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Ataque desesperado de los británicos libera a Trump de la mitología “populachera” derechista

4 de enero de 2018
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Izquierda: Steve Bannon - Derecha: Presidente Trump

4 de enero de 2018 — Ahora que el Rusiagate se desmorona bajo los pies de los pretendidos Dioses del Olimpo, los británicos han tomado medidas desesperadas para salvar su intento de golpe de Estado contra el Presidente de Estados Unidos, de tal modo que inadvertidamente han liberado al Presidente de la camisa de fuerza del “populismo” de la derecha alternativa, que en realidad fue algo que le encasquetaron los mismos confabulados en el golpe para limitar su capacidad de actuar.

Esto lo precipitaron dos operaciones patéticas y de pánico, lanzadas desde Londres en los últimos días, con el pretendido objetivo de revivir el moribundo y desacreditado Rusiagate. Primero, le publicaron a los mandamases de la firma FusionGPS, Glenn Simpson y Peter Fritsch, un artículo de opinión en la página editorial del New York Times donde proclaman que ellos habían salvado a Estados Unidos de “un ataque de una potencia extranjera hostil sobre nuestro país”, cuando contrataron al espía británico “experto en Rusia”, Christopher Steele, para que integrara lo que correctamente Trump ha etiquetado como “un montón de basura”. Segundo, el escritor de columnas de chismes Michael Wolff (cuya única otra obra fue una biografía de Rupert Murdoch), filtró una copia de su libro por publicarse, “Fire and Fury: Inside the Trump White House” (Fuego y furia: desde adentro de la Casa Blanca de Trump) al periódico británico The Guardian que se especializa en publicar las filtraciones de la inteligencia británica. El diario reprodujo partes del libro, en donde se cita al mayoreo a Steven Bannon, el loquito antichino y antirruso que sigue proclamándose como uno de los más cercanos asesores de Trump, a pesar de que lo corrieron de la Casa Blanca el año pasado. En el libro de Wolff, cita a Bannon, quien dice que la reunión entre el ex director de la campaña de Trump, Paul Manafort, el yerno de Trump, Jared Kushner, y su hijo Donald Trump Jr., con una abogada rusa en junio de 2016, fue una acción “traidora”, “poco patriótica”, y “mala mierda”.

La respuesta de Trump fue emitir una respuesta de inmediato, tajante como es su costumbre, (con una referencia a Franklin Roosevelt):

“Steve Bannon no tiene nada que ver conmigo ni con mi Presidencia. Cuando fue despedido, no solo perdió su empleo, sino que perdió su cabeza... Steve tuvo muy poco que ver con nuestra histórica victoria, la cual fue obra de los hombres y mujeres olvidados de este país... Steve no representa a mi base; el está ahí por sí mismo. Steve se hace como que está en guerra con los medios noticiosos, a los que califica del partido de la oposición, y no obstante se pasó todo el tiempo que estuvo en la Casa Blanca, filtrando información falsa a los medios, para hacer aparecer que era más importante de lo que realmente era. Eso es lo único que hace bien. En muy raras ocasiones tuvo Steve una reunión personal conmigo, y solo aparenta que había tenido influencia para engañar a unos cuantos que no tienen ninguna idea, a quienes les ayudó a escribir libros engañosos”.

Esto se puede considerar como una declaración de independencia de esa derecha populachera que ha tratado de cortejar a Trump para alejarlo de su compromiso de establecer relaciones amistosas con Rusia y con China. Bannon y su portal de noticias Breitbart, se pasan la mayor parte de su tiempo haciendo llamados a la confrontación, económica y militar, con Rusia y China. Solo defienden a Trump contra la cacería de brujas del Rusiagate que dirige Robert Mueller, sobre la base de acusar a Hillary Clinton, en vez de a Trump, de colusión con el malvado oso ruso, con lo cual distorsionan el hecho verdadero de que Hillary y Barack Obama estaban totalmente decididos a desatar una guerra contra Rusia y contra China, lo cual no ocurrió gracias a la derrota electoral de Hillary en las elecciones presidenciales.

Las verdaderas bases de apoyo de Trump están cada vez más preocupadas por una sola cosa: que mejor es que tenga éxito en lograr la reconstrucción industrial de Estados Unidos y de la infraestructura económica, y en la creación de millones de empleos, o si no, perderá su firme base de apoyo de los trabajadores. Esta semana, Trump tendrá varias reuniones para preparar una campaña para su programa nacional de infraestructura. Pero incluso si llegan a salir con un programa viable, faltarán todavía los medios para financiarlo, lo cual será imposible si no se enfrenta antes a la enorme burbuja especulativa que ya tiene al sistema bancario de occidente a punto de reventar en un colapso mucho mayor al del 2008. La pelea de años que tiene el movimiento de LaRouche para restaurar la Ley Glass-Steagall, para restablecer la banca nacional y relanzar el potencial industrial y científico de este país, se refleja cada vez más en comentarios y discusiones recientes de todos lados del espectro político.

Pero no queda mucho tiempo. Si no se resuelve la crisis financiera, por medio de la eliminación de la burbuja especulativa, va a estallar y destruirá todo esfuerzo por hacer a Estados Unidos grande otra vez. El Comité de Acción Política de LaRouche continúa circulando el informe especial sobre “El asesino judicial Robert Mueller”, y ahora le está llevando a todos los senadores y congresistas y a miles de líderes regionales políticos y sociales, el folleto sobre “Las cuatro leyes de LaRouche y el futuro de Estados Unidos en la Nueva Ruta de la Seda”. Esa es la vía necesaria de Trump para la victoria ahora.