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El imperio se desmorona, pero no está muerto, sino desesperado para provocar una guerra

3 de may de 2018
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El Presidente Trump y la Primera Dama durante la cena de Estado con el Presidente Macron de Franica y su esposa. 24 de abril de 2018 (Foto oficial de la Casa Blanca po D. Myles Cullen).

2 de mayo de 2018 — Repasemos la situación: Hasta ahora, todos los esfuerzos de los británicos para tumbar el gobierno de Estados Unidos de Donald Trump, han fracasado. El expediente marrullero del agente del MI6, Christopher Steele, ha quedado evidenciado como lo único en que se basó el inicio del Trumpgate, lanzado por el equipo de inteligencia de Obama y los perpetradores enfrentan ahora un procesamiento penal; el caso de los Skripal ha desaparecido de los medios noticiosos, en la medida en que los nexos del mismo Christopher Steele con el asunto comenzaban a salir a la luz; el teatro fraudulento de las armas químicas sirias inventado por el grupo Cascos Blancos, bajo control de los británicos, ha quedado evidenciado ante el mundo como un asunto estilo nazi para justificar un ataque militar. Ese ataque, en el cual el propio Trump fue empujado a participar junto con los británicos y los franceses, declaró en efecto que el derecho internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, mediante la Organización de las Naciones Unidas para impedir otra guerra, ha muerto.

El imperio no se irá tranquilo a la obscuridad. Las payasadas de Bibi Netanyahu (quien alega que tiene “prueba” de que los iraníes todavía están desarrollando armas nucleares) son objeto del ridículo hasta por ex funcionarios de inteligencia israelíes como refritos de noticias viejas ya conocidas por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) y que no prueban nada. Pero los británicos ya han utilizado al ala derechista israelí y a la familia real saudí para provocar divisiones, y cuando les ha sido necesario, para iniciar guerras. Trump ha cooperado con Putin en la derrota al EIIS en Siria, y ha jurado que quiere sacar a Estados Unidos de Siria de una vez por todas y “dejar de ser el policía del mundo”; por eso los británicos están desesperadamente moviendo todas las palancas posibles para arrastrar a Estados Unidos a nuevas guerras.

En Ucrania existe la misma situación. El presidente Poroshenko lanzó ayer su operación “Fuerzas Conjuntas”, mediante la cual fusionó su Guardia Nacional, la Policía Nacional, y las milicias neonazis dispares bajo un solo control militar central, con el propósito de alcanzar una “solución” militar a la crisis en la región del Donbas.

Otra guerra más en Siria o en Ucrania, podría explotar rápidamente en una guerra con Rusia y en una nueva guerra mundial, pero esta vez con armas nucleares.

Sin embargo, como se ha demostrado en el caso de Corea, cuando Estados Unidos colabora con China y con Rusia, pueden suceder milagros. La “crisis permanente” de Corea, como la “crisis permanente” en el Medio Oriente —tanto el conflicto árabe-israelí como el conflicto sunnita-chiíta— lo han mantenido intencionalmente los británicos y sus piezas como zonas de conflicto permanente para crear guerras entre Oriente y Occidente, para mantener divididas a las grandes potencias, en provecho del imperio británico que controla el sistema financiero con centro en la City de Londres y en Wall Street.

Pero la Nueva Ruta de la Seda amenaza ahora esa mentalidad de “dividir y conquistar”. La política de beneficio mutuo que impulsa China con su Iniciativa de la Franja y la Ruta, para transformar al “Tercer Mundo” en Estados nacionales agroindustriales modernos a través del desarrollo de la infraestructura moderna, ha demostrado que los conflictos basados en la etnicidad, la religión, los problemas territoriales y cosas por el estilo, se pueden superar planteando el interés común de todas las naciones y de todos los pueblos.

El papel de Estados Unidos en esta crisis global es decisivo. Luego de la histórica cumbre la semana pasada del primer ministro de India, Narendra Modi, con el Presidente de China, Xi Jinping, tenemos que las tres grandes culturas de Rusia, China e India, ahora trabajan juntas en la creación de un Nuevo Paradigma para la humanidad. Desde hace mucho tiempo Lyndon LaRouche ha insistido en que las “Cuatro Potencias” de Rusia, China, India y Estados Unidos, constituyen la combinación necesaria para acabar con el mundo del imperio de una vez por todas.

El Presidente Trump ha manifestado en repetidas ocasiones que ser amigos de Rusia y de China “es algo bueno, no malo”, lo cual constituye el motivo central por el cual la inteligencia británica lanzó el conato de golpe del Rusiagate. Para que Trump sobreviva, el pueblo estadounidense debe de identificar el papel de los británicos, liberar a Trump del intento de golpe británico, y respaldar sus mejores impulsos para unirse plenamente con los aliados naturales de Estados Unidos, Rusia y China, mediante una participación plena en la Nueva Ruta de la Seda.

Los organizadores del Comité de Acción Política de LaRouche (LaRouchePAC) en todo Estados Unidos, informan que hay una respuesta enorme al llamado para acabar con el imperio e integrarse a la Franja y la Ruta, y para terminar con el confinamiento del pueblo estadounidense impuesto por el “sistema de dos partidos” controlado por Wall Street. En este caso, Trump ha mostrado el camino, con sus ataques a los republicanos y demócratas por igual cuando salen con la letanía de que tiene que enfrentar a Rusia y a China. No solo está a nuestro alcance el nuevo paradigma, sino que es absolutamente necesario para derrotar el plan de guerra británico.