fuerza de tarea para atrapar a LaRouche” en la década de 1980, y que ahora dirige la investigación y asalto en contra del Presidente Donald Trump, bajo los cargos totalmente falsos de la supuesta interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos.

La nueva documentación condenatoria forma parte de una demanda contra Arabia Saudita, introducida en la Corte Federal de Distrito de Nueva York, por un grupo de familiares de víctimas del 11-S. Estos demandantes presentaron una demanda modificada, donde citan documentos del FBI que muestran que el gobierno saudí empleó y financió a dos “estudiantes” saudíes en Estados Unidos — Mohammed al- Qudhaeein y Hamdan al-Shalawi— quienes intentaron tener acceso a la cabina del piloto del vuelo de America West de Phoenix a Washington, DC, en noviembre de 1999, y el hecho fue de una naturaleza tan amenazadora que el avión hizo un aterrizaje de emergencia en Ohio.

Las dos personas fueron arrestadas cuando el avión aterrizó, y fueron interrogados por el FBI, y los dejaron libres. Luego el FBI “descubrió” que estos dos estudiantes habían sido entrenados en Afganistán, que tenían contacto regular con uno de los secuestradores aéreos saudíes y con un connotado líder de al-Qaeda de Arabia Saudita, que ahora se encuentra en la prisión de Guantánamo; que fueron desplegados por el gobierno saudí; y que tenían “contacto frecuente” con funcionarios saudíes mientras estaban en Estados Unidos, incluyendo el haber participado en un simposio organizado por la embajada de Arabia Saudita en Estados Unidos, y presidido por el embajador saudí. Incluso, la embajada saudí pagó los dos pasajes de avión de los estudiantes que hicieron esa “operación de simulacro”.

Hay también una mayor atención al intento de encubrimiento que realizó el entonces director del FBI, Robert Mueller, que lo coloca bajo la lupa por el papel que juega hoy en contra de Trump. En el momento en que la Comisión Conjunta Investigadora del Congreso hizo la investigación sobre el 11-S, Mueller evitó que los investigadores del Congreso interrogaran al informante del FBI, Abdussattar Shaikh, quien había hospedado a dos de los secuestradores saudíes del 11-S en San Diego, California, antes del ataque. Mueller llevó a Shaikh a un lugar secreto a fin de que no pudieran interrogarlo, desafiando incluso la citación judicial ordenada por el Congreso para que declarase. El senador Bob Graham, copresidente de la Comisión Conjunta Investigadora, considera que Mueller actuó bajo órdenes de la Casa Blanca, señalando esto el alineamiento de la familia Bush con los delitos geopolíticos británico-saudíes. https://harpers.org/blog/2017/crime-and-punishment/.

Detengan la carnicería en Yemen; investiguen los crímenes

Arabia Saudita tiene las manos completamente manchadas con la muerte y la destrucción de Yemen. El informe más reciente de las Naciones Unidas (5 de septiembre) estima que el número de muertes civiles es de alrededor de 5,500 personas en los dos últimos años y medios (más de 10,000 muertes en total); y muchos otros más heridos. El número de casos de cólera excede los 600,000 casos, con una cantidad de alrededor 2,000 muertes, según la Organización Mundial de la Salud (OMs). Los servicios hidráulicos y de higiene han sido devastados. Hay millones de desplazados. Hay al menos 19 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, y más de 7 millones necesitan desesperadamente alimentos. Pero los saudíes siguen bloqueando los envíos de socorro. Los sauditas han bombardeado varios hospitales, escuelas y lugares de reuniones sociales. Gran Bretaña y Estados Unidos les suministran armas y Estados Unidos les está dando reabastecimiento y vigilancia a los bombardeos. El alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, dio a conocer algunos detalles de la situación el 5 de septiembre, y dijo que los yemeníes están sufriendo de una “catástrofe creada absolutamente por el hombre”. El 11 de septiembre, por tercera vez en tres años, el Comisionado Zeid le pidió al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (de 47 naciones) que lleve a cabo una investigación sobre las violaciones al derecho humanitario internacional.

El 13 de septiembre, en una reunión del Consejo en Ginebra, China y varias otras naciones indicaron su disposición de respaldar esa investigación internacional sobre las atrocidades cometidas contra Yemen. El delegado de China dijo sobre esta idea, que “estamos de acuerdo con la propuesta, incluyendo la COI [Comisión de Investigación], para promover una solución política a la crisis de Yemen”. Canadá y Holanda presentaron un texto preliminar para que el Consejo establezca la Comisión de Investigación. Pero Gran Bretaña y Estados Unidos se opusieron a ello; Arabia Saudita y su séquito de naciones boicotearon las discusiones por completo.

Rescatar y reconstruir

No obstante lo espantosa que es la destrucción de la vida en Yemen, este “no es un caso especial”. Solo expresa la política angloamericana de los últimos 60 años, de guerras perpetuas bajo diversas banderas: el cambio de régimen, la dizque responsabilidad de proteger, los derechos humanos, y otras mentiras. Miren la cantidad de naciones que han sido campos de batalla: Afganistán, Iraq, Libia, Ucrania, Yemen. Siria ha podido resistir, con la ayuda de Rusia. Antes de eso, Vietnam. Esto se tiene que detener ya.

Podemos romper ahora con este horrible legado, y con sus perpetradores, cuyo sistema se opone al bienestar general. Nos podemos unir todos a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, cuya capacidad e intensión de servir al bien común de la humanidad, es evidente si vemos los millones de personas en muchas naciones que están contribuyendo a proyectos de beneficio mutuo.

En Estados Unidos, hay una nueva y profunda ola de compasión por la humanidad, y de voluntad por el desarrollo, en la secuela de la devastación en las Américas por los huracanes y por el terremoto en México. Los estadounidenses están esperando los proyectos económicos que se deben desarrollar para el futuro, y están viendo al pasado cómo muchos de esos proyectos esenciales no se construyeron (tales como defensas contra inundaciones, sistemas hidráulicos, infraestructura eléctrica avanzada, análisis climáticos avanzados, etc.) porque se afirmaba que eran demasiado “costosos”, dado que Estados unidos estaba comprometido con una gran diversidad de guerras, desde Vietnam, a Afganistán, a Iraq, y ahora contra Yemen.

Ya no más. Nunca más. Ahora podemos ir al rescate y reconstruir.