La "fuente secreta": otro pretexto fraudelento del FBI que se derrumba para mostrar la injerencia británica

16 de may de 2018

11 de mayo del 2018 —Los representantes Trey Gowdy y Devin Nunes fueron el jueves al Departamento de Justicia para recibir un informe sobre lo que se ha denominado “una fuente secreta muy bien colocada”, que tuvo un papel importante en la iniciación en julio de 2016 de una “iniciativa” del FBI para una investigación de contrainteligencia a Donald Trump, postulado por el Partido Republicano para la Presidencia de Estados Unidos. Esa investigación inaudita alegó falsamente que Putin tenía a Donald Trump en su bolsillo, una mentira que primeramente se divulgó para destruir la candidatura de Trump, y luego para socavar por completo su Presidencia.

Además de vigilar la campaña y al candidato, se conoce hoy que los jefes de inteligencia de Obama y sus contrapartes británicas también se las arreglaron para infiltrar directamente la campaña [de Trump] y fabricar evidencias para poder justificar su “investigación” falsa. Según un artículo que escribió el 10 de mayo Kimberly Strassel, periodista del Wall Street Journal, ahora las evidencias sugieren poderosamente que el que esta fuente secreta se haya infiltrado [en la campaña] jugó un papel importante para echar a andar la investigación en contra de Trump. Esta información se la ocultaron a la Comisión de Inteligencia y a la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, durante todo el año de investigaciones sobre el caso del “Rusiagate”. Sin embargo, una vez más, los nuevos descubrimientos apuntan al hecho de que fueron los británicos, no los rusos, quienes intervinieron en la campaña Presidencial estadounidense del 2016, con un plan fabricado por la inteligencia británica cuyo propósito era entrampar tanto a Trump como a Putin.

Esa “fuente secreta” ha sido el objeto de un jaloneo durante las últimas dos semanas, entre la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y el Departamento de Justicia (DOJ), donde el subprocurador general Rod Rosenstein se ha quejado públicamente de que el Congreso pretende “extorsionar” al DOJ. La Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, la cual preside Nunes, tiene la facultad por ley de supervisar las operaciones de contrainteligencia del Departamento de Justicia, y tenía toda la autorización para hacer la petición al DOJ. Desde enero [Nunes] viene pidiendo el documento con el que se inicia la investigación que hizo el FBI a Donald Trump en Julio del 2016, y solo le han dado versiones con muchas partes del documento suprimidas.

La curiosidad sobre este documento nació cuando fue evidente que el DOJ estaba tratando de encubrir el hecho de que el plan para investigar a Trump se había tramado y tenía etiqueta de “Hecho en Londres”. Cuando los investigadores de la Cámara de Representantes dijeron que el agente británico, Christopher Steele, dio comienzo a la investigación con sus imputaciones sucias y sin verificar acerca de Donald Trump, el DOJ y el FBI dijeron que no solo había sido eso. Eso salió después. Dicen los del DOJ que todo esto empezó con las divagaciones de borracho del eventual asesor de política exterior de la campaña de Trump, George Papadopoulos, que le contó al ex alto comisionado australiano en Londres, Alex Downer. Sin embargo, preguntó Nunes, ¿darían inicio ustedes a una investigación de contrainteligencia a gran escala y completamente sin precedentes, involucrando todas las técnicas de inteligencia disponibles que tiene Estados Unidos en contra de un candidato Presidencial, sustentándose en las divagaciones de borracho de un joven voluntario? Y, a propósito, ¿cómo es que este joven vino a Londres para beber con Downer? Con anterioridad, Papadopoulos se había reunido en Londres con el extraño profesor maltés, Joseph Mifsud, quien le dijo en abril del 2016, que los rusos tenían miles de correos electrónicos que le había robado a Hillary Clinton.

Entonces, basándonos en lo que se conoce actualmente, parece que resulta que todo esto se inicia en los mismos círculos de la inteligencia británica que controla sir Richard Dearlove, ex director del MI6. Dearlove guió a Christopher Steele para que escribiera su cochino informe. Dearlove está íntimamente conectado al tipo que se especula es la fuente secreta, a saber, Stefan Halper.

Alex Downer también está muy bien conectado a los círculos de Dearlove, incluyendo el formar parte de la Junta Asesora de Hakluyt, compañía de investigación que se conoce como la casa de retiro de los agentes del MI6. Se dice que el mismo Mifsud tiene vínculos directos con la inteligencia saudita, y con la inteligencia británica, además de haber entrenado a los servicios de seguridad italianos junto con Clare Smith, una funcionaria de la inteligencia británica muy bien colocada. Agrégale a eso, que Robert Hannigan, ex director de la GCHQ viajó a Washington D.C. para informar personalmente a John Brennan sobre las sandeces británicas sin sentido sobre los supuestos nexos entre Trump y Rusia, y entonces vas a tener un cuadro de los principales actores de esta confabulación.

En su artículo, Kimberly Strassel dice que ella cree saber quién es la “fuente secreta”, y le pide al Presidente Trump, de nuevo, que acabe con toda esta patraña desclasificando todo sobre esta investigación. Chuck Ross, en el Daily Caller del 9 de mayo más o menos apunta a Halper. El periódico Washington Post dijo que la fuente secreta era un estadounidense que vive en el extranjero. Halper fue funcionario de los gobiernos de Richard Nixon, Ronald Reagan y George Bush (padre). Él coordinó la infame campaña de los espías de la CIA de Bush en contra de Jimmy Carter. Es yerno de Ray Cline, ex funcionario de la CIA. Actualmente es director de Estudios Americanos en la Universidad de Cambridge, y está muy relacionado a Richard Dearlove, con el MI6, y con la CIA, según varios informes. Además se opone virulentamente a China, y ha escrito lo que muchos considerarían ser el manual para la campaña estratégica y de propaganda actual dirigida por los británicos contra China.

Stefan Halper buscó a George Papadopoulos en septiembre del 2016, y le pagó el viaje para que fuera a Londres y para que escribiera un artículo sobre Israel y el gas natural de Chipre. Las veces que se vieron, Halper le preguntó a Papadopoulos si él sabía que los rusos habían robado los correos electrónicos de Hillary Clinton. Según Ross, la forma en que Halper abordó a Papadopoulos fue obviamente siniestra y torpe, que incluso despertó las sospechas del jóven George Papadopoulos. Halper también había buscado y se reunió en varias ocasiones con Carter Page, quien fue voluntario de la campaña de Trump para política exterior en el 2016, poco tiempo después de que Page fuera a la reunión en Moscú de la cual informa el informe marrullero de Christopher Steele. Él también buscó y se reunió con otro funcionario o colaborador (anónimo) de la campaña de Trump, durante el mismo período.

Manténganse en sintonía, amigos. Porque parece que esto se va a poner bueno.