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Los conjurados en el golpe de Mueller están en pánico; sus crímenes salen a la luz pública

9 de diciembre de 2017
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9 de diciembre de 2017 — Las fuerzas dentro de Estados Unidos que sirven al imperio británico para sacar a Donald Trump de su cargo —entre ellos, los funcionarios de inteligencia de Obama, los demócratas de Obama y Clinton, y los republicanos neoconservadores— están empezando a entrar en pánico. El sicario que se escogió para destruir la Presidencia de Trump, Robert Mueller, se curtió en el trabajo cuando encabezó en la década de 1980 el “grupo especial para atrapar a LaRouche”, con el propósito de destruir el movimiento fundado por Lyndon LaRouche. A pesar de que enviaron a la cárcel a LaRouche y a varios de sus colegas en base a acusaciones falsas, Mueller no pudo destruir al movimiento larouchista, y ahora está pagando por haber fallado. El informe especial de la Executive Intelligence Review (EIR), “Robert Mueller es un asesino judicial amoral: cumplirá con su cometido, si lo dejan”, ha llegado a las instituciones políticas y diplomáticas de Estados Unidos, lo cual ha hecho que el Congreso y otros actúen para detener el golpe, señalando directamente a los arquitectos británicos de esta traicionera conspiración: Christopher Steel del MI6 y otros más.

El esfuerzo para destruir a LaRouche y el intento similar para destruir a Trump tiene como objetivo el mismo fin fundamental; tanto LaRouche como Trump tienen el propósito de acabar con la división del mundo entre Oriente y Occidente impuesta por los británicos, lo cual mantiene al mundo tambaleándose al borde de una guerra termonuclear entre Estados Unidos, y Rusia y China. Así como LaRouche propuso la unidad de las “cuatro potencias” (Rusia, China, India, y Estados Unidos), para acabar con el imperio británico y echar a andar el desarrollo a nivel global, el Presidente Trump insiste en entablar relaciones de amistad y cooperación de Estados Unidos con Rusia y China. Como dijera Trump en su discurso en Pekín: “Hay mucho que une a Oriente y a Occidente”. Para los geopolíticos británicos, esas palabras buscan pelea.

Pero el castillo de naipes británico se está desplomando. El equipo de Mueller ha quedado expuesto como un grupo de militantes partidistas, así como su odio virulento a Trump, y su obediencia servil a la política bélica de Obama y Hillary Clinton, que salió a la luz pública en los correos electrónicos de sus sórdidas vidas personales. Y el pánico está comenzando a apoderarse de ellos.

Por ejemplo, Joe Biden, tal vez tratando de probar su subordinación al imperio británico para que lo escojan como el candidato demócrata para las próximas elecciones presidenciales, y llenar así el espacio que dejó Hillary luego de su fracaso, fue coautor de una diatriba sicótica en contra de Rusia que publicó Foreign Affairs el 5 de diciembre, la revista trimestral de la avanzada del imperio británico en Estados Unidos, el Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York. Se titula “Cómo hacerle frente al Kremlin. La defensa de la democracia contra sus enemigos”, y en el Biden dice que Estados Unidos debe “impedir una agresión militar rusa”, implementar una policía del pensamiento para “erradicar la desinformación y la subversión rusas y encontrar formas para que las autoridades cooperen con el sector privado para contrarrestar tales injerencias”. Los malvados rusos, despotrica con pasión McCartista, han “fusionado con éxito grupos delictivos, agencias de inteligencia, y empresarios corruptos” (lo cual suena como una descripción muy fiel de los regímenes de Obama y los Bush en Estados Unidos). Luego se queja de que Trump se ha negado a creer (la mentira) de que Rusia se robó las elecciones, e “incluso luego de que recibió informes de altos funcionarios de inteligencia”, en referencia por supuesto, a los criminales Clapper, Brennan, y Comey.

Pero cada vez hay más llamados publicados en la prensa dominante para sacar a Mueller de su cargo; el hedor es demasiado fuerte como para seguir con el encubrimiento.

Otro caso de locura llegó al Congreso hoy, cuando el representante demócrata por Texas, Al Green, introdujo una propuesta de juicio político a Donald Trump. Esto fue rápidamente descartado en la votación, pero 58 miembros del Congreso mostraron de qué lado están al votar con Green.

A lo que los británicos le tienen más terror es a que la población estadounidense y europea adopte el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda, el Nuevo Paradigma que se está implementando en casi todo el mundo, por medio de verdaderos proyectos físicos de desarrollo liderados por China y Rusia. En África, Iberoamérica, y Asia, naciones que los controles coloniales y poscoloniales habían mantenido en el limbo por siglos, se están transformando rápidamente hacia modernas naciones industriales, sus poblaciones están escapando de la pobreza y recuperando la esperanza, del mismo modo en que China se transformó en un corto período de 30 años. De hecho, este espíritu también está despertando a países y ciudadanos de Europa, y Estados Unidos, en especial luego de la exitosa reunión que tuvo Trump con el Presidente de China, Xi Jinping, y el compromiso chino a invertir $283 mil millones de dólares para reconstruir la deteriorada infraestructura estadounidense y su capacidad industrial, para comenzar.

Ya no hay justificación alguna para tolerar el deterioro económico y cultural en Occidente. Las ideas que Lyndon LaRouche presentó en los últimos 50 años, ahora se están implementando, y se están convirtiendo en una fuerza física en el mundo. Este es nuestro momento.