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Italia y la Glass-Steagall podrían salvar a Europa; la amenaza proviene de la City de Londres

23 de may de 2018
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Foto de Dave Kellam

23 de mayo de 2018 — Lo último de la terrible “amenaza rusa” proviene ahora supuestamente de los dos partidos que han acordado formar un nuevo gobierno en Italia. Los incondicionales del estancamiento y la especulación financiera europea están haciendo cola para advertir que, si no se detiene a la coalición de los partidos Lega Nord y Cinco Estrellas, se acabará el mundo. Se supone que no debemos recordar que estos partidos fueron favorecidos con el voto de los italianos en las elecciones celebradas en marzo, precisamente debido a sus propuestas, exactamente de la misma manera que se nos ha venido diciendo durante dos años que debemos olvidarnos de que fueron los votantes estadounidenses, no Rusia, los que eligieron a Donald Trump.

Pero si se permite que se forme, el nuevo gobierno italiano propuesto puede empezar el proceso pendiente ya desde hace tiempo de salvar a Europa, del estancamiento de diez años después de un crac desencadenado por bancos de Londres y Wall Street; de los golpes a sus industrias productivas debido a las sanciones en contra de Rusia; y de otro crac financiero aún peor que se cierne sobre Europa y Estados Unidos.

La clave es el establecimiento de la Ley Glass-Steagall, algo que los dos partidos italianos mayores han pedido, para dividir a los grandes bancos llamados “bancos universales”, que absorben billones de dinero de los rescates del Banco Central Europeo y la Reserva Federal, y que no prestan para nada productivo. La segunda clave es un banco nacional, con la capacidad de emitir crédito para crear empleo productivo y nueva infraestructura, fuera de las restricciones de austeridad de la Unión Europea (UE) sobre el crédito productivo del gobierno. Si estos dos partidos se aferran a estas dos claves, se podrá evitar otro estallido financiero y se podrá empezar de nuevo un verdadero crecimiento económico.

Los dos partidos mayores de Estados Unidos tienen a la Glass-Steagall en sus plataformas presidenciales: el Presidente Trump la pidió durante su campaña. Pero Wall Street ha podido imponerse hasta ahora, y los megabancos se han vuelto aún más grandes, con deudas más apalancadas, más expuestos a los contratos súper especulativos con derivados. Expertos como los ex funcionarios de la Corporación Federal de Seguros a los Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés), Sheila Bair y Thomas Hoenig, han estado advirtiendo que en la medida en que se elevan las tasas de interés, el sistema financiero se encuentra en mayor peligro de un océano de deudas corporativas nunca antes visto, a punto de estallar.

En Alemania, el ex jefe de economistas del banco gigantesco más peligroso de Europa, el Deutsche Bank, dio una entrevista explosiva sobre la causa de la ruina: “la banca angloamericana”. Un equipo de especuladores estrella de Merryll Lynch en Londres y Nueva York se apoderaron hace 20 años del entonces banco prestante de Alemania y lo convirtieron en un gigantesco fondo compensatorio, que reportó enormes ganancias año con año, hasta que quedó claro que las ganancias eran falsas y el banco quedó prácticamente en quiebra.

Wall Street y Londres han ganado hasta ahora, y el precio ha sido el estancamiento económico con una impresión masiva de dinero por parte del banco central y con otro crac en camino. En Italia, existe la posibilidad de empezar a revertir esto antes de que sea demasiado tarde.

En Estados Unidos, los ciudadanos estadounidenses que defienden la Presidencia del implacable intento de golpe en contra de Donald Trump, han tenido que aprender a fuerza de golpes que son Londres y la inteligencia británica los que lo empezaron y lo están dirigiendo. Los partidarios de Trump se están dando cuenta de que no se puede defender la Presidencia sin atacar a los británicos y su geopolítica antirrusa y antichina.

De esto se han percatado incluso en el Congreso, que se muestra en las declaraciones del senador Rand Paul. Para citar al autor del ataque del 21 de mayo contra el espionaje en contra de Trump: “Los británicos... nunca han dudado en interferir en nuestra política interna... esto sucedió en el período previo a las dos guerras mundiales y está sucediendo ahora. Si trazamos los orígenes del fraude del Rusiagate, y la campaña para sacar a Donald J. Trump, todos los caminos llevan a Londres”.

Los perpetradores de este fraude, aunque expuesto, no quieren dar su brazo a torcer; hay que derrotarlos. Tenemos que derrotar también al imperio financiero británico, la City de Londres que domina aún la actividad financiera del sector transatlántico. Lyndon LaRouche planteó esa necesidad en las “cuatro leyes económicas” que empiezan con una separación bancaria a la Glass-Steagall y una institución nacional de crédito que promueva nuevas tecnologías como motores en una infraestructura nueva, de exploración espacial y ciencias para transformar la economía.

Frente a otro crac peor que el del 2008, Italia puede ser el punto de arranque para salvar a Europa. Sus partidos ganadores proponen lo que los estadounidenses querían cuando eligieron a Donald Trump como Presidente. El desafío es el mismo: derrotar a la City de Londres.