CSIS le declara la guerra económica a la “política industrial” de China y a la Franja y Ruta

13 de febrero de 2018

13 de febrero de 2018 — El lugar de reunión preferido de los neoconservadores, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, en sus siglas en inglés) de la Universidad de Georgetown, dio a conocer el jueves 8 un informe de 64 páginas titulado “Para enfrentar el desafío chino: Respuesta a la economía controlada de China”. No hacen ningún esfuerzo por esconder sus intenciones de destruir lo que ellos llaman “política industrial” de China, y por implicación, la Iniciativa de la Franja y la Ruta. El informe contiene siete ensayos sobre varios aspectos para contrarrestar a China.

El prefacio que escribe el presidente del CSIS, John Hamre, establece: “Las tensiones militares son peligrosas pero la mayor prueba es económica y saldrá de la política industrial de China y de sus efectos en la economía global y en la seguridad estadounidense”.

Hamre afirma que hay “un consenso cada vez mayor en Washington de que Pekín opera un sistema económico sumamente discriminatorio, que ha producido relaciones cada vez más desquilibradas en detrimento de los intereses estadounidenses y demás socios comerciales de China. Producto de esto, en Estados Unidos y otros lugares hay llamados a tomar medidas para domar a la política industrial de China y tomar acciones que le sirvan a los intereses estadounidenses”.

El problema, dice Hamre, es Xi Jinping y su Iniciativa Franja y Ruta: “Lo que ha cambiado es la aparente consolidación del poder bajo el Presidente Xi Jinping y su visión de exportar la solución china como alternativa a la democracia occidental y a las normas occidentales”.

En la introducción, James Andrew Lewis, primer vicepresidente del CSIS, escribe: “Un elemento crucial de la estrategia de China es sobrepasar a Estados Unidos, de la misma forma en que ha sobrepasado a otras naciones. Como parte de esto, China tiene una estrategia bien financiada de crear industrias nacionales con la intención de desplazar a los proveedores extranjeros, dominar la creación de normas y reformar las normas globales”. Esa “política industrial”, señala, se tiene que parar: “El punto es cómo cambiar los programas industriales nacionalistas de China para acabar con sus efectos perturbadores sobre otras economías”.

Esta es responsabilidad de Estados Unidos, sostiene Lewis, dado que Europa enfrenta “conflictos internos”, tales como los “de algunos Estados miembros que han sido influenciados por el dinero chino... En ausencia del liderato estadounidense, pudiera no haber una respuesta efectiva a la intromisión económica china”.

El plan: “En Estados Unidos, hay un consenso sobre la necesidad de emprender acciones en contra de la política industrial de China, utilizando controles a las exportaciones, medidas comerciales, y restricciones a las inversiones extranjeras. Una de las conclusiones compartidas en los ensayos en esta colección es que una estrategia puramente defensiva, nacionalista solo va a retardar el avance de China en su trayectoria nacionalista, no la va a cambiar, y no hay un consenso sobre cómo reconstruir la fibra del poderío económico estadounidense, incluyendo el complejo de investigaciones que respalda la fortaleza militar y el crecimiento económico estadounidense”.

El informe agrega después en una idea adicional que Estados Unidos tiene que restablecer su economía, algo que nunca va a suceder en tanto que estos agentes geopolíticos británicos tengan influencia.