El partido separatista CUP de Cataluña encabeza un movimiento por el “decrecimiento”

14 de octubre de 2017

13 de octubre de 2017 — ¡Qué pequeño es el mundo! El pequeño partido catalán CUP, el más radical de los grupos separatistas que componen la improvisada mayoría parlamentaria de Carles Puigdemont que exige la “independencia” de la región de España, y el cual se ha colocado como el de mayor influencia en el reciente intento de golpe separatista, no solo promueve la maniobra separatista del imperio británico para destruir al Estado Nacional sino que también encabezan una campaña por el “decrecimiento”, una política de devolución económica radical asociada a las ideas del OBE (Orden del Imperio Británico) Hans Joachim Schellnhuber, entre otros.

El vocero del CUP (Candidatura de Unidad Popular), Sergi Saladie Gil, declaró recientemente en un discurso ante el parlamento catalán que “el decrecimiento es una vía indispensable para lograr la soberanía” de Cataluña, “y se le puede comparar al establecimiento de una economía de guerra”. Explícitamente basó su argumento en el célebre libro Límites al Crecimiento del Club de Roma. En otra entrevista, Saladie Gil proclamó que “nuestra organización ve el proceso hacia la independencia de Cataluña como una oportunidad para romper con un régimen político” con el fin de lograr una “auténtica soberanía, especialmente en esos cimientos de la vida como son la energía y los alimentos. Y nosotros entendemos que el decrecimiento es una ruta indispensable para alcanzar la soberanía en estas cosas”.

El 6 y 7 de septiembre, Saladie Gil del CUP presentó y debatió un “interrogatorio parlamentario sobre el decrecimiento” ante el parlamento catalán, la misma semana en que lo separatistas votaron a favor de celebrar su referendo ilegal el 1 de octubre sobre su separación de España, en donde afirmaba que “la búsqueda de un crecimiento infinito genera devastadores problemas globales... Se tienen que revisar los conceptos de progreso, crecimiento y desarrollo”. La declaración fascista alega que “con mucha menos energía disponible, se van a necesitar cambios radicales a nuestro estilo de vida”. Dados los “límites impuestos por la biosfera” el “proceso emocionante hacia la creación de la República de Cataluña” tiene que caracterizarse por “la construcción de nuevas relaciones con la biosfera basados en la justicia ambiental y social... un nuevo escenario caracterizado por la falta de cosas materiales y de energía”.

Otro de los destacados decrecimentistas de Cataluña, el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, Federico Demaria, no podía haber estado más de acuerdo: “Algunos críticos acusan que el decrecimiento es algo demasiado irreal. Pero la verdadera fantasía es pensar que la economía global puede crecer indefinidamente en un mundo finito... No solo no es posible el crecimiento sino que no es algo necesario ni deseable”.

El CUP y el resto del movimiento decrecimentista trazan sus raíces de su comunitarismo y ambientalismo radical a los escritos de la década de los 1970 de Andre Gorz, el teórico francés de la Nueva Izquierda, nacido en Viena, quien, junto con su amigo cercano Herbert Marcuse, fueron producto y seguidores del proyecto británico de la Escuela de Frankfurt.