Esta es la verdadera historia del “cagadero” en Haití

16 de enero de 2018

16 de enero de 2018 — Con todo el estallido moral expresado por los legisladores estadounidenses y otros sobre la supuesta referencia de Trump a Haití como un “cagadero” (Trump tuiteó después que él usó la palabra “excusado abierto” no “cagadero”) vale la pena considerar lo siguiente:

Un artículo del 13 de enero escrito por un tal Jim Holt en el sitio electrónico gatewaypundit, tenía el título de “Trump le dió al clavo”. ¿Por qué? Porque la capital de Haiti, Port-au-Prince es una de las únicas ciudades grandes en el hemisferio occidental que no tiene sistema de drenaje. Es decir, literalmente están nadando en materia fecal humana. Un informe del 2012 de la radio pública nacional de EU (NPR, en sus siglas en inglés) destaca que la capital haitiana es una ciudad del tamaño de Chicago, sin un sistema de depuración de aguas residuales: hay 987,000 personas viviendo en la capital propiamente, más 2,600,000 en la zona “metropolitana”.

A esos legisladores que se han estado rasgando las vestiduras por los supuestos comentarios del Presidente, sugiere Holt, “quizá deberíamos enviarlos a Port-au-Prince con unos cuantos baldes” para que puedan apreciar la situación. ¿Baldes? Si, porque cada noche grupos de “bayakou”, hombres que ganan unos $3.80 dólares por noche, descienden en los hoyos para sacar la materia fecal fresca de los pozos sépticos y letrinas para deshacerse de la materia fecal, la cual tiran después en los canales llenos de basura que atraviesan la ciudad, según informó NPR. En el caso de precipitaciones pluviales significativas, las calles se llenan de aguas de drenaje, con lo cual los habitantes se vuelven vulnerables a las infecciones, enfermedades etc. El trabajo de los bayakou, que trabajan en condiciones precarias, sin equipo de seguridad, son víctimas de enfermedades, infecciones etc. No ganan lo suficiente para mantenerse, así que tienen que buscar trabajos durante el día para compensar su ingreso miserable.

La propuesta china de un plan de reconstrucción para Port-au-Prince de $4,500 millones de dólares, está precisamente dirigido a hacerle frente a este espectáculo de horror, construyendo un sistema de tratamiento de aguas residuales de vanguardia y un vasto sistema sanitario.

A partir del terremoto del 2010, los donantes extranjeros han gastado millones de dólares en un plan para construir plantas de tratamiento de aguas residuales abiertas por todo Haití. En el 2012 se inauguró una de esas plantas, en Morne a Cabrit, como a una hora del centro de Port-au-Prince y había planes para construir siete más en distintas ciudades, pero fueron “parados”. Morne a Cabrit sigue siendo la única planta de tratamiento de aguas residuales en operación en todo el país. Otra planta, que se empezó en octubre del 2010 con financiamiento del gobierno español, fue finalmente terminada en mayo del 2012, después de muchas demoras. Esta planta funcionó solo durante 18 meses antes de que la clausuraran debido a un “problema técnico”. Nunca se reparó.