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El mundo se mueve en dos direcciones; la cuestión decisiva es, ¿cuál lleva al bien común?

13 de febrero de 2018
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"Proyecto legislativo para reconstruir la infraestructura en Estados Unidos".

13 de febrero de 2018 — El mundo se mueve en dos direcciones. El paradigma de desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda está cobrando fuerza. Mientras tanto, el viejo paradigma del monetarismo y la geopolítica, aunque expira, sigue planteando amenazas peligrosas. Una expresión de esto es el anuncio ayer del desafortunado “Proyecto legislativo para reconstruir la infraestructura en Estados Unidos” que presentó el gobierno de Trump. Su procedencia de Wall Street es evidente en las 53 páginas del documento, a pesar de que el Presidente Donald Trump reitera en la carta de presentación que quiere proporcionar una “infraestructura actualizada” moderna, porque “la infraestructura de nuestra nación se encuentra en un estado de deterioro inaceptable...”

El contenido del documento es funesto. Su mecanismo de financiamiento no sirve para nada: una relación 20% a 80% de financiamiento federal, a estatal, local y de fondos privados, con una meta de inversión de $1.5 billones de dólares en 10 años. Y entre las brillantes ideas que se proponen para financiarlo, se cuentan algunas que son peor que la enfermedad, como la lista de “desinversiones” que se recomiendan, entre ellas, vender los aeropuertos cercanos a Washington, DC, el de Reagan y el Dulles, vender la red de transmisión de electricidad de la Comisión del Valle de Tennessee, y otros activos de gran valor, a los tiburones financieros, etc. Llega incluso a favorecer el cobro de alcabalas y otras tarifas para inducir a la inversión.

No hay motivo para pensar que esa malvada bolsa de gatos sea aprobada por el Congreso y que se llegue a materializar. El peligro viene del hecho de que el Presidente electo de Estados Unidos no tiene el control de la política interna, ni de la política exterior, debido a la operación de golpe que le lanzaron a él y a las instituciones de gobierno de Estados Unidos, lo cual ha conducido directamente la subversión británica. Ese es el escándalo traicionero de la “interferencia en las elecciones de Estados Unidos”, no Rusia. Esa es la traición escandalosa en toda la política de Estados Unidos hasta el momento.

En el frente de las relaciones exteriores, personalidades prominentes de Estados Unidos han manipulado para oponerse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Nada más en Iberoamérica, vean el papelazo que hizo el Secretario de Estado, Rex Tillerson, con sus comentarios contra China en su reciente gira por Sudamérica. Sus comentarios han recibido una contundente respuesta de parte de varias personalidades iberoamericanas, entre ellos los embajadores China de Argentina, Colombia, Chile y Uruguay. Esta semana Tillerson viajó al Sudoeste de Asia (Egipto, Kuwait, Jordania, Líbano y Turquía), en donde ya personalidades prominentes han criticado el papel que está jugando Estados Unidos en la región, y que dicen de plano que ahora ven hacia China, y también a Rusia, porque Estados Unidos está completamente desviado. China por su parte ha reiterado esta semana que va a proporcionar ayuda para la reconstrucción de Siria y de Iraq.

Todo esto apunta a la necesitad de aplastar totalmente la operación de golpe que tiene como rehen a la Presidencia de Estados Unidos. Trump ha declarado en repetidas ocasiones su propósito de sostener una relación de amistad con China y con Rusia, algo que es un anatema para los británicos y sus acólitos en ambos partidos en Estados Unidos. En este sentido, no hay novedades en el frente contra las calumnias del Rusiagate, pero cada vez más las evidencias apuntan hacia nuevas revelaciones que saldrán a la luz pronto en lo que constituye la “Fase Tres” contra las redes británicas. En la “Fase Uno”, se puso en evidencia que el espionaje del tribunal FISA se autorizó con base a las mentiras contra Trump del espía británico, Christopher Steele, pagado por los demócratas de Hillary Clinton. Luego, en la “Fase Dos”, se reveló la complicidad del Departamento de Estado de Obama, donde salió a relucir la infame personalidad de Victoria Nuland, la operativa que orquestó el golpe de Estado nazi en Ucrania entre 2013 y 2014. Ahora hay indicios de que la “Fase Tres” sacará a la luz la complicidad de las diplomáticas de Obama, Samantha Power y Susan Rice, la de sus ex directivos de la inteligencia, y de Obama mismo, todos ellos actuando a favor de la geopolítica británica.

El gran vacío que debemos llenar, en Estados Unidos y por toda la región transatlántica y algunos otros lugares que todavía se aferran al viejo paradigma, es la falta de entendimiento de la ciencia de la economía. El programa de infraestructura de Trump que salió ayer, simplemente pone de relieve la necesidad de ampliar la distribución del folleto sobre las Cuatro Leyes de LaRouche y de difundir los principios que las sustentan. En Estados Unidos, este es el foco para las elecciones de medio período del Congreso, con la Plataforma 2018 de LaRouchePAC, “Campaña por el futuro”.

A nivel internacional, la nueva serie de clases sobre “El fin de la geopolítica: ¿qué es el Nuevo Paradigma global?”, es exactamente lo que puede ser el eje para la acción. Helga Zepp-LaRouche inició esa serie el pasado sábado 10 de febrero, y señaló que la cuestión de fondo que está en juego, en torno a la política de gobierno, es la cuestión del “bien común” para el futuro. ¿Obra el gobierno para elevar la condición de la población? Vean alrededor. “¿Quién está aliviando o quién está acelerando la pobreza?”