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No existe amenaza rusa ni china. Solo amenaza británica

16 de febrero de 2018
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El Presidente Putin de Rusia, visita la planta Rostselmash plant. Putin a informa sobre las actividades de la empresa, paseó por los pisos donde se ensamblan los tractores y las segadoras, y vio algunos de los productos terminados de la planta. 1ro de febrero de 2018. (en.kremlin.ru)

16 de febrero de 2018 — Nadie te culparía si al despertar esta mañana y leer los periódicos matutinos o escuchar las noticias en los medios tradicionales en Estados Unidos, sientes como que te devolviste en el tiempo y despertaste a principios de los años cincuenta. “Ahí vienen los rusos” escuchaste primero; se quieren robar las elecciones. Seguido de “Los chinos amenazan a nuestra sociedad”, están infiltrando nuestras escuelas, envenenando las mentes de nuestros niños con propaganda antidemocrática.

¿Senador Joe McCarthy? ¿El Jefe del FBI J. Edgar Hoover? No, eso fue lo que dijeron de senador Marco Rubio y el jefe del FBI Christopher Wray, al hablar el martes en la audiencia de la Comisión de Inteligencia del Senado con los principales jefes de inteligencia. Y, como hemos visto en las últimas semanas, la histeria antichina está excediendo incluso la histeria antirrusa, en especial ahora que todo el fraude del Rusiagate ha quedado públicamente al descubierto como un intento de golpe instigado por los británicos, orquestado por el MI6 y los jefes de inteligencia del gobierno de Obama, justo como lo reveló la EIR en su folleto “Robert Mueller es un asesino judicial”.

El senador Rubio dijo que, aunque el Kremlin representa una amenaza seria y está tratando de interferir en las elecciones estadounidenses del 2018, China es “el gran problema de nuestro tiempo”. El jefe del FBI Wray se unió a esto, acusando a los profesores, científicos y estudiantes chinos de ser “colectores no tradicionales”, es decir, espías. “El Buró está investigando activamente a algunos grupos chinos respaldados por el gobierno que están facilitando el diálogo entre las academias chinas y estadounidenses” dijo Wray, y agregó que le “preocupaban” los Institutos Confucio y que el FBI está “desarrollando investigaciones apropiadas sobre ellos”.

Y aún así, el Presidente de Estados Unidos ha insistido consistentemente en que Estados Unidos debe construir relaciones amistosas con China y con Rusia; de hecho, en el transcurso de la semana pasada sostuvo pláticas productivas con Vladimir Putin y Yang Jiechi, el funcionario de más alto rango en política exterior en China.

Una de las propuestas más claras y más sabias que se le han hecho al Presidente Trump sobre cómo hacer que tenga éxito su visión audaz para reconstruir la colapsada infraestructura estadounidense, se publicó el miércoles 14 en el sitio electrónico de la cadena china de televisión global, CGTN. En un artículo titulado “Hagamos que Estados Unidos sea grande de nuevo, con dinero chino”, el Dr. John Tong, profesor de la prestigiada Universidad Pekín de Negocios Internacionales y Economía, plantea que el plan de infraestructura de Trump por $1,500 millones de dólares es una idea excelente y necesaria pero (al igual que se preguntan muchos por todo Estados Unidos) ¿de dónde saldrá el dinero?

“Yo tengo una gran idea” escribe el Dr. Tong. Señala que China tiene $3 billones de dólares en reservas, la mayor parte de estas en deuda del gobierno estadounidense. “Este dinero se podría utilizar rápidamente para que los inversionistas chinos participen en el auge de la infraestructura de Estados Unidos”. Plantea que “el actual superávit de la cuenta corriente de China se podría transformar de alguna manera en una cuenta de capital accionario, en la forma de dinero invertido en Estados Unidos como accionistas permanentes, y lo que es más importante, como parte permanentemente interesada en unas relaciones económicas prósperas entre China y Estados Unidos.

El “de alguna manera” de esta idea es bien conocido para los lectores de la EIR: el concepto de un nuevo Banco Nacional, o un Banco Nacional de Infraestructura, como lo propuso Lyndon LaRouche como una de sus “cuatro leyes”. Destacados economistas y funcionarios chinos han mostrado gran interés en la propuesta, como una forma de convertir sus enormes posesiones de deuda de Estados Unidos en patrimonio de dicho banco —pasando así por encima de quienes están saboteando las inversiones chinas en EU alegando cuestiones de “seguridad”— a la vez que se convierte la deuda en crédito para reconstruir a Estados Unidos. Alexander Hamilton estaría orgulloso.

Con algunas pocas excepciones, los miembros del Congreso e incluso muchos en el primer círculo del Presidente, prefieren defender el quebrado sistema financiero occidental, antes que permitir la adopción de un sistema funcional nuevo, basado en el programa de “todos ganan” de la Nueva Ruta de la Seda y una reorganización de los bancos al estilo Hamilton, aunque esto signifique depresión y guerra. El Presidente ha ganado apoyo de la población estadounidense en los últimos meses al resistir las mentiras sobre la “agresión” rusa y china, y al insistir en el progreso industrial y científico en contra de los cerocrecimentistas y los verdes. En este momento está bien situado para adoptar el programa de LaRouche en contra de los lores de Wall Street. La gente de buena voluntad tiene que organizar el apoyo que se necesita para hacer que esto se vuelva una realidad.