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La cruzada de Theresa May contra Rusia no es más que la misma guerra del Reino Unido contra Trump

27 de marzo de 2018
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El Presidente Donald Trump conversa con la primera ministra británica Theresa May durante la reunión bilateral en la Sala Oval, viernes 27 de enero de 2017. La primera ministra May fue la primera jefa de gobierno que visitó oficialmente la Casa Blanca de Trump. Foto oficial de la Casa Blanca).

27 de marzo de 2018 — Lyndon y Helga LaRouche han jugado un papel central en mejorar las relaciones entre las naciones durante los últimos 35 años: a través del concepto de LaRouche para la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE) del Presidente Reagan, en 1983, y la “Doctrina LaRouche” para las relaciones entre las grandes potencias que acompañaba a la IDE; y también a través de su campaña de 1989 por el “Puente terrestre euroasiático” que contribuyó finalmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, y que ahora fomenta el desarrollo en muchas naciones del mundo. Durante todos esos momentos, el enemigo de la marcha hacia un nuevo paradigma de desarrollo ha sido el imperio financiero de la City de Londres y la geopolítica británica.

Esta realidad que se esconde a menudo se ha hecho patente de pronto. La primera ministra británica Theresa May y el ministro del exterior británico han amedrentado a Estados Unidos y 14 naciones europeas a una confrontación en escalada con Rusia, que está dirigida a arruinar la colaboración para el progreso entre las grandes potencias a través de los proyectos de la Franja y la Ruta, y que puede conducir rápidamente hacia una guerra mundial.

Helga LaRouche señaló antier que Londres ha hecho esto en reacción al descrédito del conato de golpe dirigido por los británicos del “Rusiagate” en contra del Presidente Donald Trump. Todo el cuento del “gas nervioso ruso” no es más que la continuación del Rusiagate, reinventado y revivido. Su éxito, hasta el momento, luego del fracaso del Rusiagate contra Trump, es sumamente peligroso, dijo Helga Zepp-LaRouche. Tanto Rusia como China van a reaccionar a este cambio en la agenda transatlántica.

China, a través de su Presidente Xi Jinping y de los órganos del partido como el diario Global Times, ha reconocido que el ascenso pacífico de China, frente a la embestida de la geopolítica británica y de la guerra económica, quizás no se le permita que sea tan fácil o tan pacífico.

Pero China ha desencadenado una dinámica de desarrollo que ha elevado la productividad y los niveles de vida de muchas naciones, además de la suya, mediante el empleo de un nuevo concepto que LaRouche denominó “desarrollo del puente terrestre mundial” hace 30 años. La Iniciativa de la Franja y la Ruta está jalando ahora a naciones de Europa Occidental incluso. La dirigencia china no se detendrá por una guerra de aranceles o de embargo de inversiones; más bien, aplicará ese nuevo paradigma para detenerlos.

Como lo señaló Helga LaRouche, China está haciendo a un lado siglos de maltusianismo y de la geopolítica de suma cero de Londres; y lo sustituye con un nuevo paradigma de provecho mutuo entre las naciones, con la erradicación de la pobreza, con el avance científico, con “una comunidad de destino compartido”. Lyndon LaRouche ha insistido durante 50 años en la necesidad de ese cambio. Su movimiento ha propuesto las herramientas para derrotar los ataques contra el Presidente Trump provenientes de la inteligencia británica, así como el programa económico para hacer realidad el futuro de Estados Unidos dentro de la Nueva Ruta de la Seda.

El contraataque del gobierno de Theresa May es peligroso; los patriotas de Estados Unidos y Europa deben combatirlo.