Desarrollo conjunto, el único camino para la paz en Corea

27 de septiembre de 2017

por Mike Billington

24 de septiembre de 2017 — Era cierto en la década de 1990, al igual que en el período 2002-2005, y de manera más enfática es cierto hoy: la única forma de evitar la guerra, quizás una guerra termonuclear global, es incorporando a Corea del Norte en un proceso de desarrollo infraestructural regional a gran escala.

Cuando cayó la Unión Soviética en 1991, Lyndon y Helga LaRouche hicieron un llamado a una Nueva Ruta de la Seda, desde Pusan hasta Roterdam, como el fundamento necesario para poner fin al peligro de guerra global, uniendo Oriente con Occidente mediante la construcción conjunta de múltiples corredores de desarrollo. El aislamiento sistemático de Corea del Norte es el obstáculo decisivo a esta visión de un nuevo paradigma de desarrollo y paz global. Estados Unidos y Corea del Norte nunca firmaron un tratado de paz para poner fin a la Guerra de Corea a principios de la década de 1950, y las confrontaciones se han producido de manera bastante sistemática. La construcción de un corredor férreo que atraviese Corea del Norte, planteó LaRouche, no solo completaría la Nueva Ruta de la Seda propuesta, sino que además haría que el Norte formara parte de este proceso de desarrollo histórico y les daría las bases para tener la confianza de que no serían atacados.

Hoy se le presenta al mundo un conflicto aparentemente irresoluble entre Corea del Norte y Estados unidos, con el peligro de guerra que se cierne sobre nosotros. Los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama establecieron una política imperialista de que se suspenderían todos los acuerdos y las pláticas hasta que Corea del Norte le pusiera fin unilateralmente a todos sus programas de armas nucleares y todo su desarrollo misilístico. Ahora, el Presidente Donald Trump y Kim Jong-un de Corea del Norte intercambian amenazas e insultos, ambas partes amenazando con acciones militares. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, al hablar el 22 de septiembre en Nueva York, calificó el intercambio como “una pelea entre niños de parvulitos” e instó a guardar la calma. “Tenemos que calmar esos impulsos y entender que necesitamos hacer pausas, que necesitamos hacer algunos contactos” dijo Lavrov en conferencia de prensa en los márgenes de la Asamblea General anual de las Naciones Unidas

Pero Lavrov también calificó de “extraordinario” el discurso del Presidente Trump ante la ONU. “Yo creo que es un pronunciamiento muy bien recibido, algo que no hemos escuchado de un dirigente estadounidense en mucho tiempo”, dijo Lavrov. Se refirió a la defensa que hizo Trump del concepto de soberanía nacional cuando dijo que “nosotros no intentamos imponer nuestra forma de vida a nadie” y que “yo siempre voy a poner a América primero, de la misma forma en que los dirigentes de sus países siempre habrán de, y deberían de, poner siempre a sus países primero”.

Helga Zepp-LaRouche destacó la contradicción aparente entre esto y la amenaza en el discurso de Trump de destruir a Corea del Norte, si esto llega a la guerra, y lo calificó de “el cuento de dos discursos”.

Pero la guerra ni es inevitable, ni siquiera probable. Los altos mandos militares retirados que ahora sirven en el gabinete de Trump han dejado en claro que la guerra sería catastrófica para Corea del Norte, la región y el mundo. Trump le aseguró al Presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in que Estados Unidos no emprendería una acción militar sin el conocimiento de Corea del Sur. Y Moon dejó en claro que él no va a permitir una guerra, la que sería especialmente destructiva para Corea del Sur, ya sea que se desplieguen o no armas nucleares. También, prestantes expertos norteamericanos han argumentado que podemos vivir con una Corea del Norte con armas nucleares, tal y como hemos vivido ya por 20 años porque tenemos una fuerza disuasoria poderosa y porque Pyongyang no es suicida.

Pero es necesaria una solución y rápido.

El Acuerdo Marco de 1995, logrado por el presidente Bill Clinton con Pyongyang (clausurar la producción de armas productoras de plutonio de Corea del Norte a cambio de una nueva planta nuclear más segura y el establecimiento de inspectores de la IAEA en el país, a la vez de avanzar hacia un acuerdo de paz) fue cancelado por George Bush y Dick Cheney cuando llegaron al poder en el 2001. Sin embargo, el programa “Sol Radiante” del entonces presidente de Corea del Sur Kim Dae-jung, hacia Corea del Norte, siguió adelante, trabajando estrechamente con China y Rusia y con una importante aportación de Lyndon LaRouche, lo que llevó a la inauguración de la Zona de Desmilitarización en el 2002, y la reapertura de las conexiones ferroviarias de la Ruta de la Seda de Hierro entre Corea del Norte y Corea del Sur.

La Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de la ONU (UNESCAP) publicó un informe en el 2003 en donde identifica las dos rutas férreas de Corea del Sur pasando por Corea del Norte, una a China y una a Rusia, como parte de las conexiones de la Nueva Ruta de la Seda entre Asia y Europa. Hasta Japón estuvo metido en el proceso cuando el entonces primer ministro, Kunichiro Koizumi, viajó a Pyongyang y firmó acuerdos con Kim Jung-il, padre del actual dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un.

Sin embargo los neoconservadores Bush y Cheney, maniobraron abiertamente para acabar con este proceso. Entre otras amenazas, Cheney y el subsecretario de Estado John Bolton amenazaron con empezar a abordar barcos norcoreanos para parar la supuesta “proliferación de armas de destrucción masivas”, es decir, piratería en alta mar.

China tomó entonces la iniciativa, con Rusia, Japón y Corea del Sur, de invitar a Estados Unidos para que se uniera a las Pláticas de las Seis Partes para resolver el tema de las armas nucleares de manera pacífica. Esto empezó en el 2003, lo que llevó a un acuerdo en el 2005, lo que de nuevo le puso fin a los programas armamentistas del Norte y estableció el regreso de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). Bush y Cheney se las ingeniaron para frustrar también este acuerdo de paz y desarrollo, alegando que el intento de Corea del Norte de colocar un satélite en el espacio constituía un rompimiento del acuerdo de no desarrollo de cohetes de largo alcance (ICBM), un caso claro de “apartehid tecnológico” disfrazado de no proliferación nuclear. Obama adoptó después su provocadora “paciencia estratégica”, según la cual no habría pláticas hasta que Corea del Norte le ponga fin a todo tipo de desarrollo nuclear.

Lo que debe quedar obvio es que las fuerzas imperialistas anglófilas en los Estados Unidos, incluidos Bush y Obama, quieren que Corea del Norte tenga armas nucleares. Su blanco no es Corea del Norte, sino China y Rusia, manteniendo así la división imperialista británica del mundo entre Oriente versus Occidente. Siempre que se pueda alegar falsamente que Corea del Norte es una amenaza inminente a Estados Unidos y sus aliados, existe una excusa para cercar a China con 60% de las fuerzas navales de EU con armas nucleares (el “Pivote en Asia” de Obama); colocar sistemas ABM y sistemas de radares muy potentes en un círculo alrededor de China (THAAD); y desplegar fuerzas estratégicas estadounidenses en Corea del Sur. Obviamente no se necesitan estas fuerzas masivas para contener y disuadir a Corea del Norte. Los blancos son China y Rusia.

La solución está a la mano. Primero, dado que el presidente Trump está comprometido a cooperar con China y Rusia, tanto en el combate al terrorismo como en el desarrollo económico, se puede lograr que trabaje con ellos en una orientación de desarrollo para Corea del Norte. La propuesta de China y Rusia de buscar un congelamiento doble (es decir, una pausa en las pruebas nucleares y misilísticas en Corea del Norte y una pausa o reducción de los ejercicios militares conjuntos de Corea del Sur y Estados Unidos) es una base sana para que cada una de las partes muestre su preocupación por la seguridad del otro. El secretario de Estado, Rex Tilleron, ha establecido claramente que EU no va a imponer cambio de régimen, ni atacar, ni forzar a Corea del Norte a reunificarse, y a pesar del enfoque negociador extremista de Trump, dicho restablecimiento de pláticas es tanto posible como urgente.

El Presidente Putin, al hablar con la prensa al lado del Presidente de Corea del Sur Moon Jae-in, en el Foro Económico del Este en Vladivostok a principios de este mes dijo: “Me gustaría decir que Rusia aún sigue dispuesta a implementar los proyectos trilaterales con la participación de Corea del Norte. Podríamos entregarle gas a Corea utilizando los gasoductos rusos e integrar las redes eléctricas y los sistemas ferroviarios de Rusia, la República de Corea y Corea del Norte. La implementación de estas iniciativas no solo serían beneficiosas económicamente sino que ayudarían también a generar la confianza y la estabilidad en la península coreana”. El presidente Moon estuvo de acuerdo apegándose a su propósito de revivir la política de Sol Radiante.

China está comprometida con este enfoque. Japón está cooperando ahora estrechamente con Rusia para desarrollar el Lejano Oriente ruso, lo que depende de integrar en el proceso a Corea del Norte y del Sur.

Se puede y se tiene que convencer a Trump que para cumplir con lo que él mismo estableció como su desafío en el discurso en la ONU —“Está en nuestro poder, si así lo decidimos, sacar a millones de personas de la pobreza, ayudar a nuestros ciudadanos a que cumplan con sus sueños y garantizar que las nuevas generaciones de niños crezcan libres de violencia, odio y miedo”— tiene que unirse a China y Rusia en el proceso de la Nueva Ruta de la Seda, que incluiría una paz a largo plazo para el pueblo coreano, tanto tiempo demorada.